Si se busca una definición exacta, unánime, la mayoría optaría por considerar decretseï a toda persona nacida entre 1966, año del decreto 770 que prohibía el aborto y la contracepción en Rumanía, y 1990, año de su derogación.Como consecuencia de este decreto, la tasa de natalidad pasó del 14,7 ‰ en 1966 a 27,4 ‰ en 1967. En 1972 se amplió el ámbito de aplicación del decreto hasta las mujeres de 45 años, cuando hasta entonces habían sido 40, y el número de hijos por mujer pasó de cuatro a cinco.

Hay quien afirma que los nacimientos posteriores a 1967 tuvieron como resultado el surgimiento de ejércitos de decretseï “nacidos por orden de la autoridad” con el fin de realizar un experimento social inhumano. Otros sostienen que sólo los nacidos hasta 1968 podrían llevar esta etiqueta, pues al cabo de un cierto tiempo la gente logró adaptarse a un estilo de vida en el que la sexualidad era vivida como una carga. En lugar de ponerlos en una categoría aparte, podemos considerarlos simplemente como niños que crecieron bajo el comunismo, “niños con la llave al cuello” (en referencia a la llave que llevaban de esta guisa desde que salían de casa). Son personas que tenían aproximadamente 20 años en 1989.

Un deseo de venganza

Algunos están llenos de reproches hacia sus padres: “no deberíamos haber nacido”. “Sé que mis padres lo intentaron durante años antes de tenerme a mí, pero mi hermana vino después ‘por error’”, afirma una mujer que hemos conocido. “Todavía hoy no ha superado el momento en que nuestra madre le dijo que no la tenían planificada.” De ahí nace la convicción subyacente de que quienes saltaron sobre la oportunidad de derrocar a Ceaucescu —la revolución de la juventud— llevaban en el alma un deseo de venganza.

Muchos decretseï consideran que aunque no hayan podido asistir al nacimiento del ordenador y de los teléfonos móviles, pues no tenían acceso a nada de lo que tenían los niños del otro lado del telón de acero, tienen una mejor capacidad de expresión y se les da mejor lo del blog. ¿Parece paradójico, verdad? ¿Se deberá a una atracción nacida de la frustración, a un intento de recuperar el tiempo perdido, o al hecho de que han prolongado su adolescencia, sobre todo en el caso de los hombres?

Una generación tragicómica

¿Quiénes son estas personas? Como ciudadanos sojuzgados eran creativos, porque las necesidades avivan la imaginación. Sentían pasión por las colecciones (la revista Pif, las chapas). Todavía hoy son “perseverantes, sólidos, orgullosos, batalladores, aunque también crueles”. Sin embargo, contemplan su pasado con amargura, a causa de la frustración y de la necesidad de esconder sus verdaderos sentimientos. Todavía hoy conservan el reflejo de la ingenuidad. Les cuesta aceptar el hecho de no saber qué les depara el futuro. Tienen dudas acerca de los valores que deben transmitir a sus hijos. ¿Realmente “sobran” más de dos millones de niños?

¿Son realmente violentos, como sostiene una psicóloga italiana, Margherita Carotenuto, según la cual "la violencia genética de los decretseï es la causa de los delitos cometidos por los rumanos en Italia" (febrero de 2009, en Il Sole-24 Ore)? Lo cierto es que los que quedan de su generación no pueden borrar su infancia. El olvido no es voluntario, y la memoria es selectiva. ¿Son los decretseï una generación tragicómica? En todo caso son una generación híbrida, a caballo entre dos mundos, testigo de un choque de valores, perdida en un mundo donde la generación siguiente ha confiscado el espacio público y ha tenido un éxito social incomprensible para ellos. Una generación incapaz de hacerse con el poder, cuando después de todo fueron ellos los que “hicieron la revolución”.