La nueva etapa que deberá afrontar la Unión Europea tras la ratificación del tratado de Lisboa pondrá sobre la mesa dos caminos: la preservación del legado europeo en todos sus ámbitos como impulso para el futuro, o bien "experimentar con nuevas formas de gobierno; con nuevas instituciones, políticas públicas y reglas de conducta", en opinión de Moisés Naím, redactor-jefe de la publicación norteamericana Foreign Policy.

"Dependerá la Europa del futuro más de sus museos, orquestas y restaurantes o de sus fábricas, laboratorios y universidades?". La disyuntiva es clara: o el museo o el laboratorio. Pero Europa debe ser ambiciosa para hacerse valer en la política mundial, frente a otros actores de creciente poder, como China o la India, que harán disminuir su peso político y económico en el futuro, según las estimaciones del Nobel Robert Fogel.