''En 2010, Hungría tiene dos capitales", anunció el primer ministro Gordon Bajnai a los 20.000 espectadores congregados en la plaza Széchenyi de Pécs, el 10 de enero, bajo una lluvia de abucheos poco civilizados. Pero aunque una de ellas sea "cultural", no basta para que nos sintamos realmente europeos. En los últimos años, hemos dejado maltrecho el proyecto que perdió su virginidad el mismo día del anuncio de la victoria, cuando el ayuntamiento de entonces, presintiendo la lluvia de dinero, excluyó a las asociaciones a las que la ciudad debía su victoria. A pesar de todo, Pécs 2010 aún puede ofrecer una bella temporada cultural y atraer a multitud de turistas húngaros y extranjeros (están previstos 350 actos durante todo el año). Hace cinco años, el desafío era otro: ¿podía crear Hungría una vida digna de la atención de Europa, más allá de su capital? Que esta pregunta fuera el asunto principal en el momento en el que once ciudades presentaban su candidatura a este título, demuestra hasta qué punto no somos europeos. En las regiones más prósperas del continente, a nadie se le habría ocurrido proponer una capital, ya que el fin de la operación es precisamente el desarrollo regional y la descentralización.

Si esperábamos que la designación de Pécs en 2005 fuera el comienzo de un cambio de mentalidad, debemos sentirnos decepcionados. Al día siguiente de la inauguración, los autóctonos se quejaron de la indiferencia de las noticias en los medios de comunicación y para demostrar la superioridad cultural de su ciudad, el redactor jefe de un portal de noticias de Pécs mandó a paseo "a los intelectualoides de Budapest". Si a lo largo de los años de preparación se han presentado pocos documentos sobre Pécs 2010 en los medios de comunicación, no es que la capital haya urdido un complot: se debe a la lamentable incompetencia de los responsables del evento. El motivo principal es el antagonismo entre la capital y la provincia, ya que estaríamos más al corriente de las peripecias y los éxitos del proyecto si la ciudad organizadora no fuera Pécs, sino Budapest. Esto crea una evidente frustración en Pécs, por ello se buscó un consuelo y de ahí el anuncio triunfal del alcalde la ciudad, Zsolt Páva, según el cual, el 59% de los húngaros vieron la ceremonia de apertura. Ahora bien, una audiencia de tal calibre correspondería a la de hace veinte años, cuando sólo había una cadena y cuando la televisión húngara aún no se había venido abajo. El alcalde se equivocó en algunos millones porque de los espectadores que estaban ante el televisor, el 9,4% vio la fiesta.

Negociaciones secretas

El espectáculo lo organizó una agencia de Budapest, algo que no demuestra realmente las competencias de Pécs, pero puede entenderse. Sin embargo, no se comprende por qué "era necesario" traer de Budapest la comida para la recepción. Como si en Pécs sólo se sirvieran patatas y rebanadas de mantequilla. Y tenemos otro tema de discordia: el gobierno ha clasificado como secreto durante veinte años el protocolo de las conversaciones sobre la designación de Pécs. Entonces, la leyenda durará por lo menos 15 años más. Dos comentarios al respecto. Por un lado, los miembros extranjeros del jurado eran menos sensibles al hecho de que, un año antes, el alcalde socialista de Pécs hizo todo lo posible para que el Ferenc más famoso en Hungría [Ferenc Gyurcsány, jefe del gobierno de 2004 a 2009] se convirtiera en primer ministro. Por otra parte, que la única reacción que cause el título de Capital Europea de la Cultura sea la denigración de otra ciudad no denota un alto nivel cultural. En resumen, en el debate sobre la temporada cultural húngara, falta lo esencial: la cultura. Si en un año logramos hablar con calma de los éxitos y fracasos del proyecto, todas estas tribulaciones habrán sido en vano. De lo contrario, Hungría no debería participar nunca más en estos concursos, porque se desacredita a sí misma.