Sé que mucha gente se inquieta al ver a todos esos poderosos europeos tan contrariados. Angela Merkel ha dicho que ni siquiera estábamos negociando como es debido. Nicolas Sarkozy casi ni se atrevía a mencionar a Gran Bretaña por su nombre y parece que se han captado imágenes en las que se niega a dar la mano a David Cameron. En todo el continente, los periódicos están repletos de titulares iracundos sobre la arrogancia y la estupidez general de los englanders/anglais/inglesi [ingleses]. He observado cómo unos pobres eurodiputados liberal-demócratas parecían estallar de indignación por la gestión de Reino Unido en la reciente cumbre.

Y puede que haya muchas personas en este país que estén asustadas por la virulencia de las críticas. Durante algunos días, la BBC nos ha asegurado en un tono sepulcral que estamos “aislados” y “marginados”, como si se hubiera tomado la decisión de abandonarnos en nuestra neblinosa isla, como un puñado de salvajes con los rostros pintados. Así pues, espero poder tranquilizar a estas personas cuando afirmo que nuestros amigos y socios europeos en realidad no están enfadados por lo ocurrido en la cumbre. Todo el mundo se comporta como si el uso del veto de David Cameron fuera algo histórico, como si se hubiera extraído por fin la espada Excalibur de la roca o se hubiera sacado al Tridente de su salobre guarida.

Pero en realidad, han sido muchos los primeros ministros que han bloqueado asuntos que no beneficiaban a este país, desde el veto de Thatcher sobre el presupuesto de la UE al de Tony Blair sobre las retenciones fiscales. Y otros primeros ministros han causado muchos más estragos que los británicos: pensemos en el caso de Felipe González, expresidente de España, que solía bloquear las cumbres de la UE hasta que consideraba que había logrado suficiente bacalao y abadejo irlandés.

La incapacidad total de los países de la eurozona

No, en realidad no están furiosos con nosotros por oponernos al nuevo Tratado sobre la Unión Fiscal. El motivo por el que nuestros hermanos europeos están crónicamente enfurecidos con los británicos es porque al final se ha demostrado que teníamos razón sobre el euro. Durante más de 20 años, los ministros británicos han acudido a Bruselas y han dicho que les encantaba todo este asunto del mercado único, pero que dudaban de que el intento de crear una unión monetaria fuera acertado. Y durante más de 20 años, algunos hemos estado afirmando que el motivo por el que no funcionará una unión monetaria es que no se puede hacer sin una unión política, pero que dicha unión política no es democráticamente posible.

Os advertimos de que necesitaríais una especie de eurogobierno central para controlar los presupuestos y las fiscalidades nacionales y que la gente de Europa no pasaría por ello. Y mirad lo que ha ocurrido. Sarkozy, mon ami: los banqueros anglosajones no son los que han causado todo el problema en la eurozona. Ha sido la incapacidad total de los países de la eurozona, casualmente empezando por Francia, de cumplir las normas de Maastricht. Ha sido la negativa de los griegos a controlar su gasto o a reformar sus sistemas de seguridad social. En Grecia e Italia, se ha depuesto eficazmente a los líderes democráticos con la esperanza de apaciguar a los mercados y salvar al euro; y lo que enfurece aún más a los líderes de los países de la eurozona es que parece que esta solución no funciona.

Culpan a David Cameron por “vetar” un nuevo tratado de la UE, cuando en realidad no lo ha hecho. Los demás países de la UE ahora pueden perfectamente crear sus propias normas fiscales nuevas. Si así lo desean, pueden decidir crear un gobierno económico de Europa. Puede que, aunque los electorados ya se sienten alienados con respecto al proceso electoral, decidan que ha llegado el momento de delegar decisiones conflictivas sobre fiscalidad y gastos en manos de burócratas no elegidos. Me sorprende, ya que sería algo bastante peligroso, puesto que los pueblos de esta Unión Fiscal y Supracional pronto descubrirían que ya no tienen control sobre quién asume el poder. Dudo mucho de que esta opción funcione, ya que no parece que haya ningún motivo por el que los Gobiernos nacionales deban respetar una serie de nuevas normas “vinculantes” más que las normas “vinculantes” de Maastricht, a menos que exista alguna propuesta secreta de hacerlas cumplir con violencia mediante un euro-ejército.

Un fracaso moral, intelectual y democrático

Pero aunque esta Unión Fiscal y Supranacional tenga pocas posibilidades de éxito, no hay motivo por el que David Cameron tenga que hacer que este país se comprometa con un proyecto que es un fracaso moral, intelectual y democrático. Su afirmación de que Gran Bretaña no participaría era acertada; y el motivo por el que los demás están enfadados con Gran Bretaña es que la disputa esconde el auténtico fracaso de la cumbre: que no se ha dado con una solución para los problemas del euro. Ahora lo mejor que cabe esperar es que todo el mundo se relaje y observe lo que los ciudadanos de Europa realmente piden a sus instituciones. Puede que el euro se salve o puede que no, aunque no parece posible que dentro de un año siga existiendo en su forma actual y lo mejor sería que a los griegos (y quizás a otros) se les permitiera acabar de forma ordenada con su dolor.

Pero sigue habiendo muchas cosas que la Unión Europea podría aportar a sus pueblos con problemas. En enero se cumplirán 20 años del nacimiento del “mercado único” y aún existe todo tipo de barreras no arancelarias al comercio. En este sentido, estamos intentando crear un gobierno económico de Europa pero ni siquiera se ha aprobado la directiva de servicios, que permitiría a todas las personas, desde ópticos a agentes inmobiliarios y corredores de seguros a establecerse con más libertad en otras jurisdicciones europeas. Les estamos diciendo a los griegos que Bruselas debe gestionar su economía, pero ni siquiera nos ponemos de acuerdo sobre un estándar europeo común para los enchufes.

Ahora a todo el mundo le preocupa que los demás países europeos “castiguen” a Gran Bretaña, quizás con nuevas directivas sobre los servicios financieros, con la idea de perjudicar a la City de Londres. Pues bien, en la medida en que constituye un problema, no ha empeorado con esta cumbre; y en la medida en que tenemos que hacer valer nuestras credenciales europeas, es el momento de establecer una visión positiva de una Europa que realmente ayude a las personas y a las empresas. La próxima vez que estos líderes organicen una cumbre, vamos a encerrarles hasta que acuerden una directiva de servicios y se les ocurra una idea sobre un enchufe europeo estándar.