Durante muchos años, los científicos nos han advertido sobre las ricas áreas de pesca costera en el Mediterráneo en las que las embarcaciones de arrastre causan los daños más graves. En estos lugares, los peces jóvenes se concentran para reproducirse, pero mueren incluso antes de poder tener crías. Es lo que sucede especialmente con especies como la merluza y el salmonete, que viven en el fondo del mar o cerca del mismo y a menudo se capturan en grandes cantidades con las redes de arrastre.En concreto, la merluza, la especie más amenazada, se pesca superando 10 veces su nivel de sostenibilidad, según el último informe del Comité Asesor Científico de Pesca de la FAO.

Resulta crucial reducir la tasa de mortalidad de los peces juveniles, ya que presentan índices de reproducción superiores a los adultos y, por lo tanto, son los que más contribuyen a la conservación de las poblaciones de peces. Si se deja que estos peces jóvenes lleguen a la madurez y se reproduzcan al menos una vez, mejorarían en gran medida las poblaciones de peces del Mediterráneo.

Es un principio científico básico, pero las decisiones políticas, que se basan necesariamente en compromisos, suelen seguir la ruta más fácil, en lugar de la más eficiente. Esto se aplica también al nuevo Plan de gestión pesquera del Mediterráneo Occidental, aprobado por el Parlamento Europeo el pasado abril y que entrará en vigor en 2020. Además de la lenta reducción plurianual de las actividades pesqueras, el plan solo establece una prohibición general del arrastre, sujeta a límites tanto de espacio como de tiempo. La aplicación de regímenes de restricción total en áreas críticas de desove y de cría es solo una opción que los Estados miembros son libres de adoptar o no.

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Según Fabio Fiorentino, investigador jefe del Instituto Italiano de Recursos Biológicos Marinos y Biotecnologías:“El cierre total de áreas de desove y cría sería una opción mejor, pero podría resultar más complejo en lo que respecta a la aplicación y el cumplimiento, porque la guardia costera tendría que supervisar las operaciones de las embarcaciones en grandes áreas desconectadas, en lugar de simplemente comprobar la profundidad y la distancia a la que pescan a lo largo de la costa”.

Para los científicos, el plan es un buen punto inicial, pero debería evolucionar hasta convertirse en restricciones permanentes en lugares clave de regeneración de biomasa de peces en los que las capturas masivas de ejemplares de tamaño inferior a la talla mínima producen una situación en la que la sobreexplotación llega al 80 % de las poblaciones totales de peces en el Mediterráneo Occidental. Esta es la conclusión que comparten miembros de la comunidad de investigadores a los que hemos entrevistado. 

En la primera parte de nuestra investigación MedFISH, analizamos la influencia de los lobbies en el proceso de toma de decisiones del Mediterráneo Occidental. Ahora, vamos a explicar las implicaciones prácticas medioambientales de las medidas de conservación del plan. 

La necesidad de una legislación impulsada por la ciencia

En la reciente conferencia de alto nivel de la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (GFCM, por sus siglas en inglés, General Fisheries Commission for the Mediterranean)de la FAO, en la que se reunieron representantes de 23 países ribereñostanto de la UE como de fuera de la misma, los ecologistas hicieron hincapié en la necesidad de acortar las distancias entre las pruebas científicas y la elaboración de políticas. En la conferencia se pronunciaron numerosos discursos por parte de organizaciones internacionales y funcionarios nacionales sobre el progreso que supuestamente se ha hecho para acabar con la sobrepesca desde la firma de la Declaración de Malta MedFish4Ever. Esta iniciativa multilareal lanzada hace dos años, definió una hoja de ruta con acciones concretas que debían implementarse a largo plazo. “Debemos mantener el rumbo y la velocidad, comprometiéndonos a hacer todavía más en los próximos años”, afirmaba Karmenu Vella, comisario de Medio Ambiente, Asuntos Marítimos y Pesca de la Unión Europea. 

