España se encuentra en un momento clave en su Historia. Con unos mercados de deuda a los que ha regresado el nerviosismo, unos Presupuestos para 2012 que han convencido a pocos y una economía en recesión, nos acercamos a un rescate que hay que evitar a toda costa porque sus consecuencias serían gravísimas.

Primero porque los que nos intervendrían son nuestros acreedores y, por tanto, no tendrían nuestros mejores intereses como objetivo. Segundo, porque el rescate impondría un ajuste fiscal aún más profundo. Tercero, porque en estas intervenciones se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale.

Los rescates expulsan al capital privado y secan la liquidez de un país. Y cuarto, porque no funcionaría: las intervenciones del FMI se basan en devaluaciones de la moneda y el consiguiente tirón de la demanda externa. Como esto no es posible en la zona euro, las intervenciones de Grecia y Portugal no han mejorado nada.

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