Es evidente que ha salido de las urnas una Europa distinta: es inevitable constatar que a los ciudadanos europeos les interesa la vida política y que las fuerzas a las que les preocupa el futuro de Europa están en pleno auge. La participación en las elecciones europeas ha sido claramente superior en 20 de los 28 países de la Unión, en comparación con las elecciones europeas anteriores (un 51 %, frente al 42 % en 2014).

Los jóvenes han acudido a las urnas y han sido los principales apoyos de la oleada verde que ha surgido en muchos países. De esta forma, han expresado a través de las urnas el mensaje que llevan recalcando a sus mayores y a los políticos desde hace meses, con manifestaciones masivas de escolares y estudiantes de secundaria dirigidos por la joven sueca de 16 años Greta Thunberg, y que han transmitido miles de jóvenes en todo el continente.

En algunos países como Finlandia e Irlanda, los partidos ecologistas han cosechado un resultado histórico. Die Grünen, el partido ecologista alemán, duplica sus votos y se sitúa en la segunda posición, con más del 20 % de los votos. En Francia, los verdes han sido la sorpresa, haciéndose con la tercera posición, con el 13,2 % para el partido Europe Ecologie-les Verts. El Green Party han obtenido un 11 % en Reino Unido y los ecologistas de Suecia, también un 11 %. En total, 77 diputados verdes ocuparán escaños en el nuevo Parlamento, en comparación con los 52 actuales.

Al mismo tiempo, las fuerzas políticas tradicionales, es decir, los socialdemócratas (con la notable excepción de España y Suecia, donde encabezan los resultados) y los conservadores (Los Republicanos en Francia y los Tories en Reino Unido, en apuros por el Partido del Brexit) han sufrido un gran varapalo. Mientras que en algunos casos se han trastocado las relaciones de fuerza políticas en el ámbito nacional, ya se está produciendo una recomposición de alianzas políticas en el Parlamento Europeo, ante la perspectiva de un hemiciclo especialmente fragmentado.

Y si bien los Gobiernos actuales encabezan el escrutinio (con la excepción de Francia y Austria, donde destituyeron al canciller Sebastian Kurz al día siguiente de las elecciones) se confirma el fin del dominio de los grandes partidos mayoritarios.

Es cierto que casi uno de cada dos europeos no fue a votar y sigue siendo una cifra alta. Por supuesto, hay que destacar la victoria aplastante del iliberalismo, con el 52,3 % de los votos (13 elegidos) del Fidesz en Hungría, que mejora su resultado con respecto a 2014, así como la confirmación del dominio de la Liga de Matteo Salvini en Italia, con cerca del 35 % de los votos. En cuanto a la estrategia del presidente francés Emmanuel Macron para contener a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, que resultó ganadora, ha resultado ser un desafío. También tenemos la hegemonía de los partidarios del Brexit de Nigel Farage en Reino Unido y el triunfo de la extrema derecha flamenca en Bélgica. Pero, si bien en algunos países se afianza una escalada estable de los partidos de extrema derecha y de la personalización del poder, los populistas han retrocedido un 14 % en Dinamarca, mientras que la extrema derecha de los Demócratas de Suecia, a los que las encuestas atribuían un 20 % de los votos, al final solo ha llegado a la tercera posición, con un 15,4 %. Cabe observar que se trata del único país europeo donde los ecologistas han retrocedido con respecto a 2014.

Aunque es necesario seguir siendo prudentes en cuanto a las interpretaciones de estas tendencias y objetivos ante su gravedad, esto no impide que se esté viviendo una realidad distinta en otros muchos países. La combinación de la fuerza del voto verde y de las manifestaciones de los jóvenes (y no tan jóvenes) por el clima y el proceso en curso contra los Estados por su falta de acción climática (Países Bajos, Francia), hace que nos atrevamos a hacer una comparación basada más en vivencias que en un análisis frío, ya que fuimos testigos de ello. Es posible que estemos viviendo un cambio tan importante como la caída del muro de Berlín, cuya fuerza y alcance fueron tales que nada pudo frenar lo que se estaba produciendo ante nuestros ojos: el fin de una época y el inicio de otra.

Es el momento de las soluciones, de las propuestas, de la fuerza de los proyectos transnacionales y de la necesaria renovación democrática. Somos más conscientes que nunca de nuestra función como periodistas europeos y transmisores de ideas, artesanos a nuestro nivel del cuarto poder en el ámbito europeo que, junto a ustedes, estamos creando y reforzando. Por ello, estamos orgullosos de proponerles esta semana un artículo de opinión que apela a la construcción de una metanación en forma de República europea, firmado por el sociólogo Alain Caillé, el ingeniero Thierry Salomon y el filósofo Patrick Viveret, además de un artículo de la politóloga (y miembro del comité consultivo de VoxEurop) Ulrike Guérot, que aboga por una Constitución común, la única vía de asegurar los mismos derechos a los ciudadanos europeos, garantía de una Europa realmente democrática.

Es hora de que los eurodiputados empiecen su trabajo. Nosotros seguiremos haciendo el nuestro.