La ONG Oceana, que asistió al evento, apeló a los legisladores para que cumplieran su promesa de proteger los hábitats de peces como una medida urgente. “Hasta ahora, los países mediterráneos no han logrado proteger áreas cruciales para la supervivencia de peces, tal y como se comprometieron a hacer en 2017”, comenta Nicolas Fournier, responsable de políticas europeas de Oceana. “La gestión eficaz de la pesca debe convertirse en una prioridad en el Mediterráneo”.

Antes de la reunión institucional oficial en Marrakech, el WWF organizó un grupo de debate paralelo llamado “Science to Action”. El taller se centró en las ventajas de la creación de áreas marinas gestionadas, donde se regule correctamente la pesca. “Hemos reunido a responsables de conservación marina, representantes del sector de la pesca y científicos para tratar un enfoque holístico de la planificación basada en el ecosistema, dentro del contexto del crecimiento azul (es decir, de los negocios relacionados con el mar)”, comenta Marina Gomei, responsable de proyectos regionales de la Iniciativa Mediterránea Marina de WWF. El WWF ha desarrollado una serie de proyectos financiados por la UE,incluido Safenet en el Mediterráneo Occidental, que aportan simulaciones con base científica de mejoras en la sostenibilidad pesquera a través de una regulación bien diseñada en áreas críticas.

“El impacto de la sobrepesca se agrava con otros factores medioambientales y provocados por el hombre, como la contaminación, el cambio climático, el transporte marítimo o la invasión de especies no autóctonas”, expone Gianfranco d’Onghia, catedrático de Ecología en el departamento de Biología de la Universidad de Bari Aldo Moro. El resultado del efecto combinado de todos estos factores es que el Mediterráneo ha perdido el 34 por ciento de sus poblaciones de peces, incluidas especies tanto comerciales como no comerciales, según un estudio elaborado por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea. Si bien la industria pesquera no es la única causante del agotamiento de los recursos marinos, es fundamental aplicar una normativa mejor para contrarrestar la crisis.Las medidas adoptadas hasta ahora han demostrado ser insuficientes, ya que la mortalidad de los peces ha seguido siendo muy alta y casi constante en el Mediterráneo.Las tendencias son especialmente negativas en la parte occidental del mar, donde grandes flotas de Italia, Francia y España han saqueado sus fondos hasta el punto de que la población de peces jóvenes casi se ha reducido a la mitad desde 2007 a 2016, según los cálculos científicos de la UE.Por este motivo, en 2018, más de 150 científicos firmaron una declaración conjunta en la que pedían a los legisladores europeos que adoptaran e implementaran el plan del Mediterráneo Occidental a través del seguimiento estricto del consejo científico. 

Las áreas sensibles del Mediterráneo Occidental que deben cerrarse a la pesca comercial son bien conocidas, ya que se han delimitado desde hace tiempo según datos científicos. Sin embargo, según Fournier, “dada la fuerte resistencia de los legisladores de la UE (el Parlamento Europeo y el Consejo de Gobiernos nacionales), la Comisión Europea ha preferido no forzar el cierre de estas áreas en la propia normativa, para evitar reacciones conflictivas del sector contra lo que podría percibirse como una imposición de Bruselas y, en cambio, ha optado por animar a los Gobiernos a crear por sí mismos áreas restringidas, como una alternativa práctica a la prohibición del arrastre”. De hecho, la normativa permite a los Estados miembros levantar la prohibición, que cubre toda la costa, siempre que puedan lograr una reducción de las capturas de merluza joven del 20 por ciento en áreas concretas protegidas. La consecución de este objetivo debe demostrarse con un análisis previo de evaluación del impacto y una supervisión del seguimiento. Las administraciones nacionales tendrán que presentar sus planes especiales de restricción en los próximos dos años para obtener la aprobación de la Comisión.

