En los últimos tiempos, escuchamos a menudo este mensaje entre bastidores en los centros de poder de los países occidentales: “Never waste a good crisis” [no hay que desaprovechar una buena crisis, una frase pronunciadapor Hillary Clinton ante el Parlamento Europeo en 2009]. Pero esto exige una cierta combatividad política y uno de los aspectos clave del malestar actual es precisamente la falta de esta combatividad. Y por ello se leen editoriales como del último número de The Economist: “La crisis de la deuda dura ya 18 meses y los dirigentes de la eurozona tan sólo han destacado por su incompetencia”. Este juicio despectivo en mi opinión es demasiado simplista. Es cierto que los dirigentes europeos no han hecho méritos para recibir halagos. Pero la cuestión radica en saber si se debe sobre todo a sus propias carencias o al contexto político en el que se supone que tienen que actuar y que es más reacio y ofrece menos margen de maniobra que el de hace varios decenios. ¿Tiene menos cualidades Angela Merkel que Helmut Schmidt o Helmut Kohl? ¿Realmente tiene menos valía Nicolas Sarkozy que François Mitterrand o Jacques Chirac?

La actuación de los antiguos dirigentes a menudo se idealiza

No cabe ninguna duda: Obama, al igual que el dúo “Merkozy”, han cometido errores. Y puede que Sarkozy no tenga la dimensión de Mitterrand, que Merkel no dé la talla al compararse con Kohl y que Obama no tenga el ingenio de Bill Clinton. Pero en muchas ocasiones, la actuación de los antiguos dirigentes se idealiza. Por otro lado, los márgenes políticos en casi todos los lugares son cada vez más estrechos.

Esto se explica con una razón principal: el poder del Estado se ha desmoronado. El politólogo Alfred van Staden comparó en 2008 la libertad de movimiento de un jefe de Gobierno actual con la de un conductor atrapado en un atasco: “Controla su propio volante y a veces logra abrirse paso, pero el ritmo de la circulación en gran parte está determinada por el comportamiento de los demás conductores en la carretera y por las normas de circulación”. Incluso Estados Unidos se encuentra atrapado en el atasco, aunque muchos republicanos aún creen vivir en una época en la que, al ser estadounidenses, podían seguir su camino sin detenerse.

En el origen de esta ralentización se encuentra una segunda fuerza: la división política que se ha convertido en un fenómeno general. En muchos países, las coaliciones intentan ejercer a duras penas el poder y la sociedad se encuentra muy dividida. En este ambiente político, se olvidan rápidamente los logros. Basta con observar las vicisitudes políticas que ha vivido Sarkozy. El presidente de Francia recibió elogios de todas partes por su audaz intervención tras la formación de un frente contra el régimen de Muamar El Gadafi. Pero prácticamente no ha obtenido ningún beneficio en su propio país.

La Comisión debería estar dirigida por un país con calificación AAA

Por desgracia, la conclusión que podemos sacar no es muy alentadora, sobre todo para Europa: la disgregación política no puede desaparecer como por arte de magia. Quizás no debamos depositar nuestra esperanza en unos dirigentes políticos mejores, sino en una opinión pública más madura. Porque ahí es donde se encuentra en principal obstáculo: el euroescepticismo, aunque lo comprendamos, ha generado una desconfianza general con respecto a casi todas las formas de poder. Pero sin un poder y sin la aceptación de este poder ejercido por un socio que hemos elegido nosotros mismos, estamos condenados a hundirnos.

La respuesta federalista clásica consiste en conceder más poder a Bruselas. Pero en los últimos meses, ha vuelto a surgir el concepto intergubernamental. En concreto, se trata de atribuir la función principal a Berlín, con París como primer relevo. Otra lección que podemos aprender de los disgustos actuales es que si la Europa federal en el futuro quiere volver a desempeñar una función más importante, más vale que la Comisión Europea esté dirigida por una persona procedente de un país con una nota AAA y no por el representante de un país en crisis que necesita un gran respaldo.