Túnez, Argelia, Costa de Marfil, Pakistán, Irak: la mayoría de los migrantes que llegaron a Italia por vía marítima en 2019 procedían de estos cinco países. Y muchos de ellos no tendrán la suerte de obtener el asilo en Europa. En un documento oficial de febrero de 2017, la Comisión Europea se lamentaba de que los procesos de asilo eran "a menudo gestionados de manera errónea o abusiva". Provocando con ello que el régimen de asilo se viera "inundado de demandas de personas que no necesitan protección específica sino que buscan mejorar sus condiciones de vida, la mayor parte de las veces muy básicas ". Según las estimaciones de la Comisión Europea, alrededor del 70% de las personas rescatadas en la zona del Mediterráneo central no provienen de regiones en guerra o bajo regímenes represivos. Y, este año, la proporción habría sobrepasado el 80%.

Mientras que la mayoría de las personas que llegan a Grecia son originarias de países donde la probabilidad de obtener el asilo es alta – Siria, Afganistán, República Democrática del Congo e Irak – en los otros países de acogida la situación es muy diferente: en Italia, la cifra de refugiados con posibilidades de obtener una respuesta favorable a su demanda de asilo – incluyendo la protección subsidiaria, humanitaria o temporal – se estimaba en un 50% en 2016, en un 35,9% en 2017 y en el 31,6% en 2018. La situación no ha cambiado en 2018 y 2019: la mayor parte de los que llegan provienen de países con bajas posibilidades de reconocimiento del asilo.

En España el 32% de los migrantes que llegan por vía marítima vienen de Marruecos, un 16% de Mali, un 15% de Guinea, un 13% de Costa de Marfil y el 10% de Senegal , es decir, son ciudadanos de países con bajas posibilidades de obtener una respuesta favorable a su petición de asilo.

Una travesía del Mediterráneo cada vez más mortífera 

El mar Mediterráneo es la frontera más peligrosa del mundo. Hasta la fecha, 2016 fue el año con el récord de mortalidad registrada, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 3230 personas perdieron la vida durante la travesía. La Unión Europea reaccionó entonces endureciendo la lucha contra el tráfico ilegal de migrantes, creando, entre otras medidas, la Operación Mediterránea Independiente – EUNAVFOR Med Operación Sophia. Asimismo, los guardacostas libios fueron entrenados específicamente en el marco de este operativo: su labor consistiría en interceptar los barcos y devolverlos a los puertos libios. Aparte de Libia, otros países africanos se benefician del apoyo de la Unión Europea a cambio de prohibir el paso por su territorio a los refugiados que buscan alcanzar Europa. Con el objetivo de que los migrantes y refugiados no puedan evadirse a través de Libia hacia las costas de Europa.

Desde entonces, el número de viajes y de muertos en el mar ha disminuido de manera drástica. 

En paralelo, y a causa de las violaciones de los derechos humanos en Libia – Naciones Unidas evoca torturas, trata de esclavos así como violaciones colectivas – la misión de la UE se ha convertido en el blanco de numerosas críticas. Ya que se considera que Libia no es un socio fiable y digno de confianza: desde la caída del dictador Gadafi, el país se encuentra sumido en una situación de inestabilidad crónica, sin un Gobierno central y con las milicias imponiendo su ley. 

Menos travesías pero más peligrosas 

Aún cuando en conjunto se producen menos muertes, las travesías se han vuelto más peligrosas. Según la OIM, la tasa de mortalidad en 2014 era del 1,25%, por el 0,36% en 2015, tiempo durante el cual 1 032 408  de personas migraron a Europa por vía marítima. 

Entre 2016 y 2017 la tasa de mortalidad volvió a aumentar al 1,19% y el 1,41% respectivamente. Situándose durante el primer semestre de 2019 en el 1,13%. Se trata, sin embargo, de una paradoja estadística: al multiplicarse los viajes disminuye la probabilidad de morir en el mar. A su vez, cuanto más corto sea el trayecto más segura será la vía y, cuando estas se cierran, aumentan las probabilidades de morir en una ruta alternativa. 

