Puede que Herman Van Rompuy tenga una imagen de ratón gris. Pero en este periodo de crisis, el más grave que ha conocido Europa desde hace mucho tiempo, el presidente de Europa ha logrado renovar su mandato sin que suscite la más mínima polémica.

Según ciertas fuentes de Bruselas, la semana que viene [durante el Consejo Europeo del 1 y el 2 de marzo], los dirigentes europeos volverían a elegir a Herman Van Rompuy para la presidencia durante un periodo de dos años y medio [fue nombradoen diciembre de 2009].

Cuando nos encontramos a Herman Van Rompuy, de 64 años, lo que sorprende sobre todo es la calma que irradia. Se ha instalado en un edificio con ascensores vetustos y paredes oscuras.

Le resbalan las intrigas

En el resto del edificio, diplomáticos procedentes 27 países intentan negociar entre ellos, con grandes dificultades, a veces con gritos, cómo salir de la crisis. El Norte y el Sur están diametralmente opuestos. Dominan los intereses nacionales y las emociones. Pero a Herman Van Rompuy parece que le resbalan las intrigas.

Herman Van Rompuy cultiva su imagen de “ratón gris”. Es algo que le conviene. Pero en realidad, es todo lo contrario. Es una persona abierta, le encanta beberse una cerveza y sabe cómo hacer que la gente se sienta cómoda, a pesar de mostrar cierta rigidez.

Motiva a sus colaboradores como nadie, de hecho, todo el mundo en Bruselas quiere trabajar para él. Pero es igualmente astuto y lo bastante duro como para eliminar a sus adversarios a distancia. Por ejemplo, el exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi le envió una lista de reformas y Herman Van Rompuy se negó a firmar el acuse de recibo hasta que la lista no incluyera todo lo que quería.

Fue él quien encontró la solución a la imposible exigenciadeFinlandia, que insistía en que Grecia le ofreciera garantías financieras para los préstamos que le iba a conceder. Cuando muchos jefes de Gobierno europeos deseaban que se crearan los eurobonos, pero la canciller alemana no quería ni oír hablar del asunto, Herman Van Rompuy se las arregló para que aceptaran tratar la cuestión más tarde, una vez que se resolvieran los asuntos que Angela Merkel estaba decidida a abordar.

Cuanto más modesto, mejor

Herman Van Rompuy filtra, pone orden, relaja. Y todo a distancia. Y como fue exministro de Presupuesto, es una de las pocas personas que sabe de qué habla. Según las personas de su entorno, desempeña una función crucial en este contexto de crisis.

Hay una cosa que ha comprendido a la perfección: como presidente de los jefes de Estado y de Gobierno, debe tener cuidado para no destacar demasiado. No puede criticarles abiertamente. En raras ocasiones puede expresar sus pensamientos más profundos. Únicamente puede matizar su imagen de alumno perfecto y aburrido con los haikus que escribe.

Pero incluso esos haikus se veneran. Cuanto más modesto sea Herman Van Rompuy, mejor. Debe ser el presidente de todo el mundo. Tiene que satisfacer a 27 jefes y al mismo tiempo maniobrar en la dirección correcta para Europa.

Van Rompuy se ha convertido en un refugio para los dirigentes de los grandes países como Alemania y Francia, pero debe asegurarse de que estos países no empiecen a controlar todo en tándem. Los países pequeños jamás lo aceptarían. Por consiguiente, guía a los diplomáticos en la dirección “correcta”, entre bambalinas y con total discreción.

De ahí es donde procede esa calma. Si no creara esa calma para los demás, pero también para él mismo, se volvería completamente loco. Herman Van Rompuy es un hombre espiritual. “Hay que saber reconocer que ciertas cosas nos superan”, dijo en una ocasión en una entrevista. “Hay que ser modestos con respecto a lo que somos, de lo contrario nos volvemos agresivos”.