Sea por las obsequias militares que rinden honor a los paracaidistas muertos o sea a través de un kaddish [rezo de la religión judía] por los niños y su profesor muertos, Francia está de luto. Es todavía pronto para valorar los motivos del asesino que, en principio, habría utilizado la misma arma en las tres matanzas. ¿Qué vínculo se puede establecer entre este crimen antisemita ante una escuela judía y el asesinato de militares franceses, dos de los cuales eran musulmanes? Nada permite trabajar sobre la hipótesis de crímenes racistas ni tampoco obviar la pista de un psicópata.

Mientras la investigación está en curso, en plena campaña electoral, los candidatos, y el candidato-presidente en particular, deben guardarse de toda agitación gratuita, interpretación abusiva o explotación política de estos crímenes. Hemos visto en el pasado cómo un escrutinio ha sido ensuciado por un suceso indecente o por operaciones militares debidamente programadas con fines electoralistas.

El camino es estrecho, entre la justa solidaridad y la compasión con la comunidad judía, nuevamente en el punto de mira, y la recuperación. Hasta ahora, los candidatos han evitado todo paso en falso. Incluso limitando por un día sus apariciones y declaraciones públicas.

Para hacer frente a estos dramas, la unión nacional, concepto a menudo despreciado, es la única respuesta digna. Sería el homenaje más justo que se puede rendir a los tres soldados, y a los tres niños y a su profesor asesinados. Los electores deberán pedir cuentas al o a los candidatos que no hagan gala de este gesto republicano.