Cien días después de la asunción del Gobierno con mayoría absoluta, Rajoy puede exhibir al menos tres grandes reformas económicas: la laboral, la financiera y la de estabilidad presupuestaria. Más allá de las opiniones que se tengan sobre cada una de ellas (todas van en la misma dirección: satisfacer las obligaciones impuestas por Bruselas y tranquilizar a los mercados) no se puede acusar al Gobierno del PP de inacción.

Sin embargo, el resultado no ha sido hasta ahora el que se pretendía: La UE sospecha y se ha producido el sorpasso entre Italia y España, de modo que nuestro país ha sustituido al primero en la vanguardia de los problemas relacionados con la prima de riesgo y se ha puesto en la zona roja de las preocupaciones de los inversores en la eurozona. Además, durante los últimos días, la economía española ha sido objeto de los ataques más duros por parte de las principales biblias de la prensa económica mundial, de diversos informes de los bancos de inversión y, lo más paradójico, del propio primer ministro italiano, Mario Monti (“España está dando a toda Europa motivos de gran preocupación”). Probablemente para evitar que los ojos de los mercados se fijen en las dificultades italianas y en la fragilidad política de sus reformas, Monti ha señalado con el dedo a España. Ese tipo de políticas de perjuicio al vecino, de sálvese quien pueda, abundaron en la Gran Depresión.

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