“He conseguido la nacionalidad búlgara, porque soy búlgaro. Como mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo. Estoy orgulloso de mis raíces y quiero que en el pasaporte se pueda leer ‘ciudadano de la República de Bulgaria’”. He ahí lo que cabía esperar cuando nos pusimos a hacer cola junto a decenas de macedonios, ucranianos y moldavos deseosos de convertirse en nuestros conciudadanos— Bulgaria concede con facilidad la nacionalidad a los habitantes de estos países que sean capaces de probar su ascendencia búlgara. Pero en su lugar, la mayoría de las personas confiesan abiertamente que no están allí porque se consideren descendientes de los “kans” búlgaros sino por motivos mucho más pragmáticos.

“Si Bulgaria evoluciona como Eslovenia, los salarios aumentarán y el nivel de vida mejorará, entonces quiero quedarme. Si no, partiré con mi nuevo pasaporte hacia Italia. Allí es donde quiero vivir y trabajar”, afirma Dalibor Mirkovic, de 25 años, oriundo de Delcevo, en Macedonia. Desentumece las piernas en la larga cola delante de la Dirección General de Nacionalidad búlgara, en Sofía, el organismo estatal encargado de entregar los certificados de nacionalidad a quienes acaban de naturalizarse. Todos los días de la semana de 9:30 a 12:00, unas 200 personas esperan pacientemente recibir ese precioso sésamo que les abrirá la puerta para obtener un carné de identidad y un pasaporte búlgaro. Algunos presentaron la solicitud de naturalización hace años, otros lo han hecho hace poco y han tenido la suerte de que su expediente llegue a buen puerto rápidamente.

Muy jóvenes, desempleados y sin preparación

Mientras esperan su certificado, los nuevos búlgaros se quejan de la mala organización, es decir, del caos. A menudo tienen que esperar durante días en el exterior, algunos durmiendo en sus coches, otros pernoctando en casa de amigos o en hoteles baratos. Entre los “candidatos”, los macedonios son los más numerosos. Como la mayoría viven justo al otro lado de la frontera, hacen el viaje de ida y vuelta en autobús — hay compañías que se han especializado en este trayecto ante el boom de las solicitudes de naturalización. La mayoría son muy jóvenes, desempleados, y tampoco cuentan con preparación que los diferencien. Ante la pregunta de qué opinan sobre cómo valoran las autoridades macedonias este éxodo, responden que: “A todo el mundo le da igual”.

Hoy, Dalibor ha hecho el trayecto con sus primos y algunos amigos. Todos se han convertido en nuevos búlgaros, aunque ninguno quiere quedarse a vivir aquí. Quieren irse “hacia el Oeste”. No obstante, para poder cursar la solicitud es necesario disponer de una dirección en Bulgaria. “No es ningún problema”, comentan. “Todos nos hemos inscrito con la misma dirección. En algunos pueblos de la frontera macedonia están haciendo el agosto, es un verdadero negocio: en algunas direcciones hay varios centenares de macedonios inscritos”.

"Mi nueva nacionalidad va a simplificar mi vida"

Dalibor presentó su solicitud en octubre de 2010. Antes de poder llegar hasta aquí, este joven ha tenido que superar todas las pruebas que contempla el nuevo código de nacionalidad. La más dura — a la que se refiere como el “casting” — fue la entrevista en persona con expertos de la Dirección General de Nacionalidad. Tuvo que demostrar sus orígenes búlgaros a la vez que manifestaba su perfecto dominio de la lengua. “Me limité a contarles la historia de nuestra familia”, nos cuenta como testimonio. “Mi abuelo es búlgaro, luchó en la Segunda Guerra Mundial. Vivió en... Pleven (ahí duda un poco), sí, en Pleven (al norte de Bulgaria). En 1943, desertó del ejército búlgaro y se unió al ejército serbio. Después, compró un terreno cerca de Delcevo”, continúa.

Una veintena de búlgaros de Besarabia también esperar obtener su certificado de nacionalidad. Vienen de Ucrania y de Moldavia. Algunos llevan allí años. Lilia Grekova, de 31 años, llegó en 2003 proveniente de Bolhrad, en Ucrania, una ciudad fundada por colonos búlgaros en la Edad Media. Estudia psicología en la Universidad de Veliko Tarnovo (en el centro): “Presenté mi solicitud en 2006. Mi familia tiene un árbol genealógico que se remonta al siglo XVIII. Por parte de padre, sé que somos oriundos de Yambol (al sur de Bulgaria) y que emigramos durante la ocupación otomana”, nos cuenta a la vez que afirma que no quiere irse inmediatamente después de obtener su nuevo pasaporte. “Mi nueva nacionalidad sobre todo va a simplificar mi vida aquí, en Bulgaria”, reconoce.