Diplomacia: Un puesto para la Unión en la ONU

Detalle de la obra del pintor noruego Per Krohg, que adorna la sala del Consejo de Seguridad de la ONU. Foto: ONU
Detalle de la obra del pintor noruego Per Krohg, que adorna la sala del Consejo de Seguridad de la ONU. Foto: ONU
15 octubre 2009 – La Stampa (Turín)

Para el nuevo gobierno alemán ya no es un objetivo obtener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para su país, sino para la Unión Europea. Entretanto, el antiguo embajador italiano en la ONU Francesco Paolo Fulci explica cómo la UE puede influir más en las decisiones del Consejo.

El semanario Der Spiegel revela que el programa del nuevo gobierno alemán de coalición cristiano-demócrata y liberal prevé que Alemania ya no debe luchar en la ONU para lograr un puesto permanente nacional en el Consejo de Seguridad, sino para obtener un puesto europeo. De igual modo, si nos remitimos al Tratado de Lisboa, que proyecta una política europea exterior más unificada y coherente, se podría empezar a pensar desde ahora en los inicios de un puesto europeo en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, avanzando poco a poco con pequeños pasos, al igual que se ha constituido la Europa unida.

En la ONU, tanto si se trata de la Asamblea General como de las distintas comisiones, del Consejo de Seguridad, del Consejo Económico y Social, etc., la Unión se pronuncia siempre (o casi siempre) a través de la voz del país que ocupa la presidencia por turnos. En cambio, se encuentra totalmente ausente en las reuniones informales del Consejo de Seguridad, que se celebran a puerta cerrada, en una pequeña sala adyacente a la sala del Consejo y cuyo acceso está estrictamente prohibido a los que no son miembros; de hecho, sólo se admite al Embajador y a dos delegados por cada país miembro. Y es ahí, en esta minúscula sala, denominada el “sanctasantórum”, donde se decide el 99 % de los proyectos del Consejo de Seguridad, al resguardo de las miradas indiscretas.

Ponerse de acuerdo sobre una posición común

Entonces, ¿por qué no se pide al país miembro de la UE elegido durante dos años en el Consejo de Seguridad (actualmente Austria) que acoja en su delegación del Consejo a un alto funcionario del país que presida la Unión, que será España a partir del próximo 1 de enero? De este modo, el diplomático español ocuparía un lugar en el "sanctasantórum" del Consejo de Seguridad, justo detrás del Embajador austriaco. A través de su presidencia, Europa podría seguir personalmente el desarrollo de los asuntos que examina el Consejo; además, si existe una posición europea común sobre una cuestión en particular, el representante español, con el consentimiento del Embajador austriaco, podría expresar dicha posición, con lo que Europa podría pronunciarse en el momento en el que se tomen las decisiones relativas a las guerras y la paz en el mundo.

Evidentemente, el consentimiento de Austria y España es esencial para validar una decisión de este tipo. En América Latina ya existe un precedente. Hace años, Argentina y Brasil llegaron a un acuerdo: cuando un país u otro sea elegido en el Consejo de Seguridad, un alto diplomático de uno de los dos países integrará la delegación del otro en el Consejo, y viceversa. ¿No podría seguir este ejemplo Europa?

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