Los viajes hacia Italia se vuelven cada vez más raros 

La ruta desde Libia hacia Malta e Italia – en parte, con salida en Túnez e incluso a veces desde Egipto – es la más peligrosa: la travesía contaba con una tasa de mortalidad del 1,8% en 2014, pasando al 2,27% en 2016 y al 4,3% a finales de junio del 2019. Al mismo tiempo, Italia se ha convertido en el país que más se ha beneficiado de la nueva forma de proceder de la Unión Europea. Así pues, el número de migrantes que atravesaban el mar ha bajado un 80%, pasando de los 11 9370 de 2017 y las 23 370 llegadas de 2018 a sólo 4169 en lo que va de 2019. 

España como vía más atractiva  

Por el contrario, la ruta por el Mediterráneo occidental al ser más corta es menos peligrosa. Desde 1991, España ha llevado a cabo una política restrictiva de visados para los migrantes de los países del Magreb ya que los apenas quince kilómetros que separan Marruecos de España, pueden atravesarse fácilmente en lancha neumática. En consecuencia, la inmigración indocumentada (clandestina) aumentó con fuerza, replicando España en 1999 por medio de un refuerzo estricto de sus sistemas de vigilancia.      

Seis años más tarde, y forzado por la presión española, Marruecos se vio obligado a adoptar una ley que prevé multas importantes para las salidas clandestinas. Lo que provocó que la ruta del Mediterráneo occidental permaneciese cerrada hasta mediados de agosto de 2014. Desde entonces, los viajes a través de esta ruta no han parado de aumentar: de 22 103 personas en 2017 a 58 525 en 2018. Desde principios de año 14749 personas han logrado alcanzar las costas españolas a través del Mediterráneo. Igualmente, la tasa de mortalidad también se ha incrementado, pasando del 0,5% (de 4256 llegadas) en 2014 al 1,88% al año siguiente (de 5312 personas) y hasta el 1,23% en 2018. En 2019, la mortalidad se sitúa en el 1,1%.

La ruta del Mediterráneo oriental, menos densa 

El itinerario más seguro pasa por ser el de Turquía a Grecia. En esta ruta, la tasa de mortalidad se situaba en el 0,08% entre 2014 y 2015, situándose actualmente en el 0,19%, con un repunte en 2018 al 0,29%. En 2015, cuando la crisis migratoria se encontraba en su clímax, se produjeron a través de esta vía 1 012 910 llegadas, cifra récord que representó dos tercios de las entradas de migrantes en Europa. A partir de ese año, la cooperación entre la Unión Europea y Turquía provocó un descenso considerable en el número de llegadas de migrantes: en 2017 todavía se contabilizaban 29 501 llegadas y 32 742 en 2018. Sin embargo, los números vuelven a subir. Hasta mediados de agosto, 20 300 personas han llegado a Europa.     

Conclusión

Ante el cierre de una ruta, los refugiados y migrantes optan rápidamente por otros itinerarios aun siendo a menudo más peligrosos. A día de hoy, el descenso del tránsito por el Mediterráneo hace la ruta más arriesgada, siendo el riesgo de fallecimiento el más alto hasta la fecha. En concreto, en la zona del Mediterráneo central, muchos barcos a la "deriva" no pueden ser rescatados a tiempo. Al mismo tiempo, las probabilidades para los refugiados y migrantes de obtener el estatuto de protección en nuestros países son cada vez más bajas. 

Esta situación se da sobre todo porque los demandantes no provienen de países donde haya un riesgo real de sufrir persecuciones. En Italia, por ejemplo, este colectivo representa alrededor del 80% de las llegadas. En este contexto, el debate sobre los modos de reparto por Europa de las personas rescatadas en el mar está al rojo vivo ya que muchos países tienen grandes problemas para repatriar a las personas que han visto su demanda de asilo rechazada. Aún más cuando, según ciertas estimaciones, la proporción de estos últimos ha aumentado estos años en la ruta del Mediterráneo central.