No cabe ninguna duda, el país debe permanecer en la zona euro. Cualquier otra perspectiva sería una tragedia. Que algunos comparen las dificultades que atraviesa la sociedad ahora con las de una quiebra descontrolada revela únicamente superficialidad política. Y una política seria es la que, fuera de toda consideración partidista, tuviese en cuenta también los matices.

La “división maniquea” es mala consejera. Con respecto a esta noción, estar “dentro o fuera” del euro no es la pregunta que debería plantearse. La respuesta que daría cualquier ciudadano consciente sería “estar dentro”. Aunque la verdadera pregunta es, más allá de su crudeza inadmisible, si el nuevo plan de austeridad que nos han impuesto los acreedores, con todo lo que ello conlleva de positivo y negativo, nos ayudará a salir de la crisis o es el camino más corto hacia una quiebra descontrolada.

Efectos nefastos

En el fondo, se nos exige una extrema devaluación interna que, en el contexto actual de nuestra economía, acarreará más efectos nefastos que beneficiosos. De forma general, todo plan económico sin viabilidad social, con una quiebra incontrolada y un paro que se cierne sobre la población activa, no puede estabilizar ni reactivar la economía, y aún menos constituir un nuevo modelo productivo enfocado hacia el exterior.

Con una ligereza increíble, “pinchamos las ruedas” al asegurar que, de alguna manera, el coche no irá más rápido en 2012 o en 2013. Y lo que es peor, cuando se lo señalamos a quienes han llevado al país en este callejón sin salida, nos responden: “Entonces dennos una solución de recambio”, como si su solución fuese viable y seria.

Ante el contexto de las negociaciones con el resto de los Estados miembros, temo que no haya solución. Las responsabilidades del sistema dominante son inmensas. Incluso ahora, transcurridos dos años, no existe todavía un plan realista para sacarnos de la crisis que pueda apoyar el conjunto de la clase política. La troika nos lo da ya preparado y nosotros negociamos para nada…

Por otro lado, está la responsabilidad de Europa. Los alemanes han “tensado demasiado la cuerda”. Su plan está configurado de modo que ni Grecia ni ningún otro país puedan soportarlo. Alemania tendrá problemas pronto. Nosotros debemos aguantar. Los cambios en el “plan de rescate de Grecia” son inevitables, con nuevas intervenciones en la deuda, el préstamo [de la UE y del FMI] y la lucha contra la recesión…