Lo hemos visto. En muchas ciudades europeas. Jóvenes- y no tanto – manifestarse por la alarma climática. Jóvenes cuyo horizonte claro es el del cambio climático y la incertidumbre que genera para su vida futura la incapacidad o la indiferencia de los gobiernos para tomar iniciativas conjuntas y claras en este ámbito.

Y no es porque los europeos se desentiendan del tema, más allá del grito recurrente de unos puñados de miles de escolares salidos a la calle. Bien al contrario: según los datos de la última encuesta realizada por el centro YouGov, a instancias del diario El País, el clima es la segunda de las preocupaciones de los ciudadanos europeos. Así, el 29% de los europeos afirman que el clima es el principal reto de la UE, únicamente por detrás de la inmigración (principal reto para el 35% de los europeos).

También lo manifiesta con claridad la encuesta que VoxEurop ha realizado para la iniciativa WeEuropeans publicada en el sitio web francés make.org (en España participada por la Fundación Civio) en la que planteamos a los partidos varias cuestiones suscitadas por los ciudadanos europeos, de los que 1,7 millones participaron. Entre las 10 propuestas más votadas, cuatro se enmarcan dentro de la ecología o de criterios sostenibles. Y las respuestas de los partidos políticos, al menos en teoría, secundan la mayoría de dichas propuestas, con diferentes percepciones según orientación ideológica, como no puede ser de otra manera. Pero en la batalla dialéctica electoral dichos planteamientos, que deben ser caballo de batalla europeo, resultan imperceptibles.

Y esto sucede unos días después de que se hiciera público a través del informe

de WWF y Global Footprint Network que la UE entró en “déficit ecológico” el mismo día de comienzo de la campaña electoral para las elecciones europeas: el 10 de mayo. Esto es; la UE ha consumido hasta el 10 de mayo los recursos planetarios a su disposición, en función de su capacidad y tamaño. Y esto significa que anualmente los europeos consumimos los recursos de 2,8 planetas. WWF ha solicitado la adopción de un Pacto Europeo de Sostenibilidad por el Parlamento electo tras los comicios europeos, que tenga en cuenta diversos criterios, entre los que figuran la lucha contra el cambio climático, la inversión en la economía sostenible, reforzar la posición internacional de la UE en el ámbito, y mejorar la gobernanza en las instituciones de la UE para asegurar una transición sostenible.

El hecho es que estamos demasiado acostumbrados a que las elecciones europeas sean un teatro más de debate y discusiones de ámbito nacional, no verdaderamente europeo. Y el Parlamento Europeo un retiro dorado para políticos ya molestos o con carreras agotadas a escala nacional. En la campaña electoral de estas elecciones estamos asistiendo a más de lo mismo, y esto resulta muy evidente en los asuntos climáticos, por definición propia, de ámbito y dimensión globales. Europa, cuyo modelo en políticas avanzadas es una referencia para el resto del mundo, debe ser más ambiciosa. Los gases contaminantes no se detienen en las fronteras. La única manera de dar respuesta sólida a la amenaza climática es la inclusión permanente de la agenda climática en la discusión europea. Porque esto es lo que piden los europeos.

La agenda climática se enfrente desde luego a diversos obstáculos. Los Estados mantienen criterios diferentes y ambigüedades importantes a la hora de encararla: así, en nombre de la sostenibilidad, unos Estados optan por prescindir de la energía nuclear, al precio de fomentar otras fuentes igualmente contaminantes, como el carbón, mientas que para otros aquella energía representa intereses vitales de seguridad del país, por no hablar de las implicaciones geoestratégicas del suministro seguro de fuentes de energía. Y lo mismo se refiere a la variedad de normativas nacionales que afectan al fomento de uno u otro tipo de energías renovables como la solar o la eólica. Abordar una estrategia global europea exige sin embargo la adopción de criterios comunes, y aquí las instituciones europeas deben llevar la batuta.