Muchos habitantes de Rudbārži, una población al oeste de Letonia, están preocupados. Lo que les inquieta no es el referéndum del 18 de febrero sobre la oficialidad o no del idioma ruso, pues para ellos hace tiempo que el debate se zanjó, sino más bien la factura de la calefacción, que promete ser elevada por la ola de frío.

“Al principio sentí pánico, pero ahora todo este debate me cansa", afirma sobre el referéndum Maija, profesora de 55 años. "Ya no quiero hablar de ello. Tengo intención de votar en contra, porque la mera idea de un segundo idioma [oficial] es inaceptable”. Según Maija, si en Letonia hubiera dos idiomas oficiales, el Estado letón perdería toda su razón de ser.

El "exotismo" de la lengua letona

El pasado otoño, un funcionario llegó a Rudbārži para recoger firmas a favor de la organización de este referéndum. No logró ninguna. Por lo tanto, es evidente que aquí, el 18 de febrero, los votos a favor serán escasos, ya que la localidad no cuenta con ningún ruso y los que saben hablar este idioma son sólo unos pocos. Los alumnos de Maija apenas conocen una palabra en este idioma. “¿Qué harán si el ruso se convierte en idioma oficial? ¿Aprenderlo para poder seguir viviendo en su país?”, se pregunta Maija, indignada.

A varios cientos de kilómetros hacia el este, la situación es totalmente distinta. Si estos mismos alumnos de Rudbārži tuvieran que irse a Daugavpils, segunda ciudad de Letonia, sólo podrían comunicarse en letón con las autoridades locales, las únicas personas obligadas a dominar esta lengua.

Porque aquí, en Daugavpils, incluso hacer la compra se convierte en una tarea complicada si no se habla ruso: a muchos habitantes de esta ciudad, el idioma letón les parece casi exótico.

“Yo no hablo letón y me las arreglo muy bien sin él. Aquí todo el mundo habla ruso”, afirma Aleksandrs Rasevskis, uno de sus habitantes. “En la farmacia, todos los rótulos están en letón y no lo entiendo”, dice otro que explica por qué votará a favor de que el ruso se convierta en el segundo idioma del país.

Como en su caso, el ruso es el idioma materno de la mayoría de habitantes de Daugavpils. Esto también explica por qué 28.000 de ellos firmaron para que se celebrara este referéndum, ya que la ciudad es la segunda más importante después de Riga: en la capital, 90.000 personas (de un total de 183.000 en todo el país) firmaron para que tuviera lugar el referéndum.

Para que el ruso pueda convertirse en idioma oficial, habría que cambiar la Constitución letona. Ahora bien, esto exigiría obtener 771.000 votos 'a favor' [es decir, el 50% del electorado letón. La minoría rusófona representa el 33% de los electores].

Un referéndum simbólico

Un resultado que parece improbable. Nils Usakovs, alcalde de Riga, que sin embargo había firmado a favor del referéndum, cree paradójicamente que en Letonia basta con un solo idioma oficial. En su opinión, el alcance de este referéndum sería más bien simbólico: se trataría de saber cuántas personas en Letonia se oponen a la política lingüística actual, que es muy estricta.

Vladimirs Lindermans, precursor del referéndum y líder de la organización Dzimta valoda (Idioma materno) lanzó recientemente una campaña para incitar a los letones de pura cepa a que no participaran en la cruzada contra el idioma ruso: “Nosotros [los rusófonos] no somos visitantes de paso, ni extranjeros, ni ocupantes. Los rusos de Letonia están dispuestos a trabajar para Letonia, pero es necesario que tengan los mismos derechos y que no sean considerados ciudadanos de segunda categoría”.

Según Lindermans, recoger las firmas de apoyo al idioma ruso es una respuesta a la campaña “Todo por Letonia”, lanzada el pasado verano por el partido gubernamental letón y cuyo objetivo es modificar la Constitución para que el letón se convierta en el único idioma enseñado en los colegios públicos [sobre todo rusófonos].

¿Qué estrategia pretenden adoptar los políticos letones con respecto a este referéndum: pedir a la gente que hagan caso omiso del mismo o instarles a votar en contra? El presidente Andris Berzins, que había anunciado que se abstendría, hace poco cambió de opinión al afirmar que los letones simplemente tienen que votar según su conciencia.