Para los partidos alemanes, un domingo electoral puede compararse con la etapa del puerto Tourmalet en los Pirineos, en el Tour de Francia. A veces hace que se queden atrás los que están demasiado seguros de la victoria, otras veces recompensa a los desconocidos y deja ganar a los que han recobrado un segundo aliento. Esta vez no ha sido el caso. El aliento de Steinmeier ha bastado para apartar al SPD con orgullo y también con tristeza a la oposición, allí donde (está) debía estar desde hace tiempo. El SPD ha sufrido una dura derrota, pero la socialdemocracia ha ganado una nueva líder.

No son Angela Merkel y su CDU, sino Guido Westerwelle y el FDP quienes han evitado otra gran coalición. Guido Westerwelle es un fenómeno, una paradoja en persona. Tras el estallido del neoliberalismo, ha llegado a hacer de un partido neoliberal el gran triunfador de una elección. Y precisamente tras el descubrimiento mundial del radicalismo del mercado, ha conseguido lo que jamás consiguió con este descubrimiento. Westerwelle ha ganado la elección con medios muy sencillos. Lo único que ha hecho ha sido declarar durante la campaña lo que ha mantenido siempre: "más mercado" y "menos impuestos". No se ha dejado trastornar por la quiebra bancaria y ha actuado como si la crisis financiera no tuviera nada que ver con el FDP y sus teorías.

Muchos electores han considerado claramente esta actitud la versión liberal de la gestión duradera. Quizás también es la prueba de que los electores no han visto a los liberales como defensores de una ideología, sino más bien como los representantes de posiciones que les resultan personalmente de utilidad, sobre todo en lo que respecta a la política fiscal. Bajar los impuestos, teniendo en cuenta los cientos de miles de millones de euros de deudas, para supuestamente activar el desarrollo, será igual que jugar a la ruleta rusa con la sociedad alemana. Según el artículo 66 de la Ley Fundamental, el canciller y los ministros no podrán ejercer ninguna actividad remunerada. Por lo tanto, no pueden jugar a los juegos de azar (con fines profesionales) con el pueblo alemán.

La edad de oro de Merkel ha terminado

Angela Merkel ahora tiene la coalición que deseaba su partido. La pequeña coalición no es del agrado de la canciller, pero debe hacer como si lo fuera. En el futuro, ya no podrá ocultarse tras el SPD. En el futuro, la CDU exigirá cada vez más mantener una línea política orientada a favor de la economía. Siguen planteándose entonces varias preguntas: ¿continuará la canciller desempeñando la función de madre de la nación?, ¿tiene dificultades con el FDP y su partido?, ¿se convertirá de cualquier modo en una Dama de Hierro?, ¿perderá su reputación entre la población?

Esto significa que ha terminado la edad dorada de Angela Merkel. La CDU se ha aprovechado durante mucho tiempo de la debilidad del SPD y le ha sacado el jugo. Pero la CDU se ha desgastado. La Unión seguirá necesitando un apoyo que vendría de ella misma y no parece que Angela Merkel esté en posición de aportar ese apoyo. El centro político ya está ocupado por partidos de tamaño medio. En la oposición, el SPD deberá salir de su parálisis debida a la alianza federal. Debe encontrar un "modus vivendi" con Die Linke si quiere volver a recuperar su lugar en el poder.

El gobierno negro-amarillo probablemente sea de transición. Ocupa el terreno en un periodo de rechazo general a las coaliciones, durante el cual todos los partidos deben aprender que una "auto-reclusión" política es perjudicial en un sistema de cinco partidos. La disminución constante de la participación electoral tiene también relación con esta parálisis de los partidos. Las cartas, que hoy parecen estar pegadas, se volverán a barajar. El tiempo de aburrimiento, tan lamentado durante la campaña electoral, ha llegado a su fin.