Una prohibición única del arrastre no se ajusta a todos los peces

El Plan de gestión del Mediterráneo Occidental se adoptó con un compromiso entre los requisitos de conservación y los intereses del sector pesquero. Como consecuencia, el arrastre (la técnica medioambientalmente más dañina utilizada por los pescadores comerciales) se prohibió hasta a 100 m de profundidad, pero solo a 6 millas náuticas de la costa y solo durante 3 meses al año que los Estados miembros pueden elegir de forma arbitraria.

“La prohibición del arrastre a 100 metros en todos los lugares y durante todo el año, como han pedido las ONG, obviamente beneficiaría a las poblaciones de peces, pero habría sido excesiva en algunos casos”, explica d’Onghia. “Las zonas costeras no son iguales a lo largo del Mediterráneo y, por consiguiente, las restricciones deben diferenciarse según cada área específica”. Como es habitual, el problema está en los detalles.

Según d’Onghia, en zonas cuyo fondo marino consiste sobre todo en barro y donde, lógicamente, hay menos biodiversidad, basta con una prohibición de tres meses, mientras que en zonas críticas que proporcionan cobijo, alimento y hábitats de reproducción, la prohibición de 100 m debería ser permanente. De hecho, la anterior normativa de la UE ya prohibía el arrastre por encima de 50 m o a tres millas náuticas de la costa durante todo el año, para proteger la Posidonia oceanica, una planta acuática endémica que vive cerca de la costa y constituye un hábitat fundamental para varias especies de peces. Una prohibición hasta 100 m sin limitaciones temporales y espaciales habría ampliado esta protección a los hábitats ricos en corales.

“Limitar la duración de la prohibición del arrastre a 3 meses no tiene mucho sentido, ya que el desove y el añadido de juveniles tarda varios meses, sobre todo desde comienzos de la primavera hasta verano e incluso a profundidades de más de 100 m. Por lo tanto, en áreas de reproducción, la pesca debería prohibirse durante periodos mayores”, explica Francesco Colloca, investigador jefe en el Instituto Italiano de Recursos Biológicos Marinos y Biotecnologías. Tal y como explica su compañero Fabio Fiorentino: “Por ejemplo, la reproducción de la merluza se produce a entre 100 y 250 m, una profundidad a la que se sigue permitiendo el arrastre”.

Además, según d’Onghia, “otras lagunas en la legislación, producto de la presión de los lobbies, impiden una protección efectiva: algunas de las pocas áreas restringidas en el Mediterráneo están fuera de las ubicaciones reales de cría y reproducción, las temporadas cerradas no siempre se corresponden con los periodos de agregación de juveniles y las mallas de las redes siguen siendo demasiado pequeñas para impedir la captura de ejemplares de tamaño inferior a la talla mínima”.

“Es cierto que los niveles de peces adultos en el mar son muy bajos y que la mayoría de capturas consisten en peces juveniles, por lo que es necesario recuperar las poblaciones, para que más juveniles tengan la posibilidad de llegar a ser adultos y más adultos tengan la posibilidad de llegar a la vejez”, explica Clara Ulrich, catedrática de gestión pesquera en el Instituto Nacional Danés de Recursos Acuáticos y presidenta de los grupos de trabajo que apoyan el Plan del Mediterráneo Occidental en el Comité Científico, Técnico y Económico de la Pesca (STECF, por sus siglas en inglés, Scientific, Technical and Economic Committee for Fisheries), un órgano consultivo independiente de la UE para la toma de decisiones sobre pesca. “Pero la protección de juveniles sin reducir la presión de pesca en los adultos no garantiza la sostenibilidad, lo que solo puede lograrse cuando la mortalidad acumulada, incluida de los peces juveniles y adultos, no supere el nivel sostenible calculado por los científicos”.

Reducir la mortalidad de los peces: un verdadero rompecabezas

Según Ulrich, la presión en las poblaciones de peces exige la reducción general de las actividades pesqueras. Y, de hecho, la restricción del número de días que los pescadores pueden pasar en el mar, lo que se define técnicamente como “esfuerzo pesquero”, es otra importante medida incluida en el Plan del Mediterráneo Occidental.

