El 8 de abril es el día internacional del pueblo gitano, pero una gran parte de los 12 millones que viven en Europa lo hacen sumidos en una abrumadora pobreza. Las tensiones étnicas se acentúan, tal y como se puede constatar con los ataques de asentamientos gitanos en Italia en 2008 o con las intimidaciones a las que les someten los paramilitares racistas en Hungría.

El pasado septiembre, miles de búlgaros salieron a la calle coreando eslóganes como "Con los gitanos hay que hacer jabón". "El trato que se da a los gitanos es una prueba decisiva a la que se somete la democracia", afirmaba proféticamente con ardor el presidente checo Václav Havel en 1993. La transición hacia el capitalismo tuvo consecuencias desastrosas para los gitanos.

Durante el régimen comunista, tenían trabajo, alojamiento y estaban escolarizados gratuitamente. Ahora, muchos pierden sus empleos, su residencia y el racismo en su contra resurge impunemente.

El papel limitado de la UE

A finales de los años noventa, ante la perspectiva de pertenecer a la UE algunos países de Europa Central y Oriental dejaron entrever algunas mejoras. "Los responsables gitanos estaban entusiasmados", recuerda el ex eurodiputado Jan Marinus Wiersma. Los países candidatos a la adhesión adaptaron su legislación a la de la UE y propusieron proyectos.

No era más que una cortina de humo, reconocen ahora las ONG y los activistas a favor de los derechos de los gitanos. En Bulgaria, por ejemplo, los gitanos han encontrado empleo de manera masiva, al menos así lo atestiguan las cifras oficiales.

"En realidad, pocos meses más tarde estaban ya en la calle", afirma en Sofía la investigadora búlgara Ilona Tomova. "Nosotros, los países postcomunistas, sí que sabemos de manipulación de cifras. Pero la Unión Europea no se ha dado cuenta".

Ahora que esos países ya son Estados miembros de la UE, Bruselas no puede ya utilizar la perspectiva de la adhesión como medio de presión, considera Rob Kushen, director del CentreEuropeo deDerechos de los Gitanos (ERRC) en Budapest.

La Comisión Europea está además sometida al principio de subsidiariedad: “En lo que respecta a los gitanos, son los Estados miembros quienes juegan el papel determinante en cuanto a educación, empleo, alojamiento y sanidad. Nuestro papel únicamente se limita a coordinar”, dice Matthew Newman, portavoz de Viviane Reding, la comisaria encargada de Derechos Fundamentales y Justicia.

Sin embargo, Bruselas puede influir sobre la política a través de los fondos europeos. Para el periodo 2007-2014, por ejemplo, la República Checa, Rumanía y Eslovaquia recibieron cada una 172 millones de euros, especialmente vinculados al ámbito de los gitanos.

Los Estados miembros en los que vive esta minoría pueden solicitar programas sociales más extensos. Esta hucha supone un total de 17.500 millones de euros. Eslovaquia obtuvo 200 millones de euros para un nuevo programa. De 2001 a finales de 2006, Klara Orgovanova trabajó en ese país con un equipo de 30 personas.

Cómo se esfumó el dinero de las subvenciones

Pero en julio de 2006, cuando el partido socialdemócrata [SMER-SD] llegó al poder y creó una coalición [hasta 2010] con el Partido Nacional Eslovaco [SNS], cuyo líder, Ján Slota, consideraba que los gitanos se domestican con un “largo látigo en un patio trasero”.

Acto seguido, la mayor parte del dinero “desapareció”, se transformó de nuevos semáforos, en equipos tecnológicos para los hospitales o en equipos de fútbol en los que no juegan gitanos. Con respecto a Klara Orgovanova y a su equipo, los despidieron.

En ocasiones, el dinero que se lo embolsan ONG ficticias o sirve para abultar un poco más los salarios de los altos funcionarios corruptos. Es lo que afirman algunos eurodiputados, como Els de Groen [que ostentó dicho cargo], los activistas pro-derechos de los gitanos y los periodistas, como los que pertenecen al colectivo BIRN (BalkanInvestigativeReportingNetwork).

También hay que añadir que el dinero no siempre se malversa voluntariamente. Las solicitudes de subvenciones son complicadas y exigen que se conozca muy bien la jerga de la UE.

Frente a los episodios racistas y al intento de fichar a los gitanos en Italia en 2008 y, sobre todo, después de las expulsiones de gitanos en Francia en 2010, la Comisión se limitó a alegar una violación de la libre circulación, ni siquiera se refirió a la igualdad de trato o a la igualdad racial.

Una reacción tildada de muy insuficiente por las organizaciones de derechos humanos. Esta reserva de la Comisión se debe a que "la discriminación y el sentimiento anti-gitano son un asunto político mucho más candente", considera Nele Meyer, de AmnistíaInternacional.

"La Comisión no puede desempeñar un papel de super-gendarme de los derechos fundamentales", destaca por su parte Matthew Newman. Este último subraya también la "débil tasa de absorción" de las subvenciones de la UE dedicadas a los gitanos: “Las demandas únicamente abarcan una parte de los fondos. Los gitanos no son una prioridad política”.

Fondos insuficientes

Según Valeriu Nicolae, él mismo gitano y director del Centro de Políticas para Gitanos y Minorías de Bucarest, los fondos dedicados a los gitanos por Bruselas son claramente insuficientes: "Rumanía ha recibido durante el periodo de 2007 a 2013 alrededor de 230 millones de euros. Nosotros tenemos un millón de gitanos. Eso ni siquiera supone 20 céntimos al día por cada gitano".

¿Por qué la Comisión no hace que un comisario se ocupe de las minorías? “Los Estados miembros tienen miedo de que pudiese mostrar interés por los húngaros en Rumanía o por los vascos en España”, señala Jan Marinus Wiersma. Por su parte, la eurodiputada húngara Kinga Göncz evoca un cierto miedo “comprensible”: “Los países podrían entonces pensar: ‘Perfecto, ahora quien se ocupa de ellos es Bruselas’”.

Tras los sucesos que tuvieron lugar en Italia y en Francia, la Unión parece que se movilizó. En abril de 2011, el Consejo Europeo decidió establecer un marco europeo común bajo la figura de “estrategias nacionales de integración de los gitanos”.

Lívia Járóka, la única eurodiputada de origen gitano, se muestra optimista porque prima el interés socioeconómico de la integración de los gitanos. “Puesto que los políticos no van pura y llanamente a ayudar a los gitanos”.

Pero incluso ahí, la Comisión se encomienda al final a los Estados para tratar de encontrar una solución. Hungría sirve de ejemplo para mostrar lo que esto podría suponer en la práctica. “Recientemente el Gobierno de Viktor Orbán ha rebajado la edad máxima de escolarización obligatoria, aunque los niños gitanos pueden abandonar el colegio antes”, dice Rob Kushen del ERRC.

Eso demuestra hasta qué punto es difícil obtener cualquier tipo de medida a favor de los gitanos en la coyuntura actual. Viktor Orbán se enfrenta en Hungría, como en otros países europeos, a una oposición de extrema derecha: Jobbik, un partido abiertamente anti-gitano. “La democracia consiste también en defender las minorías. Pero Viktor Orbán parece que no lo capta. Es precisamente el consejo que daba Havel en 1993”, subraya Rob Kushen.