Al final, del infierno de Toulouse surgió un loco de Alá. No era un paracaidista neonazi incubado en las oscuras entrañas de la historia de Francia, sino un soldado de esta intifada diaria que se consume en los suburbios franceses.

Una guerrilla sorda que se extiende desde Toulouse a París, en esos "territorios perdidos de la República", como los denominó unfamoso panfleto bien documentado que denunciaba el antisemitismo que impera en los colegios de los suburbios.

Es este mal oscuro y especialmente tenaz en Francia el que hace que converjan las dos pistas exploradas por los investigadores y la opinión en estos días marcados por la locura mortífera: tres jóvenes militares (de origen magrebí) asesinados a sangre fría, otro gravemente herido y otras cuatro personas (tres niños y un hombre) perseguidos y abatidos como animales en el colegio judío Ozar-Hatorah de Toulouse, la ciudad rosa, que alberga la tumba de Santo Tomás, el más racional de los filósofos cristianos.

Otro culpable

Primero se pensó que el asesino podía ser uno de los tres paracaidistas expulsados del 17º regimiento de paracaidistas de Montauban, por sus simpatías neonazis. Los periódicos publicaron una foto de los tres hombres realizando el saludo hitleriano y envueltos en una bandera con la cruz gamada.

Jóvenes fanáticos, franceses, blancos. Presentaban la biografía típica del asesino, del que se venga de sus hermanos de armas que se han quejado, pero que mata a tres soldados de origen magrebí antes de emprenderla con unos judíos en un colegio. El prototipo de militante "lepenista", lo que no quiere decir que todos los electores de Jean-Marie Le Pen, antes, y ahora de su hija Marine[candidata de la extrema derecha en las elecciones presidenciales francesas] sean asesinos en potencia.

En cambio, la realidad nos deparó otro culpable: Mohamed Merah, francés de origen argelino (un "inmigrante de segunda generación", según la metáfora que se utiliza) que, a la una de la mañana de ayer, llamó a la centralita de la cadena de televisión France 24 para desvelar los motivos de tal atrocidad a la periodista de turno, Ebba Kalondo, una mujer de origen africano (pues vivimos en una sociedad multiétnica) de voz suave y tranquila.

Mohamed Merah afirmó estar vinculado a Al Qaeda y declaró que quería "vengar a nuestros hermanos y hermanas pequeños de Palestina", denunció la ley que prohíbe el velo integral para las musulmanas, así como la participación del ejército francés en la guerra de Afganistán.

¿Cómo es posible que se hayan considerado dos posibilidades tan distintas e incluso opuestas para explicar estas dos masacres? La respuesta es que, tanto una como otra eran igualmente posibles. Tanto el terrorista islamista como el paracaidista neonazi pertenecen a los bajos fondos de la sociedad, dos pesadillas opuestas y que, sin embargo, coexisten y no se neutralizan entre sí, sino que se refuerzan.

El mismo cortocircuito que en Oslo

El cortocircuito observado en Toulouse ya se produjo en julio del año pasado en Oslo, durante la masacreperpetrada por el fanático Anders Behring Breivik: ocho muertos por la explosión de una bomba, 69 muertos por las balas en un campamento de jóvenes social-demócratas.

La primera hipótesis fue que se trataba de un acto cometido por terroristas islamistas contra jóvenes occidentales. Pero el culpable era un treintañero noruego de cabellos rubios que se definía como fundamentalista cristiano y pro-israelí, en contra del multiculturalismo, del marxismo y del islamismo. Quería atacar a los jóvenes socialistas, a los que consideraba responsables de una inmigración musulmana masiva.

Por lo tanto, son dos pesadillas diferentes, pero complementarias y compatibles hasta tal punto que la política suspendió durante unas horas una campaña presidencial especialmente encarnizada. Por respeto a las víctimas, por supuesto, según las normas de convivencia que en Francia se enseñan en el colegio.

Pero también para esperar y comprender y así no cometer una torpeza. El tono es más que firme y [el presidente Nicolas] Sarkozy ha hecho de la inmigración y de los extranjeros su caballo de batalla para oponerse a Marine Le Pen, hasta tal punto que el Wall Street Journal le rebautizócomo "Nicolas Le Pen".

El presidente promete a los franceses una Francia más fuerte y más cerrada. No excluyó la posibilidad de suspenderel tratado de Schengen sobre la libre circulación de personas entre los países de la Unión. Una posibilidad que ha irritado en gran medida a Angela Merkel, que ya no parece estar dispuesta a participar en los mítines electorales de "Sarko", como había prometido.

Este es el ambiente que reina hoy en esta Francia en la que Mohamed Merah, una célula durmiente y solitaria de Al Qaeda desde hace años en el barrio de Mirail de Toulouse, decidió pasar a la acción. Podría haber sido perfectamente un paracaidista neonazi. Pero en cambio se trata del fantasma de Bin Laden. Algo que no resulta nada tranquilizador.