hipótesis de ampliación máxima refleja la imagen de una Europa organizada que las sucesivas administraciones estadounidenses han promovido. No podemos pasar por alto tampoco la evidente continuidad del proyecto europeo de EE.UU. desde Bill Clinton hasta Barack Obama, quien a este respecto confirmó en su discurso de Ankara las declaraciones hechas en el pasado por George W. Bush.

Es cierto que, desde el punto de vista de Bruselas, la perspectiva del acceso ha resultado ser un eficaz factor de reforma, y que la asimilación del acervo comunitario tiene efectos modernizadores similares a los del Código de Napoleón. Es la clave de la influencia de la Unión gracias a los medios económicos propuestos y a las oportunidades de reconocimiento de las naciones y de promoción de las élites que ofrecen unas instituciones gobernadas por el principio de igualdad entre los Estados miembros. Garantiza la soberanía y la ampliación de la seguridad en la medida en que el interés nacional particular implica la inclusión del vecino en su mismo grupo, excepto en el Este, y posibilita una contención de las invectivas nacionalistas (Hungría y Eslovaquia, Eslovenia y Croacia, Grecia y Turquía). Pero este método de europeización se enfrenta ahora con situaciones políticas peliagudas como son por desgracia las que se viven en los Balcanes y en Europa del Este. El método clásico de ampliación territorial no puede seguir funcionando del mismo modo.

Dos visiones de la ampliación

La ampliación de 2004, si bien fue legítima históricamente, se ejecutó sin que múltiples dirigentes hicieran declaraciones políticas explícitas al respecto y faltó asimismo un ejercicio de memoria sobre los antecedentes históricos y geopolíticos. En suma, fue ésta una ampliación como una historia sin palabras, tras la que vino a plantearse una duda sobre la finalidad del proceso europeo. Esa duda se vio acentuada por los avatares institucionales del periodo 2005-2009, los fracasos del proceso de ampliación que tuvieron lugar en 2007 en los Balcanes Orientales y el rechazo a todo debate serio sobre las últimas fronteras, y ha abierto el camino a hipótesis distintas a la de Washington.

En realidad, desde el principio existieron diversas ideas sobre cuál habría de ser la configuración geopolítica de Europa como institución, pero hubo que esperar hasta 2004 para que salieran de nuevo a la luz. Si la finalidad política consiste en crear una entidad fundamentada en una unidad histórica y geocultural que ha de formarse más allá de las rivalidades entre naciones, la Unión queda limitada a sus inventores y a países vecinos que comparten los mismos valores (tradiciones jurídicas y religiosas), de modo que se estabiliza en unos treinta Estados miembros en torno a Alemania y Francia. Ésta es la visión de los movimientos de inspiración demócrata cristiana y de los que se aglutinan en el Partido Popular Europeo, pero no la de todos, porque los diputados de Europa Central y los nórdicos quieren integrar los confines orientales. El criterio fundamental es el de la identidad europea, definida en términos de cultura y valores. Según esto, no hay lugar para Turquía, con su sociedad civil musulmana. Pero el tema de las fronteras comunitarias no se limita en absoluto a Turquía, con la que por lo demás siguen en pie las negociaciones.

El puzzle geopolítico europeo (Le Monde, Presseurop)

Si, en cambio, la finalidad es lograr que pueblos diferentes cooperen de forma metódica mediante la jerarquización de los intereses, la ampliación no tiene más límites que los de Rusia en su lado oeste. Ésta es la visión de los liberales, de una parte de los socialdemócratas que abogan por la laicidad y la promoción de fuerzas islamodemócratas ejemplares, pero también de los euroescépticos adeptos a una hipótesis geoeconómica y, según se ha dicho abiertamente, respaldada por Washington. David Miliband, ministro británico de Asuntos Exteriores, es partidario de esta última idea y la ha llevado hasta sus últimas consecuencias en sus declaraciones sobre una zona de interés europeo que acabaría incluyendo al Magreb, a Europa del Este y a Oriente Próximo (Brujas, 15 de noviembre de 2007).

A fin de cuentas, para tratar la cuestión de las "fronteras de Europa", hay que responder a los siguientes puntos: ¿cuáles son los límites definitivos deseables para la Unión Europea? Es decir, ¿cuáles son los límites geopolíticos occidentales de Rusia que resultan convenientes para los europeos? Y, ¿qué políticas hay que articular de cara a los Balcanes, Ucrania y Turquía? En el caso de los Balcanes Occidentales, fragmentados aparte de Croacia en siete entidades entre Estados y protectorados, las próximas negociaciones deberán insistir en una condición concreta: que dichas entidades se comprometan a solventar los cerca de veinticinco litigios bilaterales más importantes que los mantienen enfrentados, desde recursos elevados ante la Corte Internacional de Justicia por los crímenes de guerra hasta las graves cuestiones de las personas desaparecidas y del regreso de los refugiados, pasando por las controversias fronterizas, económicas, aduaneras, religiosas y diplomáticas.

Conocer los contornos de Europa

Todavía ha de configurarse una auténtica política turca que no se constriña únicamente a la cuestión institucional del acceso. En efecto, a Europa le interesa vincularse mediante una alianza geopolítica duradera con esta potencia regional euro-oriental que, dentro de un tiempo quizá esté dentro o fuera de la Unión, pero que estar va a estar siempre. Nada indica que al final del camino las élites turcas consientan en la cesión de competencias soberanas que implica un acceso pleno. Pero no van a renunciar a su estrategia de europeización, a pesar de Europa.

El debate de los límites no está tanto en la Unión Europea y Turquía, que se encuentra en proceso de europeización y podrá integrarse a largo plazo, como en el propio seno de la UE, por lo que respecta a la finalidad del proyecto europeo: unión política integrada o comunidad de Estados nación.La renovación de las políticas comunitarias sobre el continente y sus confines será el primer tema sobre el que el alto representante encargado de la política exterior deba establecer una línea clara: ¿cómo actuar en el mundo si desconocemos el contorno del lugar del que hablamos?