«Hemos despertado a Europa, estoy orgulloso de ello, porque hemos logrado que Italia recupere su dignidad». Matteo Salvini, el ministro del Interior, pronunciaba estas palabras sentado en un sillón de cuero blanco en el plató de uno de los programas de televisión más populares de Italia y lanzaba su campaña para las elecciones europeas de finales de mayo transmitiendo una imagen que ha utilizado con frecuencia en los últimos meses: la de un hombre que ha dado un puñetazo en la mesa en Bruselas.

El asunto de la inmigración se encuentra en el núcleo del programa del nuevo Gobierno italiano surgido en 2018 de la coalición entre el Movimiento 5 Estrellas («M5S», un partido considerado antisistema) y la Liga, el partido de derecha populista de Salvini. El Gobierno no ha parado de acusar a Europa de haber «dejado sola a Italia» ante la crisis migratoria, justificando así la adopción de políticas de disuasión total, como el cierre de los puertos a las embarcaciones humanitarias que auxilian a los inmigrantes que huyen de Libia. En la televisión, Salvini continuaba en estos términos: «Pensaban que Italia iba a tragarse todo y a pagar por los demás, pero han comprendido que Italia tiene un Gobierno con gente normal, seria, con sentido común. O actuamos juntos ante este problema, o Italia solo dejará entrar a las personas que tengan una autorización».

Apenas a unas semanas de las elecciones europeas, se menciona poco el contenido de los programas electorales y el perfil de los candidatos al Parlamento de Estrasburgo. Los dos partidos del Gobierno, la Liga y el M5S, únicamente hablan de Europa en términos hostiles y genéricos, considerándola como un espantajo. Para ellos, las próximas elecciones constituyen un banco de pruebas para medir su popularidad y el equilibrio interno de la coalición. Además, según los últimos sondeos, la Liga (que llegó al Gobierno tras haber recibido tan solo el 17 % de votos en las elecciones de marzo de 2018) cosecharía más del 30 % de los votos, mientras que el Movimiento 5 Estrellas, en primera posición en marzo de 2018, perdería cerca del 10 %.

Si el resultado de las elecciones europeas llega a confirmar estas previsiones favorables a los partidos de centro-derecha, encabezados por la Liga, la formación de Matteo Salvini podría verse tentada a desencadenar una crisis gubernamental y a convocar nuevas elecciones para intentar formar un Gobierno de coalición con los partidos de centro-derecha: Forza Italia (el partido de Silvio Berlusconi) y Fratelli d'Italia (de derecha nacionalista).

Por lo tanto, la campaña para las elecciones europeas parece ser una confrontación entre dos partidos que luchan por la supremacía en el seno del Gobierno. Pero será una confrontación sin derramamiento de sangre. Ante la cuestión de la inmigración, por ejemplo, el Movimiento 5 Estrellas muestra una actitud más abierta y opuesta a las posturas xenófobas de la Liga, en un esfuerzo de reconquistar a parte de su electorado de la izquierda. El pasado mes de marzo, cuando un conductor de un autobús escolar de origen senegalés tomó como rehenes y amenazó con matar a unos alumnos de un centro de San Donato Milanese, en la periferia de Milán, Salvini prometió quitar la nacionalidad a la persona responsable, en virtud de la ley aprobada a finales de noviembre de 2018 y que lleva su nombre.

Salvini también declaró que concedería la nacionalidad italiana a Ramy, un chaval de 13 años nacido en Italia de padres extranjeros, que logró frustrar la tentativa de ataque con sus compañeros. Pero el ministro se desdijo días más tarde, exponiendo el hecho de que el padre de Ramy tenía antecedentes penales, lo que impedía la concesión de la nacionalidad al joven. En cambio, el Movimiento 5 Estrellas y su líder Luigi Di Maio, viceprimer ministro y ministro de Trabajo, insistieron para que se le concediese la nacionalidad italiana como recompensa a su intervención, como plantea la ley.

La igualdad entre hombres y mujeres es otro tema con respecto al cual desea distanciarse el Movimiento 5 Estrellas frente a su socio de coalición. De este modo, Di Maio criticó el Congreso Mundial de las Familias, que se celebró a finales de marzo en Verona. Ahora bien, este congreso, que reúne a asociaciones y movimientos provida y antiaborto, recibió el apadrinamiento de Lorenzo Fontana, ministro de la Familia de la Liga, y contó con la presencia de Salvini. Di Maio no dudó en calificar a los participantes del congreso de «fracasados», acusándoles de querer retroceder a la Edad Media.

Dicho esto, numerosos observadores destacan que los dos partidos, aunque a veces muestren un desacuerdo de fachada, hasta ahora han gobernado sin conflictos y sin socavar la estabilidad de su coalición, una coalición que se basa en un verdadero «contrato de Gobierno». Un ejemplo de ello: cuando la justicia italiana pidió al Senado la autorización para procesar a Matteo Salvini, acusado de secuestro por haber impedido el desembarco de 177 personas socorridas a finales de agosto de 2018 por la embarcación de los guardacostas italianos Ubaldo Diciotti, los senadores del Movimiento 5 Estrellas denegaron esta autorización, para proteger al ministro del Interior. Sin embargo, esta decisión es contraria a los principios de un partido basado en el rechazo al establishment y en la lucha contra la corrupción y la inmunidad de los miembros del Parlamento, algo que consideran un privilegio.

De igual modo, aunque en sus filas se alzaron algunas voces contra el decreto-ley «Salvini» sobre inmigración y seguridad, los diputados de este movimiento retiraron todas las enmiendas a este decreto que habían apoyado. Las peleas constantes entre los partidos gobernantes, que sin embargo no implican ninguna factura real, han acabado en un estancamiento, sobre todo en cuanto a las cuestiones europeas e internacionales. Parece que los dos están esperando a ver cómo evoluciona el equilibrio dentro del Parlamento Europeo y las instituciones comunitarias antes de tomar cualquier decisión.

Desde esta perspectiva es como debemos interpretar, por ejemplo, la decisión de prolongar seis meses la misión naval «Sophia», lanzada en 2015 por la Comisión Europea para luchar contra la trata de personas. Tras numerosas polémicas, esta misión se prolongará a la espera de las próximas elecciones, pero sin proporcionar ninguna embarcación a la misión, lo que impide llevar a cabo operaciones de auxilio en el Mediterráneo. El único partido que mantiene un enfoque positivo con respecto a Europa, además de, obviamente, el partido radical-liberal «+Europa», es el Partido Demócrata (PD), que eligió recientemente a su secretario tras un congreso y unas elecciones primarias. Este partido decidió incluir el eslogan «Siamo europei» (Somos europeos) en el logotipo que se presentará con la lista del PD, para destacar los aspectos positivos de la Unión Europea.

Tras la elección de Nicola Zingaretti como nuevo secretario, los sondeos indican un aumento de las intenciones de voto para el PD, sin bien no se espera que represente una alternativa al centro-derecha. No obstante, algunos analistas han señalado que el PD debería haber sido más crítico con respecto a la estructura actual de la Unión Europea y exigir una reforma de sus instituciones, con el fin de captar el descontento de muchos ciudadanos. Por lo tanto, muchos electores optarán por no votar el 26 de mayo, ya que se sienten abandonados y se distanciarán no solo de la política nacional, sino que lo harán aún más de la política europea.