Los Gobiernos reunidos en Bruselas tendrán que reducir progresivamente el esfuerzo pesquero cada año, según el consejo del STECF. De nuevo, los compromisos entre la rentabilidad a corto plazo y la sostenibilidad a largo plazo han desembocado en incertidumbres sobre la eficacia de las medidas adoptadas.

“En el Mediterráneo abundan especies con distintos niveles de sostenibilidad, según sus diferentes ciclos de vida”, sostiene Fabio Fiorentino. “Por lo tanto, la reducción del esfuerzo pesquero puede ser suficiente para conservar una especie, pero no otra y, puesto que las embarcaciones de arrastre capturan varias especies al mismo tiempo, es prácticamente imposible establecer esfuerzos pesqueros concretos adecuados para cada especie”.

El Plan del Mediterráneo Occidental permite una reducción máxima del 10 por ciento durante el primer año (y de hasta el 30 por ciento en los próximos cuatro años del periodo de implementación). Esto es suficiente para el camarón de altura, que es capaz de reproducirse cuando tiene menos de 1 año, no vive más de 3 años y, por lo tanto, se puede pescar a un ritmo superior. En cambio, este porcentaje es demasiado bajo para la merluza, que presenta una fase de reproducción más tardía (3-4 años), vive hasta 25 años y, por consiguiente, requiere un ritmo de pesca más lento.

En un estudio publicado en 2016 por DG Mare, el departamento de pesca de la Comisión Europea, concluyó que, para lograr un nivel de pesca sostenible para la merluza, se necesitaría una reducción de la mortalidad de entre el 61 y el 93 por ciento, según las zonas afectadas. Sin embargo, según Fiorentino, “es difícil establecer una correlación matemática precisa entre el esfuerzo pesquero y la mortalidad de los peces, ya que implicaría analizar de modo comparativo conjuntos de datos históricos a largo plazo con los que aún no contamos”. Por ello, Paraskevas Vasilakopoulos, del Centro Helénico de Investigación Marina, sostiene que “Es necesario invertir más en investigación sobre pesca mediterránea a través de la recopilación y el análisis de datos de buena calidad sobre la biología y la explotación de las poblaciones de peces en el Mediterráneo”.

 

El cálculo de la correlación entre la explotación y las tasas de mortalidad es aún más complicado por el hecho de que algunos pescadores son más eficientes que otros y capturan más peces en el mismo número de días. Tal y como explica Clara Ulrich, “todo esto significa que, con frecuencia, tenemos que trabajar basándonos en supuestos, sobre todo los primeros años, ya que se necesita tiempo antes de poder ver los efectos de la normativa vigente”.

Basándose en conjuntos de datos actualizados y modelos de proyección, el pasado marzo, el STECF presentó un borrador de consejo sobre la metodología para calcular la reducción necesaria del esfuerzo para lograr la sostenibilidad de las distintas especies. El consejo se revisará de nuevo en octubre de 2019, junto a los datos más recientes, para cuantificar la reducción recomendada del esfuerzo pesquero para 2020, cuando entra en vigor el plan de gestión del Mediterráneo Occidental. A continuación, los representantes gubernamentales, que se reunirán en Bruselas, serán quienes decidan hasta qué punto tienen pensado seguir estas recomendaciones científicas. Y, al final, podrían acabar acordando una reducción del esfuerzo pesquero incluso inferior al límite del 10 %.

“Dada la deficiente situación en el Mediterráneo, este plan es el primer paso para mejorar la situación y, puesto que el objetivo es tan lejano, tenemos que empezar por algún lugar”, afirma Ulrich. Fiorentino saca una conclusión similar: “En definitiva, es mejor empezar con un plan e ir consiguiendo objetivos, en lugar quedarnos bloqueados con una situación de normativa sobre pesca no armonizada en el ámbito de la UE, donde no existe un marco de trabajo común para supervisar los resultados y corregir la trayectoria”.