Joost Mulder, de 31 años, conoce todos los misterios. Durante cinco años, este elegante neerlandés ha trabajado activamente para influir en el aparato legislativo bruselense por encargo de organismos financieros. Se ha ganado el pan generando intrigas entre los bastidores de la Comisión, del Parlamento y de los consejos de ministros de los 27 Estados miembros. Este hombre, que domina cuatro idiomas y que se encuentra al tanto de todo lo que ocurre, se mueve con soltura por el entramado político de Bruselas, es decir, personifica al miembro de un lobby que todos imaginamos.

Un día, sus compañeros o él mismo hacen que fracasen unas iniciativas parlamentarias y al día siguiente, convencerán a los funcionarios de Bruselas para que se introduzcan disposiciones "explosivas" desde el inicio de un proyecto de ley y se generen protestas con diferentes orígenes y, aparentemente, independientes entre sí. Si un párrafo molesto no se ha podido suprimir en la Comisión o en el Parlamento, entonces se crea una minoría de bloqueo en el Consejo.

"‘Págueme unos honorarios de 10.000 euros y me encargaré de que su postura se encuentre en el orden del día del Consejo de ministros’. Es el tipo de promesas que hacen los miembros de los lobbies a sus clientes", afirma Joost Mulder.

Pero esta situación podría cambiar perfectamente. Porque Joost Mulder se ha cambiado de bando. El año pasado, cuando los lobbies de las finanzas llegaron a "presionar a los Gobiernos, amenazando con retirar capitales y suprimir empleos, me harté de la situación", nos cuenta. "Making finance serve the society", es decir, "Las finanzas al servicio de la sociedad", es lo que se puede leer hoy en la tarjeta de visita de Joost Mulder, que ahora es responsable de las relaciones exteriores de una ONG llamada FinanceWatch.

Charlie McCreevy, un comisario prisionero

Su trabajo se parece al de un miembro de un grupo de presión. Pero este lobby está al servicio de una ONG única en su género sobre el tablero político bruselense. En Finance Watch, los especialistas en mercados financieros tienen como objetivo hacer frente a los lobbies del sector financiero para que vuelvan a su razón de ser inicial: poner los servicios financieros al servicio de la producción.

La experiencia es inédita. Y este nuevo lobby cuyo objetivo es disciplinar a los mercados financieros es la respuesta a una exigencia del mismo cuerpo legislativo.

En el origen de esta iniciativa se encuentra la constatación que surgió al estallar la crisis financiera, en el otoño de 2008. Cuando hubo que descifrar las causas de la crisis, no había especialistas con experiencia y que fueran realmente independientes del mundo de las finanzas. En todos los niveles, los que marcaban la pauta eran banqueros, gestores de fondos o los especialistas a los que pagaban.

Al mismo tiempo, se cayó en la cuenta de que el sector financiero literalmente se había infiltrado en la Comisión Europea y en la Dirección General de Mercado Interior. Quien reveló la magnitud del fenómeno fue el "Corporate Europe Observatory" (Observatorio de la Europa Corporativa, CEO). En su informe publicado en otoño de 2009, titulado "Una Comisión cautiva", demostraba cómo Charlie McCreevy, el comisario por entonces, había delegado de facto el proceso legislativo a las empresas implicadas. Media Europa se indignó al ver que las instancias europeas sólo escuchaban un único discurso. Pero el asunto no tuvo ninguna repercusión concreta.

Los eurodiputados le pagaron de su propio bolsillo

Ante esta situación, en junio de 2010, el diputado verde francés Pascal Canfin y su homólogo alemán Sven Giegold tuvieron la idea de emprender una original iniciativa. Realizaron un "llamamiento a la vigilancia financiera", con lo que obtuvieron en unos días el apoyo de 22 miembros de la Comisión de Asuntos Económicos de diferentes tendencias políticas. Estos dos hombres buscaban a personas dinámicas que contaran con un sólido bagaje financiero. Thierry Philipponnat respondió a este llamamiento.

Tras 20 años de experiencia en el entorno bancario y bursátil, Thierry Philipponnat dejó en 2006 un lucrativo trabajo para emprender un nuevo rumbo. Primero en la difusión de microcréditos en los países pobres y luego en las filas de Amnistía Internacional. Con su propio dinero, los parlamentarios financiaron sus seis primeros meses de acción, que dieron sus frutos. Al final de una gira de varios meses por siete Estados miembros de la UE, había logrado el apoyo de 38 organizaciones, desde Oxfam a la Confederación Europea de Sindicatos y había reunido un capital de partida de cerca de medio millón de euros de fundaciones privadas.

Al mismo tiempo, el Parlamento presionaba para que Finance Watch recibiera financiación europea. Este año, se han asignado 1,25 millones de euros a esta causa y Michel Barnier, el nuevo comisario europeo de Mercado Interior, ha dado a entender que Finance Watch obtendría la mayor parte de esta asignación.

Seis meses después de la asamblea constitutiva, Thierry Philipponnat es hoy secretario general de un gabinete de expertos y de lobby designado por el Parlamento, financiado por los contribuyentes y apoyado por organizaciones que reúnen en total a 100 millones de miembros.

¿Todo esto vale la pena? ¿Este puñado de hombres puede hacer algo ante la hidra de los grupos de presión financieros? Sólo en Bruselas, los bancos y otros establecimientos financieros han enviado a 700 expertos para que el proceso legislativo se oriente en la dirección que desean. Y su esfera de influencia ha aumentado.

“Hago el mismo trabajo que antes”

La tarea es ardua, tal y como demuestra el pulso que se produjo el año pasado alrededor de los contratos de permutas de riesgo crediticio desnudos o "naked Credit Default Swaps" (CDS), que permiten a los hedge funds especular sobre la solvencia de los Estados sin apostar mucho dinero. Las cotizaciones de los CDS permiten evaluar los riesgos que pesan sobre la solvencia de un Estado y de este modo pueden agravar seriamente una posible crisis de la deuda soberana, e incluso provocarla.

Por este motivo, en marzo de 2011 el Parlamento Europeo exigió la prohibición total de estas transacciones. Las asociaciones bancarias y de los hedge funds pronto defendieron sus posiciones, recurriendo a una estrategia que Thierry Philipponnat denominó como "estrategia del detalle lleno de trampas". Los miembros de los lobbies pregonaron en el Financial Times que los diputados no habían comprendido los mecanismos de estas transacciones. Y además, que si se aplicaba la prohibición, "reduciría el volumen de liquidez sobre el mercado de las obligaciones del Estado, lo que se traduciría al final en un aumento del coste para el prestatario", un argumento que difícilmente podían refutar los profanos.

Pero a Thierry Philipponnat, gran conocedor de los mercados, no le costó ningún trabajo aclarar este engaño. Entonces se difundió su análisis de los pormenores reales de la situación. Hasta tal punto, que incluso el comisario europeo en cuestión retomó el argumento de Thierry Philipponnat y la asamblea plenaria mantuvo la prohibición. Sin embargo, cuando dicha prohibición se sometió al voto del consejo de ministros de Finanzas el mes de octubre, algunos ministros insistieron en que el texto incluyera ciertas excepciones.

"Claramente era el resultado de un gran trabajo de los grupos de presión", apunta Joost Mulder, admitiendo el buen trabajo realizado por sus excompañeros. El texto presenta "una brecha abierta", lo que no impide a Joost Mulder confesar lo siguiente: "En realidad, hago el mismo trabajo que antes", comenta, "pero ahora duermo mejor".