No obstante, la laborista británica decide no ir en persona a Puerto Príncipe. En vez de eso opta por coger el Eurostar esa misma tarde para volver a Londres… ¿Cometió un desliz o fue una decisión meditada? En cualquier caso la recién nombrada, para sorpresa de todos, jefa de la diplomacia de la Unión Europea ha perdido una valiosa oportunidad para reafirmar su presencia.

Durante los días posteriores la señora Ashton optó por delegar: el lunes 25 el francés Bernard Kouchner acudió en su nombre a una conferencia de donantes en Montreal. La Unión Europea tuvo que mover cielo y tierra para que los promotores de la iniciativa (Estados Unidos, Brasil y Canadá) la invitasen a la conferencia en la que inicialmente no se había planteado la participación del Viejo Continente, que es el primer donante en Haití

El vaivén dubitativo de Lady Ashton es una prueba de lo laborioso que está resultando el arranque del nuevo poder europeo derivado del Tratado de Lisboa. Se supone que el texto iba a mejorar el funcionamiento de los Veintisiete. ¿No lo estará complicando todavía más? Ahora hay cuatro personas que representan internacionalmente a la Unión y el reparto de los papeles no está nada claro. Al tándem formado por el belga Herman Van Rompuy (primer presidente permanente del Consejo) y Lady Ashton le está costando encontrar su sitio. El presidente de la Comisión y la Presidencia de turno, que este semestre corresponde a España, no quieren ceder ni un centímetro de su territorio.

Herman Van Rompuy o el culto a la discreción

Parece ser que el famoso “número de teléfono” que reclamó el secretario de Estado Americano Henry Kissinger allá por los 70 ya no está disponible en Bruselas. "El dispositivo está en periodo de rodaje, pero es verdad que el despegue no ha sido ninguna maravilla”,admite un diplomático.

Herman Van Rompuy está evaluando los riesgos de la situación. Ahora acostumbra a reunirse cada lunes durante el desayuno con el jefe de la Comisión, José Manuel Barroso. Pero a pesar de estas reuniones, ambos están librando una batalla silenciosa para conseguir llevar a cabo su propia misión, sobre todo en el plano internacional. Siempre mantiene la discreción, pero es cierto que Van Rompuy tiene una concepción bastante amplia de sus funciones.

Oficialmente, el ex primer ministro belga “estudia informes” y está llevando a cabo una gira por las capitales antes de que tenga lugar la cumbre que ha convocado en Bruselas el 11 de febrero. Durante la cumbre tiene intención de tratar cuestiones socioeconómicas y climáticas y también la reconstrucción de Haití. A partir de ahí, ¿es posible que nos sorprenda y se desmarque de la influencia de París y Berlín, que apadrinaron su nombramiento? Barroso no se fía de que el presidente del Consejo no se exceda en sus funciones. “Está todo en el Tratado”, repite ante los eurodiputados, “la Comisión representa a los Veintisiete en todos los aspectos que no incumban a la Política de seguridad”.

La misión de Zapatero: impulsar los debates

El presidente de la Comisión se ha encontrado con el inconveniente de que su nuevo equipo no toma posesión del cargo hasta mediados de febrero, pero ya se ha ocupado de fragmentar las competencias en materia de política exterior de la institución, de la que Lady Ashton será vicepresidenta. Tres de los Comisarios resultarán ineludibles cuando la alta representante quiera ocuparse de asuntos relacionados con ayuda humanitaria, desarrollo o relaciones con los Estados vecinos. El Sr. Barroso además ha colocado a su “sherpa” en las reuniones internacionales, el portugués Joao Vale de Almeida, en la cima de la DG Relex (Dirección General de Relaciones Exteriores), que pasará a formar parte del futuro servicio diplomático común que Ashton está encargada de crear.

Y la actitud de la Presidencia de turno, la cuarta pieza en discordia, tampoco ayuda. Madrid no quiere que se olviden de ella y José Luis Rodríguez Zapatero lo ha organizado todo de tal forma que varias cumbres, entre ellas la de Estados Unidos y la de América Latina, tendrán lugar en España y no en Bruselas tal y como estipula el nuevo Tratado. Zapatero explica a los que le visitan que su función es la de impulsar los debates que preside el señor Van Rompuy. El Tratado de Lisboa sin embargo no concede ningún privilegio a la Presidencia de turno.

Miguel Angel Moratinos se justifica diciendo que “la preparación de la Presidencia española se llevó a cabo cuando todavía no estaba claro si el Tratado de Lisboa iba a entrar en vigor o no”. Al jefe de la diplomacia española no le hubiese importado verse en el puesto de alto representante y no le está costando trabajo aprovechar la discreción del binomio Van Rompuy-Ashton. Con tal de parecer imprescindible…