Cine: “Play”, la película que sacude los clichés racistas

Una escena de "Play", de Ruben Östlund.
Una escena de "Play", de Ruben Östlund.
10 enero 2012 – Aftonbladet (Estocolmo)

¿Racista o no? La última película de Ruben Östlund ha suscitado una gran polémica en Suecia, ya que sus protagonistas, negros pobres y blancos de clase media, juegan con los prejuicios del público para cuestionarlos aún más.

Antes de ver la película Play, había leído una serie de comentarios que me habían dado la impresión de que Ruben Östlund pretendía provocar un debate sobre el racismo en lugar de ver si éste surgía o no por sí solo.

Pensaba que existía una voluntad de provocación y eso me exasperaba. Tras ver la película, creo que este debate ni siquiera tiene razón de ser. Play es obviamente una película antirracista. Pero ahora comprendo por qué Ruben Östlund prefirió protegerse a sí mismo. El debate sobre el racismo ya se había planteado antes.

Un odio fundado sobre prejuicios

Play cuenta la historia de una banda de adolescentes procedentes de las clases desfavorecidas que se sirven de los prejuicios sobre ellos mismos (son negros) para extorsionar a niños de buenas familias perdidos en la gran ciudad. Los ladrones juegan con los prejuicios de sus víctimas y el realizador con los de su público, aunque es difícil saber de parte de quién se está.

Al principio de la película, yo estaba de parte de los jóvenes de las afueras de la ciudad, pues es el entorno del que procedo, pero me quedé estupefacta cuando la toman con uno de los suyos. Y luego sentí pena por esos chicos frágiles de buena familia y contuve la respiración por ellos, hasta la escena en la que un padre de clase media se toma la libertad de maltratar al agresor de su hijo, explicándole que lo hace por su bien.

En mi opinión, este padre no es muy distinto a los que pidieron la exclusión de Zlatan [Ibrahimović] del Malmö FF, un incidente que el futbolista trata en varias ocasiones en su autobiografía [el jugador nacido en Suecia, de padres yugoslavos, es uno de los mejores jugadores del equipo nacional].

Durante esta escena es donde pierdo mi autocontrol y cedo a un odio irracional hacia esta clase, un odio basado en mis prejuicios existentes. Es en ese momento cuando dejo de "jugar". Y por ello precisamente Play es una película magistral.

Salen a relucir todos nuestros prejuicios y llega un momento, que se produce antes o después según la persona, en el que el "juego" llega necesariamente a su fin. Los prejuicios residen en la mirada del telespectador y Ruben Östlund nos da la libertad de elegir el momento en el que pulsamos stop o play.

El reflejo de la Suecia de hoy en día

Creo que Ruben Östlund es la estrella que faltaba desde hacía tiempo en el firmamento del cine sueco. Alguien que sigue su propio camino artístico y al mismo tiempo habla de su época. Alguien que se atreve, a pesar de la esperada acusación de racismo, a describir una sociedad de clases cruel en la que un grupo de suecos extorsiona a otros suecos.

En mi opinión, la película trata sobre todo de las clases, un tema que pocas personas quieren abordar, a diferencia del racismo. Todos los adolescentes de la película hablan sueco y no se trata de una cuestión de razas o de origen étnico, criterios que permiten catalogar tan fácilmente a un grupo en función de su origen y no de su clase social: en lugar de ver a unos suecos sin dinero y sin esperanzas, vemos a unos negros.

El debate sobre las clases sociales está influido por la etnicidad hasta tal punto, que cada vez con más frecuencia las desigualdades se analizan a través del prisma del origen étnico en lugar de la perspectiva de la clase social.

El preestreno sueco de la película tuvo lugar en el teatro Backa Teater, en el barrio de Hisingen, en Gotemburgo y el público reflejaba el formidable crisol que constituye Suecia en la actualidad. Cualquier cosa menos una sociedad blanca y autosuficiente. La película ha seguido en el cartel del teatro para que la vean los colegios de Gotemburgo, cuyos habitantes son originarios de [casi] 200 países y ha suscitado debates sobre la pobreza, el miedo, la segregación y el odio.

Por lo tanto, Ruben Östlund ha realizado precisamente lo que algunos de sus detractores le acusan de no haber hecho: ha asumido sus provocaciones y ha proyectado una película ante unos jóvenes que nunca hubieran ido a ver una película de arte y ensayo.

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