Llegan discretamente, adquiriendo algunas participaciones en el capital de una empresa. Luego esperan a que esta última, u otro accionista, necesite dinero, ya que a los inversores angoleños no les falta liquidez. Poco a poco, van aumentando su participación hasta alcanzar una posición dominante que les permita designar a los administradores y asumir el poder.

El sector bancario, símbolo manifiesto de poder (Angola ocupa una posición destacada en varias entidades financieras portuguesas) no es el único objetivo de este país africano lusófono.

Objetivos múltiples

Hay otros sectores que aguzan cada vez más el apetito de los inversores próximos al poder angoleño, concentrado en manos del presidente José Eduardo dos Santos, pero que mantienen en secreto sus estrategias, menos concertadas de lo que podríamos creer.

De este modo, asistimos a la entrada de los angoleños en los medios de comunicación, en el sector energético e incluso en el agroalimentario. En los últimos años, los angoleños han adquirido grandes explotaciones por todo el territorio de Portugal, desde la región del Duero hasta el Algarve.

“El vino y el aceite son productos muy demandados en Luanda [la capital angoleña], donde alcanzan precios exorbitantes. Por este motivo los angoleños decidieron comprar las explotaciones que los producían en Portugal y de este modo pueden controlar todo el circuito”, explica un director de una empresa de importaciones y exportaciones.

El caso del BCP (Banco Comercial Português) es el ejemplo más emblemático de la estrategia angoleña en Portugal. A la empresa Sonangol (Sociedade Nacional de Combustíveis de Angola, la empresa petrolera nacional) no le costó ningún trabajo comprar en 2008, en el momento en el que estalló la crisis, 469 millones de acciones de este banco, es decir, el 9,99 % del capital.

A finales de 2011, la participación de la sociedad petrolera angoleña en la entidad portuguesa había alcanzado el 12,44 %. Al convertirse en accionista mayoritaria, tomó las riendas del banco y modificó toda su estructura administrativa.

Una apuesta personal de la hija del presidente

El apetito angoleño no se detiene con el BCP. Isabel dos Santos, hija del jefe de Estado, controla mediante la empresa Santoro Finance el 9,99 % del BPI (Banco Português de Investimento), del que actualmente es la tercera accionista más importante, justo por detrás de la entidad española La Caixa y los brasileños del grupo Itaú. Esta empresaria posee además el 25 % del Banco BIC Angola, el mayor beneficiario de la reprivatización del Banco Português de Negócios.

A pesar de las dificultades por las que pasa el sector bancario, que debe reforzar sus capitales propios y se enfrenta a problemas de liquidez, sigue siendo el que más atrae a los inversores angoleños.

¿Por qué? “Es algo que aporta un cierto estatus, sobre todo cuando logran una participación lo suficientemente importante para designar a un representante en los órganos directivos”, explica una fuente cercana a los medios bancarios. Sin contar, como añade un alto diplomático portugués, con el hecho de que “el banco puede servir de trampolín hacia otros sectores de actividades”.

Analicemos otro sector, el del petróleo. El inversor sigue siendo el mismo, la empresa Sonangol. El objetivo en este caso está claro: la empresa portuguesa Galp. Y la estrategia de conquista ha comenzado con la adquisición del 45 % de Amorim Energia, que a su vez posee el 33,4 % de Galp. Como es evidente, el objetivo es ir más lejos. Al parecer el dinero no es ningún problema, como lo demuestran las numerosas inversiones en otros sectores, entre los que destacan las telecomunicaciones y los medios de comunicación.

En lo que respecta a ZON, es una apuesta personal de Isabel dos Santos. Mediante su holding Kento, compró el 10 % de esta empresa de televisión de pago dirigida por Rodrigo Costa. Y lo más probable es que no se detenga ahí. En otro ámbito de actividades, Newshold, controlada en un 91,25 % por Pineviews Overseas (con sede en la ciudad de Panamá), posee participaciones en varios grupos de prensa portugueses.

Oficialmente, es dueña del 15 % de Cofina, propietaria de varios diarios entre los que se encuentran Record, Correio da Manhã o Jornal de Negócios. También está presente en el capital de Impresa, que a su vez es dueña de las revistas Visão y Expresso y de la cadena de televisión SIC.

Políticos que actúan como representantes comerciales

Pero ¿por qué Angola se interesa tanto en Portugal desde hace una decena de años? El aspecto económico, ya que estamos en recesión y ellos en plena expansión, es sólo una parte de la respuesta.

La otra parte es de carácter político. Los Acuerdos de Bicesse [que pusieron fin a la guerra civil angoleña en 1991], firmados bajo el patrocinio de Portugal, marcaron un cambio en las relaciones entre los dos países. Además, hay un antes y un después de Aníbal Cavaco Silva [entonces primer ministro portugués y hoy presidente de la República].

Lisboa se propuso favorecer un ambiente de armonía entre las instituciones de los dos países, algo que continúa haciendo, lo que contribuyó a abrir definitivamente a los portugueses las puertas de la economía angoleña pacificada.

Y con el acercamiento político llegaron los negocios. En cada visita de Estado (José Eduardo dos Santos estuvo en Lisboa en 2009), tanto de una parte como de la otra, no sólo se observa un séquito de ministros, secretarios de Estado y diputados.

También les acompaña sistemáticamente un grupo de jefes de empresas, por lo general dirigidos por la Agência para o Investimento e Comércio Externo de Portugal (AICEP, la agencia para la inversión y el comercio exterior de Portugal). En el fondo, los políticos actúan de representantes comerciales. Y cuanto más abundan los vínculos bilaterales, mejor les va.