En las terrazas de Ámsterdam, a partir de ahora está prohibido beber cerveza mientras se permanece de pie. Como protesta, este verano miles de personas se pusieron a beber cerveza de pie en el Noordermarkt. A mediados de noviembre, tuvo lugar una nueva manifestación en el Dam, la plaza central de la ciudad, contra las medidas que están convirtiendo a la capital en una ciudad de "carrozas". Al mismo tiempo, se inició en la ciudad un debate tras la retirada de la licencia del "Stubnitz", un antiguo navío alemán del este transformado en centro cultural itinerante, atracado actualmente en el puerto de Ámsterdam.

Se encargaron de organizar el debate varias asociaciones culturales alternativas que temen la prohibición en la ciudad del espacio dedicado a las subculturas. "Ámsterdam quiere ser considerada una metrópoli creativa", afirma Hay Scheepmakers, uno de los iniciadores del debate, "pero toda la atención se centra en la corriente principal, mientras que cada vez resulta más difícil el desarrollo de los que están al margen". En su opinión, una "metrópoli cultural" también debe crear espacios para estos grupos y cita a título de ejemplo el festival de arte Robodock, que se esfuerza por encontrar un lugar, y el NDSM, un antiguo astillero naval convertido en centro cultural alternativo [en él trabajan 250 artistas de todos los ámbitos artísticos], que se ha vendido a un promotor inmobiliario.

La manifestación en el Dam contó con el apoyo de una parte de los restauradores y dueños de cafés de la ciudad. ¿Estamos ante el nacimiento de una nueva alianza diabólica contra los que quieren hacer de Ámsterdam una ciudad trasnochada? Según Scheepmakers: "Sin duda existen intereses comunes. Tanto si se trata de licencias para hoteles, restaurantes o puestos de bebidas, como de autorizaciones para un evento cultural, se observa que el ayuntamiento cada vez es más estricto en la aplicación de las normativas. El alcalde, Job Cohen, no deja de hacer mención a la ‘tolerancia cero’, y esto acaba repercutiendo en la forma con la que los funcionarios del ayuntamiento vigilan todo lo que sucede en el espacio público".

Carolien Gehrels, adjunta encargada de Cultura, no se siente aludida: "La normativa sobre la permanencia de pie en las terrazas ya existía desde hacía siglos. Lo que ha aumentado el problema es la prohibición de fumar [en el interior de los lugares abiertos al público, introducida en 2008]". Y en su opinión Ámsterdam sigue siendo una "ciudad animada y tolerante". "Hemos aumentado en 12 millones el presupuesto destinado al programa de acción artística, el llamado Kunstenplan. Precisamente gracias a él numerosas subculturas han podido desarrollarse en Ámsterdam", afirma, "por ejemplo, el centro cultural instalado en el antiguo edificio del diario De Volkskrant". Hay Scheepmakers, encargado de la gestión de este centro, destaca que es precisamente un caso emblemático de la "normalización" de Ámsterdam: "El café del interior del centro tuvo que cerrar, debido a pequeñas irregularidades. En otros tiempos, podríamos haber encontrado una solución negociando con las autoridades. Pero ahora, el ayuntamiento simplemente nos da la impresión de que no desea apoyar este tipo de proyectos culturales".