Parafraseando el famoso informe de Paolo Cecchini, El coste de la no Europa, Xavier Vidal-Folchmenciona en El País los dos “errores propios de un ortodoxo” que atribuye a Jean-Claude Trichet: “El primero, en julio de 2008, cuando subió el tipo de interés, justo después de que la inflación capotase y en vísperas del desastre de la Gran Recesión desencadenada por la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre”, y el segundo, la “morosidad y timidez” con que se ha gestado la compra de bonos públicos de los Estados periféricos.

“El coste de no tener a un tipo como Trichet” contempla también que el exgobernador del Banco Central Europeo ha evitado “la parálisis total del sistema financiero” y “ha comprado en el mercado secundario bonos periféricos", escasos "para quienes lo comparen con la Reserva Federal", pero excesivos "para los puristas”. El autor subraya que ha tratado de mantener la independencia de la institución frente a Sarkozy “al postular el automatismo en las nuevas sanciones del Pacto de Estabilidad” y frente a “la canciller Merkel, al resistirse como gato panza arriba al impago de Grecia a la banca privada”. Un balance riguroso que sirve para comparar su figura con las de los "dos principales mentores de la radicalidad", ambos alemanes y que no han acabado sus mandatos respectivos, Axel Weber y Jürgen Stark.