Sin embargo, resulta chocante decir no es cierto lo que sabe todo el mundo. Europa tiene problemas económicos, ¿y quién no? Pero la historia que se escucha incesantemente sobre una economía estancada en la que los altos impuestos y los generosos beneficios sociales han minado los incentivos, sobre la paralización del crecimiento y la innovación, poco tiene que ver con los hechos sorprendentemente positivos.

La auténtica lección que puede enseñar Europa es en realidad lo contrario de lo que afirman los conservadores: Europa es un éxito económico y dicho éxito demuestra que la democracia social funciona. En realidad, el éxito económico de Europa debería ser obvio incluso sin estadísticas. Una pregunta a los estadounidenses que hayan visitado París: ¿les ha parecido pobre y atrasado? ¿Qué me dicen de Frankfurt o de Londres? Siempre hay que tener en cuenta que cuando la pregunta es a quién debemos creer, si a las estadísticas económicas oficiales o a nuestros propios ojos, la respuesta es a los ojos que han constatado los hechos. Y en cualquier caso, las estadísticas confirman lo que ven los ojos.

Un desarrollo diferente

Es cierto que en la última generación, la economía estadounidense ha crecido a un ritmo mayor que la europea. Desde 1980, cuando nuestra política dio un giro radical a la derecha, mientras que la europea no lo hizo, el PIB real de Estados Unidos ha crecido de media un tres por ciento al año. Mientras, el de la UE de los 15, el grupo de 15 países que eran miembros de la Unión Europea antes de su ampliación para incluir a una serie de naciones anteriormente comunistas, ha crecido tan sólo un 2,2 por ciento al año. Vale, Estados Unidos gana. O quizás no. Lo único que indica este dato es que hemos registrado un crecimiento de población más rápido. Desde 1980, el PIB per cápita, que es lo que importa para los estándares de vida, ha aumentado a un ritmo similar tanto en Estados Unidos como en la UE de los 15: 1,95 por ciento aquí y un 1,83 por ciento allí.

¿Qué podemos decir acerca de la tecnología? A finales de la década de los noventa se podía afirmar que la revolución en la tecnología de la información estaba pasando de largo por Europa. Pero desde entonces Europa se ha puesto al día en muchos sentidos. El uso de la banda ancha, en particular, está tan extendido en Europa como en Estados Unidos y además, es mucho más rápida y más económica. ¿Y sobre los empleos? En este sentido, podría decirse que Estados Unidos va mejor: las tasas de desempleo europeas normalmente son mucho más elevadas que las de aquí y la proporción de población en activo es inferior. Pero si su concepto es la de millones de adultos en plena edad productiva sentados sin hacer nada, cobrando el paro, vuelva a planteárselo. En 2008, el 80 por ciento de los adultos con edades comprendidas entre 25 y 54 en la EU de los 15 tenían empleo (y el 83 por ciento en Francia). Es prácticamente lo mismo que en Estados Unidos. Los europeos parecen estar menos dispuestos a trabajar cuando son jóvenes o más mayores, pero ¿es algo totalmente negativo? Además, los europeos son bastante productivos: trabajan menos horas, pero la producción por hora en Francia y Alemania se acerca a los niveles estadounidenses.

La economía europea funciona

La cuestión no es que Europa sea una utopía. Al igual que Estados Unidos, está lidiando con la actual crisis financiera. Al igual que Estados Unidos, las grandes naciones europeas se enfrentan a graves problemas fiscales a largo plazo y, al igual que algunos estados concretos de Estados Unidos, algunos países europeos se tambalean al borde de la crisis fiscal. (Sacramento es ahora la Atenas de Estados Unidos, en el mal sentido.) Pero si la observamos con una mayor perspectiva, la economía europea funciona, crece y en general es tan dinámica como la nuestra.Entonces ¿por qué nos transmiten muchos expertos una visión tan distinta? Porque según el dogma económico imperante en este país, la democracia social al estilo europeo debe ser un completo desastre. Y la gente tiende a ver lo que quiere.

Después de todo, mientras que los informes del fracaso económico de Europa son exagerados, los informes de sus altos impuestos y sus generosos beneficios no lo son. Los impuestos en las principales naciones europeas representan entre un 36 y un 44 por ciento de su PIB, en comparación con el 28 de Estados Unidos. La sanidad universal es, eso, universal. El gasto social es mucho mayor que el de aquí. Europa a menudo se pone como un ejemplo para actuar con cautela, como una demostración de que si se intenta reducir la brutalidad de la economía y cuidar mejor de sus ciudadanos cuando la suerte les da la espalda, se acaba con el progreso económico. Pero lo que demuestra la experiencia europea en realidad es lo contrario: que la justicia social y el progreso pueden ir de la mano.