La misma víspera, Ana Pérez, esteticista del pequeño pueblo de Salvaterra de Miño, en Galicia (noroeste de España), fue testigo de cómo una clienta llegaba a la tienda con los bolsillos repletos de pesetas. "Tenía 30.000 – el equivalente a 180 euros – y se gastó 20.000 en tres perfumes, uno para ella y otros dos para regalar", relata la joven.

El martes 27 de diciembre la jornada se presentaba tranquila, pero desde que comenzó la curiosa operación "Peseta", el pasado 1 de octubre, que en Salvaterra permite pagar todo lo que se compre, o casi todo, en la antigua moneda española, Ana Pérez ve que hay más clientes que desfilan por todos los establecimientos. Incluso se ha despertado la curiosidad de coleccionistas que le han llegado a preguntar si ha tenido en las manos viejos billetes españoles de 1949.

Al igual que Pérez, esa percepción también la comparten la óptica Sandra Ameijeira Rivas, la vendedora de electrodomésticos Fina Rodriguez o Montse Ledo, expeluquera en paro que gestiona un bar restaurante. A la cincuentena de comerciantes de Salvaterra que colaboran, esta iniciativa organizada por la asociación Unes les ha devuelto la sonrisa.

La operación "Peseta" ha llevado un rayo de luz a Salvaterra de Miño. Un pueblo encaramado en las brumas de Galicia y bañado por el río que le da nombre y al que le hacen la competencia las tiendas de la pequeña y bonita localidad portuguesa de Monçào, a apenas unos cientos de metros de distancia. Solamente hay que cruzar un puente para llegar al supermercado Continente en Portugal.

La crisis ha paralizado todo

Para Ana Pérez, cuyo novio lleva en paro un año, la operación que le ha permitido recaudar 300.000 pesetas es una bocanada de oxígeno. La tienda que abrió en junio de 2008 va tirando. Antes era una esteticista asalariada en Vigo, la capital de la región, a una veintena de kilómetros, pero quería ser su propia jefa y pensó que Salvaterra de Miño era el sitio ideal para instalarse.

Por aquel entonces, la pequeña localidad estaba en plena expansión. Se iba a crear un faraónico proyecto de "pentágono industrial", que iba a atraer a empresas como Mitsubishi, PSA Peugeot Citroën para descongestionar Vigo. Las viviendas empezaban a subir ante la llegada de miles de potenciales trabajadores. El alcalde, Arturo Grandal Vaqueiro, que lleva en el puesto treinta años, pensó que se iban a poder hacer realidad sus sueños de grandeza...

Pero a finales de 2008, Ana se dio cuenta de que las cosas no iban a salir tan bien y que tampoco irían tan rápido. La crisis empezó a hacer mella en España. El pentágono es hoy simplemente una maqueta expuesta en el Ayuntamiento. La construcción de los cinco bloques está sin acabar. Todo está paralizado.

Gracia a la "peseta", el pueblo se ha convertido, al menos por un tiempo, en la comidilla de los periodistas. "El éxito ha superado todas las expectativas", reconoce Pablo Pino, el presidente de la asociación de comerciantes Unes. La operación, que iba a durar un mes se ha prorrogado dos veces y puede que se extienda hasta el 31 de enero.

Las pesetas, en monedas o billetes, siempre que hayan sido emitidos después de 1940, pueden usarse para pagar un café, una colonia, una televisión... Se emplea el mismo tipo de cambio que en 2002, es decir, 1 euro equivale a 166,386 pesetas. Los comerciantes tienen un programa informático que les permite recalcular inmediatamente el precio y devolver en euros.

La nostalgia no ha lugar

A día de hoy, Salvaterra ha recaudado alrededor de un millón de pesetas. Y todo este maná es, tal y como explican los profesionales, un "bonus". Los clientes no son los de siempre, sino que vienen de Vigo, e incluso de más lejos, para cambiar las monedas y los billetes que tenían en sus casas del pueblo, en cajas fuertes, o en las huchas de los abuelos. Algunos las guardaban como un recuerdo, pero con la crisis, no pueden permitirse ser nostálgicos, explica Pino. La óptica Ameijeira Rivas tuvo la idea de esta iniciativa al recordar que según el Banco de España quedaban más de 1.700 millones de euros en pesetas en circulación.

Además, en este país no existe un límite de tiempo para cambiar a euros las viejas monedas y los billetes. Aún así, los españoles a menudo lo desconocen o se niegan a hacer kilómetros para convertir la "rubia", la peseta, en euros.

Con la crisis de la Unión monetaria como telón de fondo, cuando se teme cada vez más una salida del euro, la iniciativa de Salvaterra toma un cariz extraño. Mientras un 70% de los españoles considera que el euro no ha mejorado en nada, o casi nada, su vida, tal y como se recoge en una encuesta realizada por el Real Instituto Elcano y citada en El País, ¿no pone en evidencia esta oferta la fuerte subida de los precios que acompañó la llegada del euro, sin que ello supusiese un aumento equiparable en los sueldos?

Tanto Ameijeira Rivas, como el resto de los comerciantes rechazan toda malicia. "Lo que pretendíamos era dinamizar las ventas, no mostrar que volver a la peseta es algo deseable o fácil", señala. Y aunque la operación se prorrogue cada mes, nadie cree que se pueda mantener para siempre. "No reciclamos las pesetas, sino que las enviamos al Banco de España", puntualiza Pino.