A pesar de sus diez años de experiencia en la prensa, la periodista sueca de origen palestino Nadia Jebril nunca había tenido la ocasión de hablar árabe en el contexto de su profesión. Pero se le ocurrió la idea del programa “Rena rama arabiskan" [El árabe en todos sus estados], con la finalidad de determinar el lugar que ocupa el idioma árabe en Europa: en Suecia, Dinamarca, Gran Bretaña, Francia, Italia, Malta, España, Bosnia y por último, en el Líbano.

"Queríamos realizar algo cuyo tema fuera el idioma árabe", explica. "Pero la gente tan sólo hablaba del islam y de Oriente Próximo, como si hubiera que limitarse a los asuntos clásicos". Y entonces pensó: "Entre nosotros hay muchos musulmanes y la mayoría hablan árabe. Pero aquí es donde vivimos. Y no se habla el mismo árabe que en Oriente Próximo, aquí se hacen mezclas".

"Mi generación constituye un grupo aparte. Hemos crecido en un entorno radicalmente distinto al que conocieron nuestros padres. Por toda Europa las personas han recorrido miles de caminos que se entrecruzan. Se trata de un fenómeno nuevo al que nadie ha prestado atención".

"¿Habla árabe?"

A raíz de esta frustración surge la idea del programa "Rena rama arabiskan", que plantea la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto puede una persona hacerse entender en Europa hablando árabe?

Nadia Jebril ya había constatado que con el árabe podía hacerse entender en Berlín. En el primer episodio, recorre Suecia con un cartel en el que se leía "¿Habla árabe?". A medida que avanza la serie, más allá de las fronteras suecas, conoce a personas en la calle, entrevista a lingüistas, a escritores, humoristas y artistas y el programa pronto adopta el aspecto de una inquieta lección sobre la Europa actual, un retrato que supera con creces el simple ámbito del idioma árabe.

Nadia Jebril afirma que Suecia le sorprendió positivamente, pues allí encontró a personas interesadas por el idioma árabe y por muchas cosas más. El mayor desafío lo encontró en Dinamarca, un país en el que la cuestión del multilingüismo es objeto de un agitado debate y donde a los niños de lengua árabe se les dice que no está bien hablar este idioma. "Mezclan el debate sobre el idioma con el resto, con el único fin de abordar la cuestión de la inmigración", explica.

Un programa sin objetivo político

En Francia, conoce a personas que hablan árabe pero que se niegan a indicarle el camino para llegar a una tienda de discos. La insultan y gritan que deje de grabar. Y aunque intenta acercarse a las personas con su pancarta, se va sin conseguir su objetivo. Su conclusión es que esta reacción se debe sin duda a la forma con la que se ha descrito a las personas de habla árabe en los medios de comunicación franceses. En cualquier caso, consigue una cita con Khaled, el rey de la música rai. Recuerda que los dos reaccionaron con risas nerviosas. A él le incomodaba la idea de hablar árabe y mezclaba en sus respuestas una multitud de palabras francesas aunque ella no comprendía la mitad de lo que decía. Ella misma se sentía nerviosa al hablar su propio árabe: un dialecto palestino combinado con términos suecos como "brunsås" [salsa marrón].

Nadia Jebril insiste en el hecho de que el programa no tiene ningún objetivo político. Aunque se rodara antes del verano, en el punto álgido de la primavera árabe en el norte de África. Sin duda, unos acontecimientos con numerosas repercusiones.

"Hoy ya no se considera a los árabes como víctimas o como opresores, sino como personas iguales al resto, con ganas de vivir bien y dispuestos a luchar para conseguirlo. Se observa una curiosidad renovada. Y nosotros, que nos parecemos a los que han luchado por sus ideales, podemos estar orgullosos e ir con la cabeza alta".