Algunos entregaron sus redes a las autoridades, como si se tratara de sus armas Colt y Winchester a los sheriffs del pueblo. Otros, impulsados por el afán de ganancias o la necesidad de supervivencia, siguen utilizándolas, ocultas tras los muelles de los puertos tunecinos o desplegadas sin temor en las aguas calabresas.

Las redes pelágicas, que aquí se llaman spadare porque servían para pescar atún y pez espada, fueron prohibidas en 2002 por la Unión Europea porque destruyen el medio ambiente marino. En Italia constituyen la primera causa de muerte de los cachalotes y los delfines que quedan atrapados por sus muros invisibles.

El 6 de octubre llegó desde Bruselas el ultimátum que debe poner fin a la guerra. Italia tiene dos meses para pasar página en este asunto. 60 días para poner fin a 10 años de ilegalidad. Una paciencia que ha costado no menos de 200 millones de euros a Europa, la suma concedida por la Comisión Europea para la reconversión de las redes pelágicas hacia otros sistemas de pesca menos dañinos. Sin embargo, una vez cobrado el cheque, los pescadores italianos siguieron lanzando sus redes fantasmas.

Más de 2.800 kilómetros de redes pelágicas confiscados

Hace sólo un año, parecía estar cerca la paz entre las embarcaciones y las capitanías, con el alto el fuego de los pescadores de Bagnara Calabra, en la provincia de Reggio de Calabria. Durante una conferencia de prensa con gran cobertura por parte de los medios de comunicación, el 24 de junio de 2010, declararon que habían entregado sus spadare a las autoridades, a cambio de algunas autorizaciones para la práctica de la pesca con palangre [una larga línea de la que penden una serie de anzuelos y desplegada por la embarcación]. Pero fueron pocos los que siguieron este ejemplo.

Sólo entre 2005 y 2009, se confiscaron 2.800 kilómetros de redes pelágicas, prácticamente la distancia entre Argentina y Londres. Y durante los nueve primeros meses de 2011, se registraron no menos de 93 infracciones, que dieron lugar a la confiscación de 221 kilómetros de redes prohibidas, lo que supone un aumento del 64% con respecto a 2010.

En la lista de las embarcaciones que cometieron infracciones, publicada por la fundación Pew Environment, entre las 330 traineras que practican “la pesca con redes no conformes a la ley, se encuentran alrededor de 103 unidades que se beneficiaron de importantes subvenciones, tanto de la Unión Europea como del Estado italiano (más de 12,5 millones de 1998 a 2006) para la reconversión de las redes pelágicas hacia otros sistemas menos perjudiciales para el medio ambiente”.

Sistemas de pesca autorizados como cobertura de los prohibidos

Con el cheque en el bolsillo, fueron muchos los que siguieron infringiendo las normas, como el patrón de la embarcación San Francesco I de Palermo, que se benefició de una subvención de 37.000 euros en 2004 y fue sancionado seis veces en los últimos años. O el Patrizia, sancionado cuatro veces entre las islas Lipari y Milazzo en 2007 tras haber recibido no menos de 249.000 euros en ayudas públicas para la reconversión de sus redes.

Los agentes de la Guarda Costera sospechan que “la financiación concedida para la reconversión del material de pesca se utilizó en realidad para adquirir equipos costosos y continuar con los modos de pesca prohibidos pero con sistemas aún más eficaces”. A menudo, emplean los sistemas de pesca autorizados como cobertura: “De hecho, como las licencias de pesca prevén casi siempre el uso de palangres, las tripulaciones declaran que los peces espada descubiertos a bordo los han capturado con anzuelos, cuando en realidad enganchan los peces por la boca después de su captura", escribe Vittorio Alessandro, comandante de la Guarda Costera.

Otro método consiste en colocar de punta a punta varias ferrettare, unas redes de una longitud máxima de 2,5 kilómetros y cuyo uso está autorizado a 10 millas de las costas italianas. “Hemos observado la utilización de barreras de ferrettare de una longitud extrema, constituidas por una serie de redes unidas cuya una longitud máxima individual es la autorizada. De este modo, las ferrettare se transforman en redes pelágicas gigantescas que capturan en sus mallas decenas de toneladas de peces espada”.

La pesca ilegal también la practican organizaciones criminales

Los “puertos condescendientes” son las bases operativas de los pescadores furtivos donde se ocultan decenas y decenas de kilómetros de spadare, como el puerto de Bizerte, en Túnez, al que llegan las embarcaciones de furtivos italianos y donde descargan las redes que cumplen la ley y las cambian por spadare y ferrettare. Allí, en 2010, se interceptaron tres barcos pesqueros cuando se disponían a levar el ancla con sus equipos fraudulentos en dirección a un centro de pesca a 40 millas al norte de la costa africana. Gracias a esta operación se confiscaron cerca de 11.000 metros de redes en la primera embarcación y alrededor de 5.500 en la segunda, así como más de 1.000 kilos de peces espada.

Según las declaraciones de los investigadores del caso Mare Monstrum de Legambiente, la liga italiana para el medio ambiente, no sólo practican la pesca ilegal pescadores improvisados, sino que también lo hacen auténticas organizaciones criminales, incluidas las de tipo mafioso, armadas con todos los instrumentos imaginables para arrasar con cualquier forma de vida presente en el mar”. Y puede que no sea casualidad que en Sicilia, en Campania o en Calabria [las regiones en las que se encuentra implantada la Cosa Nostra, la Camorra y la ‘NDrangheta], las spadare y otras formas de pesca ilegal sean la norma desde hace tiempo y lo siguen siendo.

Según los Confesercenti, una importante asociación de empresas italianas, el volumen de negocio de la pesca ilegal llegaría a los 2.000 millones de euros al año. Resulta difícil calcular los beneficios de la pesca ilegal, pero según los investigadores, llegarían a los 1.500 millones.