Lo que ha sucedido en Katounitsa es cualquier cosa menos un incidente fortuito [véase el despiece a continuación]. Tampoco es un caso aislado, sino una tendencia destructiva que prolifera de forma endémica por la pasividad institucional de los últimos años. Este conflicto no puede analizarse fuera del contexto político global de Bulgaria.

No tenemos líderes de la nación, sino parapolíticos. Esto mina el carácter de nuestras expectativas y falsea las esperanzas de la sociedad civil. Hace varios meses que estamos en campaña electoral [las elecciones presidenciales y municipales se celebrarán el próximo 23 de octubre] y no hemos escuchado ni un solo intercambio de ideas interesantes sobre economía, política exterior o sociedad. En cambio, abundan las intrigas y los golpes bajos. Se ha llegado a un punto en el que la política búlgara es una emanación de los periódicos repletos de escándalos y que se retroalimentan mutuamente.

El diálogo político se encuentra en sus horas más bajas. En este nivel también se encuentra la explotación sin reparos de las relaciones entre etnias y entre religiones en este país. Aunque han pasado los años, ningún político ha considerado necesario poner orden en las relaciones entre cristianos y musulmanes, entre los gitanos y las demás comunidades, ni proponer estrategias específicas para una integración real de las minorías. Porque el conjunto de esta autoproclamada élite saca partido de este statu quo humillante que les permite aferrarse aún más al poder.

Reyes autoproclamados

Estas tensiones siempre están provocadas por intereses políticos, sobre todo en el periodo previo a las elecciones. En Bulgaria, existen miles de motivos para perder la fe en la justicia social. Y esta desesperación afecta a todos los estratos sociales, desde médicos a poetas, pasando por campesinos. Excepto, claro está, los nuevos ricos ladrones, los grandes estafadores, los políticos corruptos y los altos magistrados.

Ante estas circunstancias, y ahora habla la historiadora y antropóloga que hay en mí, no hay nada más eficaz que desviar la cólera hacia las minorías, las religiones distintas y simplemente, hacia los que son diferentes. En resumen, se trata de sustituir los problemas verdaderos por otros falsos. Los límites se desdibujan y es fácil hacer pasar los errores políticos o los hechos de derecho común por conflictos interétnicos, a menudo con consecuencias dramáticas.

Encontramos polvorines como Katounitsa en todo lo largo y ancho de Bulgaria. Estamos ante la tercera o cuarta generación de roms sin educación y sin ninguna oportunidad en el mercado laboral y la criminalidad aumenta sin parar. Por otro lado, los sentimientos anti-rom en la sociedad nunca habían sido tan virulentos como ahora.

Por su parte, los partidos políticos han pervertido a los más pobres y a los marginados en la sociedad, iniciándoles en el comercio de los votos electorales. Es lo que ha hecho que surjan los “reyes” gitanos autoproclamados, líderes corruptos de los guetos, que se enriquecen a costa de sus correligionarios y venden su voto al mejor postor. Son los dueños absolutos de los barrios, de los pueblos o ciudades en todo el territorio búlgaro.

Privilegios feudales

El llamado “rey Kiro”, al igual que gran parte de su familia, debería estar pudriéndose en la cárcel desde hace tiempo por delitos que van desde la fabricación de alcohol adulterado hasta la trata de mujeres y niños. Pero ha podido evadirse de la justicia porque posee importantes recursos, dinero para pagar en efectivo a los policías, a los políticos y a los magistrados, pero también un capital de votos de miles de almas.

El problema no es tan sólo étnico, es una enfermedad nacional. ¿Y qué decir de todas esas ciudades y regiones “gestionadas” de facto por jefes mafiosos que controlan a la población concediendo privilegios o sembrando el pánico?

La política adecuada consistiría simplemente en hacer cumplir la ley: abolir los privilegios de los feudos locales; condenar a los criminales para que los ciudadanos puedan emanciparse, votar, vivir y trabajar libremente. Pero tal y como están las cosas, en Bulgaria esto parece imposble.