“Victoria, el orgullo de Bielorrusia”. Así es como comenzaba la carta de felicitación del presidente Alexander Lukashenko. Pero el líder no mencionaba que la jugadora de tenis bielorrusa Victoria Azarenka ganó 1,7 millones de euros en sólo dos semanas y que jamás lo habría conseguido si no hubiera salido de Bielorrusia en primer lugar.

La noche del sábado 28 de enero, Azarenka ganó el Abierto de Australia, el primero de los cuatro torneos de Grand Slam de este año, los eventos más importantes del tenis internacional, al derrotar a la rusa María Sharapova en dos sets por 6-3, 6-0. Azarenka, de 22 años, lidera ahora la clasificación mundial del tenis y ha pasado a formar parte de las grandes celebridades del tenis como Steffi Graf o Martina Navratilova.

“La Patria te agradece tu gran logro, que quedará inscrito para siempre en la historia del deporte bielorruso”, escribió el presidente Lukashenko. Además, concedió a Azarenka la Medalla de la Patria, una de las más altas distinciones del país, hasta ahora reservada a los héroes de guerra más que a los atletas.

Lukashenko elogia y felicita a la tenista, aunque Azarenka es un símbolo del éxito logrado lejos de su país natal. Nació en Minsk y comenzó a jugar al tenis con siete años. Su madre, Alla, trabajaba como instructora en el principal club de tenis de la capital.

La publicidad beneficia al régimen

En la antigua Unión Soviética, el tenis era una disciplina menos popular que las artes marciales, el hockey sobre hielo y el fútbol, pero la nomenklatura apreciaba especialmente este deporte, ya que podían pagar el equipamiento y las clases. En Bielorrusia, el tenis goza de cierta popularidad gracias a algunos éxitos internacionales: la finalista de Wimbledon en 1988 Natasha Zvereva, el semifinalista Vladimir Volchkov y Max Mirnyi, uno de los principales jugadores de dobles del mundo. Todos son de Bielorrusia.

Para triunfar internacionalmente, los jugadores de tenis tienen que poder viajar por todo el mundo, por ello se les permitía ir al extranjero incluso en la era soviética y, en algunos casos, también entrenaban fuera de su país. Mirnyi se trasladó a Florida y Azarenka, como principal jugadora junior con 14 años, se fue a Scottsdale, Arizona.

Allí recibió la ayuda del jugador profesional ruso de la NHL [la liga norteamericana de hockey sobre hielo] Nikolai Khabibulin, que entonces vivía en Phoenix y a quien la madre de Azarenka conocía desde los tiempos soviéticos. Khabibulin, estrella de la NHL y millonario, ofreció a esta jugadora de gran talento una beca y alojamiento. Sin su ayuda, la carrera de Azarenka probablemente habría sido más complicada, ya que gracias a varias temporadas de entrenamiento con instructores estadounidenses la tenista desarrolló el estilo ofensivo con el que hoy gana en la pista.

En Estados Unidos, las cosas fueron muy deprisa para Azarenka: se convirtió en la jugadora junior número uno del mundo a los 17 años y unos años después ganó sus primeros torneos profesionales en Brisbane, Memphis y Miami.

Tras ganar su primer millón de dólares, se trasladó con su familia a Montecarlo. Las autoridades bielorrusas no se lo impidieron, porque Azarenka ya se encontraba entre las principales jugadoras de tenis del mundo y la publicidad aportaba más beneficios que perjuicios al régimen de Lukashenko.

No habla sobre cuestiones políticas

En Mónaco, Vika, que es como la conocen, vive cerca del número uno del tenis masculino Novak Djokovic y, como él, no paga impuestos. Es algo importante, pues ya ha ganado 2,3 millones de dólares jugando al tenis. Su entrenador es francés, la representa una agencia estadounidense y entre sus patrocinadores se encuentran Nike, Rolex y otras marcas que en su país están sólo al alcance de unos pocos.

Nunca ha tenido problemas con el régimen y, a diferencia de Martina Navratilova o Ivan Lendl, que rápidamente cambiaron sus pasaportes del bloque soviético por unos estadounidenses, sigue jugando bajo la bandera bielorrusa, asiste a los partidos del equipo nacional, visita Minsk (principalmente por motivos sociales) y hace algún tiempo jugó allí un partido benéfico contra Karolina Wozniacka.

Cuando los periodistas extranjeros le preguntan sobre Bielorrusia, siempre dice cosas amables, habla sobre su abuela, una profesora de preescolar que trabajaba tanto, que la obligaron a que se jubilara, o que “el país es un lugar limpio y la gente es honesta y esmerada”. Nunca hace comentarios sobre cuestiones políticas.

Lukashenko le ha agradecido su amabilidad. La invita a Bielorrusia cada vez que logra una importante victoria y presume de ella, aunque se ha mantenido alejado de sus familiares y de sus dólares.