Todo comenzó en Polonia. Este año, las instituciones polacas, las organizaciones no gubernamentales y los medios de comunicación se han esforzado realmente por recordar a los europeos, incluidos los alemanes, que la transformación de 1989 comenzó con los cambios democráticos en Polonia. Sin lo acontecido en Polonia, no se habría producido ni el desmantelamiento del muro de Berlín ni la reunificación alemana. Pero debemos asumir el hecho de que la caída del muro, la noche del 9 de noviembre de 1989 es y seguirá siendo el principal símbolo del hundimiento del comunismo. Para un gran número de polacos, es desagradable, exasperante, incluso inaceptable, pero es la triste realidad y es nuestro deber nacional presentar pacientemente a Europa la "memoria narrativa" en versión polaca.

Son muchas las razones por las que fue Berlín, y no Varsovia, quien se convirtió en el símbolo de la caída del sistema comunista real de la versión soviética. La nueva Alemania "post-guerra fría" sin duda hizo mucho por perpetuar la imagen de una reunificación como resultado de la revolución pacífica y democrática en la RDA. El papel principal de la caída del muro de Berlín en el otoño se consolidó por su tratamiento en los medios de comunicación, como un momento único, inmortalizado por imágenes fotografiadas y televisadas. Las fotos de las personas destruyendo el muro y de su desmantelamiento representan mejor el triunfo de la libertad que las fotografías de las elecciones del 4 de junio [el primer escrutinio semi-libre en Polonia, que ganó la oposición]. Sin embargo, el principal motivo de este tratamiento "especial" de la caída del Muro de Berlín en la memoria histórica universal reside en la importancia de la división de Alemania en la política mundial tras la derrota del tercer Reich.

La reunificación alemana comenzó en Polonia

Sé que nos desagrada, pero es sólo después del momento crucial en Alemania y la presentación, a finales de noviembre de 1989, por Helmut Kohl, de su plan de reunificación en diez puntos, propuesto sin consultar previamente a Moscú, París ni Londres, ni siquiera con su propio ministro de Asuntos Exteriores, sino con la aprobación de Washington, cuando fue evidente que los cambios en Europa central eran irreversibles.

Nosotros, los polacos, tenemos nuestros motivos para seguir defendiendo nuestro discurso de primacía de la insurrección polaca sobre la de Alemania. La custodia de este discurso es un compromiso de los gobiernos y de los presidentes sucesivos, así como de las generaciones futuras. A pesar de todo, el día del aniversario de la caída del muro de Berlín, deberíamos experimentar un ambiente festivo. Después de todo, la reunificación de Alemania comenzó en Polonia, algo de lo que se acuerdan las élites alemanas gracias a nuestra ofensiva histórico-política y el derrumbe del muro de Berlín nos alejó definitivamente de la órbita de Moscú. Pero la caída del muro sin duda comenzó en Polonia.