No intentemos enmascarar la realidad, no vale la pena: el hecho de que hayamos retomado las negociaciones con el FMI [el 21 de noviembre] equivale a una rendición. No se puede describir de otro modo lo que acaba de ocurrir, ya que el verano pasado habíamos definido nuestra separación con esta organización como una “guerra de independencia” [Hungría suspendía las conversaciones con el FMI, cuyas recomendaciones rechazaba. En 2008, había recibido 20.000 millones de euros del FMI, del Banco Mundial y de la UE]. La rendición es una mala noticia y es humillante para los que luchan por su independencia.

En cualquier caso, resulta especialmente exasperante ver hasta qué punto los mercados han actuado de un modo coordinado y sistemático para empujar al país a esta situación. Sobre todo, resulta extraño que esa histeria de los mercados que se basa en rumores sin fundamento, inventados íntegramente y con toda probabilidad extendidos de forma consciente, ahora se exagera cuando llega la delegación del FMI [el 24 de noviembre, la agencia de calificación Moody's ha bajado la degradado la calificación del país, dejándola en la categoría de inversión especulativa (bonos basura)] .

De esta forma, tras varios meses de calma, nos convertimos en el próximo epicentro de la crisis que atraviesa la Unión, tal y como ha expuesto el autor de un blog del Wall Street Journal. Al mismo tiempo, un colaborador de Bloomberg nos deja tirados en la cuneta, riéndose sarcásticamente. Dos agencias de calificación han adoptado contra nosotros medidas amenazadoras y el tipo de cambio entre el florín y el euro ha batido récords históricos.

Como en un cuento de hadas

Nos han vuelto a apretar los tornillos y todos los comentaristas, analistas e inversores se han puesto a repetir como un mantra, día tras día, que todos estos males podrían acabar de golpe si los húngaros firmaran un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Y como si se tratara de un milagro, así ha sucedido, como ocurre en los cuentos populares. El FMI y Hungría se han vuelto a encontrar. Pero, a juzgar por las declaraciones, la celebración de las nupcias podría esperar hasta enero.

Ni que decir tiene que durante esta campaña de los mercados, hemos esperado en vano la ayuda de Bruselas, por simbólica que fuera. En los últimos tiempos, en el centro de la Unión, se preocupan únicamente por los problemas de la eurozona y se han olvidado de nosotros. Pero a ellos también les ha venido bien que no mencionemos demasiado nuestra independencia.

Para finalizar, quisiera decir que cada vez que pienso en lo que ha ocurrido, me acuerdo de una historia que describe la realidad húngara actual. Abrimos un restaurante cerca del lago Balaton, donde un día llegan unos compatriotas fornidos.

Su propuesta es sencilla: están convencidos de que en este mundo lleno de peligros, el establecimiento necesita protección, algo que ellos nos pueden garantizar. Nosotros rechazamos la propuesta, explicándoles que nos las arreglaremos solos. Muy bien, contestan. Y entonces, un día, se produce un incendio en el lugar. Y de pronto, la situación da un giro: de repente la propuesta sobre nuestra protección parece tener sentido.