En un principio, podríamos pensar en un ajuste de cuentas político entre rivales. El conservador Boïko Borissov, nuevo primer ministro búlgaro, le reprochó a su predecesor, el socialista Sergueï Stanichev, haber hecho desaparecer en 2008 el primer informe secreto de la DANS (Agencia de Estado para la Seguridad Nacional). De este modo, Stanichev podría haber avisado con tiempo a los miembros de su gobierno a los que se acusaba de corrupción en ese informe (el cual debería haber permanecido en secreto). La justicia ha intentado iniciar acciones legales contra Stanichev y la persona (aún anónima) que desveló el contenido de ese informe.

Esto no hace más que confirmar lo que los medios de comunicación y los gobiernos occidentales sabían desde hacía tiempo y lo que Sofía se esforzaba en minimizar: en un país donde reina una corrupción sin límites y existe una profunda connivencia entre la clase política y las redes criminales, la malversación sistemática de los fondos de la Unión Europea con el beneplácito de los más altos responsables políticos es una realidad. Sorprende que fuese el propio Stanichev quien, en 2008, puso en marcha la creación de la DANS, después de los escándalos que estallaron en el seno del Ministerio del Interior, y tras los que salieron a la luz las relaciones entre numerosos funcionarios y el hampa, empañando la reputación de Bulgaria en todo el mundo y acarreando una reducción de las subvenciones de la UE.

Malversación de fondos de la UE

La opinión pública búlgara parece estar bastante perpleja: ¿se contenta la DANS con desvelar la imagen de la cruda realidad búlgara, o juega esta institución (tal y como afirma Borissov) el papel de “policía política” personal de su predecesor? Sin embargo, la irritación del primer ministro podría tener otro origen ya que el informe de seguridad relativo al primer semestre de 2009, lejos de permanecer confidencial, ha vuelto a salir a la luz una vez más… a pesar de que un gran número de periodistas haya tenido que asegurar por escrito que no lo publicaría. El contenido vale su peso en oro: la malversación de fondos procedentes de la UE, que apunta esencialmente al sector agrícola, se lleva a cabo con la ayuda de los funcionarios del fondo soberano búlgaro, funcionarios que muestran cierta propensión a la corrupción y cuyas labores no están, por así decirlo, sometidas a ningún control.

Para optar a las codiciadas prebendas de la UE, se habría, entre otros, destruido o falsificado documentos, o incluso presentado títulos de propiedad a nombre de personas fallecidas. Un maná económico del que no sólo los búlgaros se habrían beneficiado. Los griegos y los turcos también habrían comprado o alquilado gigantescos terrenos por mediación de testaferros búlgaros, ya que las subvenciones de la UE se calculan en base a superficie. En el sector de la sanidad, médicos y hospitales se inventan pacientes ficticios y redirigen las ayudas a otras inversiones. Los laboratorios farmacéuticos privados se aprovechan de su posición de monopolio para imponer precios más elevados, interrumpiendo el envío de medicamentos vitales.

Antenas de Hezbolá en territorio búlgaro

Los estafadores han recurrido a todos los ardides. Los empresarios culpables de malversación de fondos o de haber arruinado sus empresas por su mala gestión, transfieren la propiedad de sus sociedades acribilladas de deudas a desfavorecidos, casi siempre gitanos. De esta manera, rehúyen su responsabilidad y evitan el posible embargo de sus capitales privados. Se entiende fácilmente que el blanqueo de dinero sea tan habitual en un país con leyes tan prácticas, donde la justicia está aislada y el aparato del Estado infiltrado por los mafiosos. El crimen organizado sigue en las mismas y las extorsiones, los secuestros y las amenazas forman parte desde hace años del día a día búlgaro. Otro tema de preocupación: se observan los primeros signos de terrorismo transfronterizo. Organizaciones chiitas como el Hezbolá libanés habrían organizado ya células en territorio búlgaro.

De aquí a fin de año, Borissov debe salir de este atolladero si quiere que su gobierno ofrezca una imagen menos negativa que la de su predecesor. Porque incluso el pueblo búlgaro comienza a perder la paciencia ante la pasividad de sus políticos. Si el próximo informe no es un poco más positivo, las relaciones con la UE corren el riesgo de enfriarse notablemente. Bruselas no podrá más que preguntarse de nuevo cuáles son los criterios por los que en 2007 se aceptó la adhesión de Bulgaria, que se disputa con Rumanía el título del Estado más corrupto de la Unión. Desde un punto de vista realista, el primer ministro no tiene más opción que elegir entre el cierre anunciado de esta molesta agencia y el reajuste político, a menos que obtenga la seguridad absoluta de que los próximos informes se quedarán ocultos bajo llave en los cajones de la institución.