"Los líderes dedican gran parte del tiempo de sus cumbres a discutir cómo sacan la patita que han metido en la cumbre anterior", susurra un protagonista en la alta política de la UE.

La inanidad de las circulares y recidivantes discusiones sobre Grecia, Portugal o el tamaño del fondo de rescate ratificó ayer lo difícil que es sacar la patita. Hincada al menos desde que Merkel y Sarkozy liberaron de la botella (Deauville, 19 de octubre de 2010) al duende de la quiebra de un socio, oculto en la quita (merma del valor de los bonos) a sus acreedores privados. El cónclave hizo dos magnas contribuciones a la secuencia de empecinamientos: la luz verde a un contrahecho Tratado de Estabilidad y el endoso de un plan de crecimiento económico que no es un plan. Una tomadura de pelo. ¿O solo lo parece?

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