La reciente decisión del CaféTeatret de crear la obra Manifest 2083 ha generado ira e indignación. Nos han acusado de seguirle el juego a Anders Behring Breivik y de mostrarnos insensibles ante los seres queridos de las víctimas. Los políticos han expresado su desacuerdo.

Como es evidente, estas reacciones nos han impresionado y nos hemos preguntado si tenemos razón. La tragedia de la isla de Utoya [el 22 de julio de 2011] constituye sin duda el suceso más siniestro que se ha producido jamás en Escandinavia.

Este crimen inconcebible no solo costó la vida a 77 personas, sino que además traumatizó y arruinó la vida a sus allegados. Sé que las familias se enfrentan a un dolor, a sentimientos y a pensamientos que nosotros, a los que la tragedia no nos ha afectado directamente, no podemos sentir en nuestra propia carne y que deben ser terriblemente duros de sobrellevar.

Tan solo espero que tengan suficiente fuerza interior, amigos cercanos y ayuda en su trabajo para que un día el dolor les resulte más soportable.

Comprender la atrocidad

Pero los demás ¿qué hacemos? Nosotros, que no somos seres queridos de las víctimas, ni noruegos, que estamos fuera, pero que nos afecta igualmente lo sucedido, ¿qué hacemos?

¿Qué hacemos con nuestra ira, nuestro dolor, nuestra frustración y nuestra gran pregunta: '¿cómo ha podido suceder algo así?'? En nuestra cultura ¿qué es lo que ha podido impulsar a un nombre con una vida relativamente normal como Breivik a abandonar las reglas del juego democrático para iniciar un proceso de radicalización deliberado y meticulosamente calculado? ¿Cuáles pueden ser su modo de pensar y su visión del hombre? ¿Y de dónde proceden?

Diferentes escritores, periodistas y analistas examinaron e intentaron responder a estas preguntas, basándose en el manifiesto de 1.518 páginas. Tienen derecho a hacerlo. ¿Acaso el teatro no puede, mediante la lectura del manifiesto de Breivik y con ayuda de las herramientas críticas y analíticas del arte teatral, examinar estas mismas preguntas?

¿No es precisamente la misión del arte permitir comprender cómo ha podido perpetrarse un acto tan atroz? ¿No es un espacio colectivo como el teatro el lugar idóneo para hacerlo?

Nadie le pudo contradecir

Comprendo perfectamente que reaccionen con ira los seres queridos de las víctimas a los que se les dé un micrófono y se enteren de que un dramaturgo “controvertido” va a escenificar el manifiesto de Anders Behring Breivik. Pero me molesta que se enteren de mi proyecto a través de periodistas al acecho de un buen artículo.

En cambio, me resulta preocupante que tantas personalidades políticas muestren la necesidad de reaccionar ante algo que no conocen.

Pia Kjærsgård, líder el Partido Popular Danés [de extrema derecha], calificó en varias ocasiones el proyecto de “vergonzoso”, pero precisamente en el manifiesto se cita a este partido y a su programa político, por lo que Pia Kjærsgård forma parte, de manera involuntaria, del universo de Breivik. Por lo tanto, también debería tener curiosidad por comprender el funcionamiento de los procesos de radicalización.

Uno de los motivos que hacen que el manifiesto de Breivik sea tan preocupante y que explica quizás que reaccionara como lo hizo, es que nadie le pudo contradecir.

Porque parte de sus preparativos consistieron en ocultar sus intenciones y no expresarse, acallando sus pensamientos y sus proyectos asesinos. No creo que sea sensato silenciarlo. Al contrario, creo que hay que revelarlo.

Desde que iniciamos el proyecto, hemos estado en contacto con investigadores que estudian el radicalismo de la derecha. Algunos de ellos participarán en los seminarios que vamos a organizar al margen de la representación. El objetivo es precisamente adquirir conocimientos y compartirlos.

Denunciar un modo de pensamiento político

No queremos de ningún modo servir de portavoces de Anders Breivik. Más bien al contrario. La obra es una expresión artística crítica y subjetiva cuyo fin es exponer un modo de pensamiento que ni mucho menos Anders Breivik es el único en practicar.

Por toda Europa, han surgido grupos que pertenecen al radicalismo de la derecha y es nuestro deber, ante nosotros mismos, nuestra democracia y nuestros conciudadanos musulmanes, estudiar la ideología xenófoba que constituye la base de la acción fatídica de Breivik.

Debemos convencernos de que esta tragedia, lejos de ser la obra de un imbécil, es un acto político. Si damos la espalda y dejamos que el manifiesto caiga en el olvido, tal y como propuso un responsable político danés, perderemos la oportunidad de comprender y por lo tanto de alejarnos de ello con conocimiento de causa e intentar evitar que se vuelva a repetir.

Puede que el momento elegido no sea el adecuado y que no haya transcurrido mucho tiempo. Pero no sé cuál sería el momento idóneo ni quién debe decidirlo.

Por ello, me ha parecido necesario iniciar la lectura del manifiesto 2083 para comprender, aunque sea solo un poco mejor, a qué nueva forma de terrorismo corremos el riesgo de enfrentarnos en el futuro.

No creo que podamos esperar varios años para trabajar en una forma artística sobre el nuevo terrorismo. ¿Acaso no debemos pensar en nuestros seres queridos, que puede que mañana sean las víctimas de una nueva tragedia?