Todo comenzó cuando los oficiales belgas de aduanas empezaron a examinar los registros de remesas de docenas de gigantescos camiones cisterna que trazaban un extraño recorrido triangular por Europa. Estos camiones, cada uno de ellos cargado con 22 toneladas de azúcar líquida, pasaban por ocho países y cubrían una distancia de aproximadamente 4.000 kilómetros desde una refinería de azúcar en Bélgica hasta Croacia y vuelta, en vez de optar por la carretera más directa, con unos 1.500 kilómetros de recorrido. Durante su trayecto, los camiones realizaban una breve parada en Kaliningrado, un lúgubre y transitado control fronterizo de Rusia situado en el Mar Báltico.

De repente, el triángulo del azúcar empezó a cobrar sentido. En los registros de las empresas, figuraba como destino Rusia y no Croacia. No obstante, esta parada suponía que los cargamentos de azúcar tenían derecho a percibir pagos especiales de una cantidad considerable —conocidos como desgravaciones a la exportación— por parte de la Política Agrícola Común de la Unión Europea (PAC). Según los investigadores, por esta ruta han desfilado unas 200 remesas a lo largo de tres años, embolsándose así 3 millones de euros en reembolsos a favor de la azucarera belga Beneo-Orafti. En primavera, decenas de investigadores belgas y europeos irrumpieron en las oficinas de la empresa, congelaron la mitad de los reembolsos e iniciaron una investigación que podría costarle a la firma el millón y medio de euros restante y puede que incluso más.

Un bote de galletas a la espera de su ladrón

En opinión de los expertos, en el dadivoso programa europeo de subvenciones —que canaliza más de 50 mil millones de euros al año en ayudas a la agricultura— ninguna materia prima está más expuesta al fraude, las argucias y las infracciones normativas que el mero azúcar de uso doméstico. En un sector que vale 7.000 millones de euros, el pasado año la UE destinó 475 millones de euros a respaldar el precio del azúcar. A continuación, aportó otros 1.300 millones de euros a modo de ayudas de reestructuración con vistas a reformar un régimen de subvenciones tan generoso que incluso impulsó a la gélida Finlandia a empezar a producir más azúcar. Con tanto dinero en juego, los críticos y algunos analistas afirman que el sistema de subvenciones del azúcar es como un bote de galletas a la espera de su ladrón. La Oficina Europea de Lucha contra el Fraude, denominada OLAF, publicó que, de 2005 a 2008, 67 millones de euros en subvenciones al azúcar se vieron afectados por irregularidades y fraudes.

Muchos países se han enfrentado a sanciones de varios millones más durante los últimos años debido a la escasa precisión de las inspecciones realizadas en el ámbito azucarero. En 2008, OLAF persiguió 34 casos de fraudes azucareros por valor de 4.400.000 euros, una cifra que describen como la punta del iceberg, porque muchos de los planes pasan desapercibidos. Desde hace tiempo sus detractores alegan que el sistema de subvenciones europeo distorsiona el mercado, desviando la competencia y encareciendo los precios. Se trata de una cuestión especialmente cierta en el caso del azúcar, que Europa lleva comercializando aproximadamente al doble del precio del mercado mundial desde hace casi veinte años. Los precios del azúcar europea son los mayores per cápita de todo el mundo, pero los investigadores aducen que el fraude y las infracciones normativas también contribuyen de manera significativa al incremento de los costes debido a los millones que se pierden en ingresos no percibidos y en el pago de subvenciones inmerecidas

¿Desea té en su azúcar?

Las azucareras afirman que el sistema bizantino imperante en la Unión Europea por el que se rigen sus actividades invita a la confusión. "Es muy complicado" y difícil de entender, dice Dominik Risser, portavoz del Grupo Südzucker, sociedad alemana que se ha erigido como el gigante europeo del sector con 40 fábricas en 10 países, incluidas las de Beneo-Orafti. Südzucker, cuyas filiales han percibido este año subvenciones de la agricultura por valor de casi 448 millones de euros, se niega a hacer declaraciones sobre el caso Beneo-Orafti.

Europa es consciente del problema que tiene con el azúcar y ha estado iniciando reformas destinadas a reducir las subvenciones al sector y el fraude inherente. Quizá el ardid más utilizado para engañar al sistema consiste en mezclar azúcar de caña barata procedente del extranjero con azúcar de remolacha europea, reduciéndose así los costes e incrementando el volumen. A menudo, las empresas que adoptan estas prácticas falsean el país de origen del azúcar, algo ilegal. Estas mezclas se extienden a híbridos exóticos: azúcar adulterada con un poco de té y cacao, lo que permite a los exportadores declarar sus productos como alimentos procesados y, por ende, pagar menos tasas aduaneras o directamente evitarlas.