Se trata de un nombre que se escucha, sobre todo, en boca de los filósofos, quienes abandonan súbitamente su tradicional retiro cuando les parece que los principios que representa se ven amenazados: Wilhelm von Humboldt, el eterno mito de una política educativa europea concreta [Wilhelm von Humboldt (1767-1865), padre de la universidad Humboldt de Berlín y del principio de la libre investigación y de la confrontación de disciplinas en pro del avance del conocimiento]. Todo intento de reforma del sistema educativo se percibe como una expresión de odio frente a la obra del célebre lingüista y filósofo y como una amenaza a ese lugar donde el conocimiento espiritual del mundo por simple amor a la sabiduría todavía es posible y donde el concepto de educación heredado de la Ilustración cae, hoy, víctima de la ley del mercado.

Un pensamiento mercantil de la universidad

Esos filósofos, tan locuaces, no se cansan de advertirnos contra la amenaza del pensamiento mercantil y del riesgo de reducir la universidad a un mero lugar de formación. Y siempre planea la sombra del modelo anglosajón, que distingue entre las universidades puramente orientadas a la investigación y aquéllas que consideran que su enseñanza es superior, concepción que se percibe como “amenaza constante para la universidad”.

Por el momento, somos testigos, sobre todo, de la ocupación de paraninfos, de la agitación de aulas abarrotadas y de la afluencia de alumnos alemanes acogidos por el gobierno austriaco. Las presiones financieras que se ciernen sobre la universidad, agravadas por la persistencia de un ideal completamente obsoleto y de un sistema carente de alicientes eficaces amenazan, en la actualidad, con dar al traste con el sistema universitario austriaco.

Una de las pancartas colocadas durante la ocupación del aula magna principal de la universidad de Viena [desde mediados de octubre] —“educación gratuita para todos”—resume a la perfección las reivindicaciones estudiantiles. Puesto que si la educación es una necesidad universal, alguien tiene que sufragar los gastos. Por lo tanto, es necesario algo más, algo que estremece a los partidarios de un modelo elitista: un enfoque económico del debate.

Las barreras económicas del acceso al conocimiento

Por mal visto que esté, el enfoque económico no se traduce únicamente en la difusión del concepto de racionalización, sino que se trata, asimismo, de repartir lo mejor posible unos recursos limitados, adoptar un sistema de incentivos adecuado y tener en cuenta tanto los intereses individuales de los alumnos como la necesidad de justicia social.

Austria invierte en educación superior más que la media de los países de la OCDE y la mayoría de los países europeos. Lo que falta son fuentes de financiación privadas, que en este país desaparecieron con la supresión de las tasas de matrícula [en 2008, ocho años después de su introducción en 2000]. Se creía, así, estar poniendo punto y final a las últimas injusticias sociales. Sin embargo, he ahí el quid de la cuestión, el número de estudiantes experimentó un notable aumento [entre los años 2000 y 2008], pese a las referidas tasas.

No obstante, hay una cosa que la supresión de dichas tasas universitarias no consiguió cambiar: en Austria, más que en ningún otro lugar, el logro escolar de los alumnos depende de su entorno socioeconómico. Estas barreras sociales podrían, pese a todo, compensarse con un sistema público de préstamos académicos.

Beneficios del préstamo estudiante

Sorprende comprobar que este dispositivo, adoptado por diversos países, jamás ha sido objeto de debate en Austria. En efecto, el sistema de préstamos goza de todas las ventajas que reclaman los estudiantes en la actualidad: separa sus anhelos formativos del nivel de ingresos de sus progenitores, permitiéndoles concentrarse en sus estudios sin tener que buscarse un trabajo mal pagado para subsistir, además de permitir distribuir los gastos durante un periodo de tiempo más prolongado.

Resulta fundamental desmitificar la universidad en Austria, aclarar el sistema de incentivos y buscar un programa de financiación equilibrado. Incluso los más ardientes defensores de Humboldt deberían entender que esta racionalización de la universidad no es la manifestación de una “mentalidad cerrada”, sino los cimientos de un sistema educativo moderno y propio de su época.