Demos un pequeño paso atrás: en 1995, las negociaciones de paz de Dayton dieron como resultado una fórmula que puso fin a la guerra de Bosnia (1992-1995). Sin embargo, este compromiso no ha bastado para propiciar una evolución democrática y constitucional. El país sigue dividido según líneas de fractura étnicas y la comunidad internacional no ha creado ningún mecanismo que permita adaptar la Constitución bosnia surgida de Dayton a las nuevas realidades.

Por un lado, dicha Constitución legitima la división de Bosnia-Herzegovina en dos entidades: la “República Srpska”, serbia, y la “Federación de Bosnia y Herzegovina” (federación croato-musulmana). Pero por el otro otorga a los nacionalistas un margen excesivo para imponer vetos si consideran amenazados sus intereses. La Constitución actual impide así el desarrollo de una cultura del compromiso, cuestión sin embargo de una importancia vital para superar las próximas etapas de la integración en la Unión Europea.

La estrategia de Carl Bildt siembra dudas

Todos estos elementos contradicen el espíritu de las normas (relativas a los derechos del hombre) presentes en las constituciones europeas. A pesar de ello, la reforma de la Constitución ha hecho que se planteara la cuestión decisiva, es decir, la de si el país podrá o no integrarse a largo plazo en la UE. Sin embargo, la forma como se han llevado las negociaciones hasta el momento ha hecho surgir dudas legítimas respecto a la estrategia del antiguo alto representante en Bosnia, actual ministro de Asuntos Exteriores, el sueco Carl Bildt, así como respecto a la competencia de Bruselas en materia de política exterior. Por ejemplo, deberían haber sabido que varios políticos bosnios se opondrían a cualquier tipo de modificación de la Constitución. Así, Milorad Dodik, primer ministro de la “República Srpska”, anunció desde antes mismo del comienzo de las negociaciones que consideraba superflua la nueva Constitución.

El debate en torno a la cuestión de los visados revela qué es lo que le importa realmente a Dodik, detrás de toda su retórica xenófoba y nacionalista. Para obtener la luz verde de Bruselas para que se simplifique la obtención del visado para los bosnios, el Parlamento federal debe aprobar previamente una ley contra la corrupción. Ésta debe ser aprobada a su vez por las dos entidades que componen Bosnia, de modo que Dodik y sus partidarios pueden bloquear la ley aun cuando la mayoría de los parlamentarios federales sean favorables a ella. La ley anticorrupción molesta a Dodik porque está personalmente implicado en numerosos escándalos.

La UE ha perdido su oportunidad

La UE debería haber tenido en cuenta todos estos elementos antes de organizar unas nuevas negociaciones. Además, abrir un debate en torno a la Constitución sin que haya tenido lugar previamente un debate en el seno de la sociedad es un procedimiento discutible. Bildt ni siquiera ha consultado a laOficina del Alto Representante (OHR), la institución internacional más importante del lugar, con lo que devalúa de paso este elemento crucial para la estabilidad del país. En efecto, cuando este proceso termine la OHR habrá perdido todo su poder. Por otro lado, el giro que ha tomado el asunto ha inquietado profundamente a la población bosnia y a los no nacionalistas: últimamente se ha hablado incluso, aunque ciertamente de un modo un poco histérico, de la posibilidad de una nueva guerra.

El fracaso del debate en torno a la Constitución dará como resultado un Estado bosnio aún más débil que el actual. Los nacionalistas mafiosos, los jefes religiosos controvertidos y los políticos corruptos dispondrán así de un margen de maniobra aún más amplio para seguir manipulando a una población indefensa y empobrecida, que se halla totalmente a su merced. La UE y Carl Bildt, lamentablemente, han echado a perder su oportunidad.

Las únicas esperanzas restantes se centran en la sociedad civil en desarrollo, en los Estados Unidos y en el equipo nacional de fútbol, cuya clasificación para el Mundial podría cambiar seriamente muchas cosas.