La Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea quiere introducir el próximo mes de julio un nuevo logotipo obligatorio para todos los productos biológicos envasados en la UE. Sin embargo, en lugar de encomendar este tipo de encargo a un diseñador gráfico profesional, se lanzó unconcurso abierto a los estudiantes europeos de esta disciplina. De entre los 3.422 candidatos, se seleccionaron tres diseños, a cada cual más insulso y baladí.

Esta falta de creatividad ejemplifica a la perfección toda la política de la Unión Europea en materia de comunicación. El año europeo de la creatividad y la innovación que acaba de finalizar no ha cambiado nada. Todo aquello a lo que las instituciones de la UE han recurrido para presentarse ante los ojos del mundo exterior resulta de una nulidad lamentable. La calidad visual de los sitios web del Consejo, de la Comisión y del Parlamento europeos es tan mediocre que apenas suscita entusiasmo alguno por el ideal europeo [a finales de enero, se rediseñó y se simplificó europa.eu, el portal de la UE]. Sucede lo mismo con el sinfín de folletos que se publican para los centros de información que la Unión Europea ostenta en los distintos Estados miembros —el de La Haya se parece al local de una aseguradora— y las campañas de información.

Atraer profesionales de la comunicación

No obstante, Bruselas reconoce este “déficit iconográfico”, al que ya apuntaba el arquitecto Rem Koolhass en 2004. Tras el no a la Constitución europea de franceses y holandeses [2005], la Comisión designó a una comisaria responsable de comunicación. Para retomar el contacto con la ciudadanía, Margot Wallström lanzó planes de acción y programas piloto, como el Plan D de Democracia, Diálogo y Debate y [el sitio web de participación ciudadana] Debate Europe. De una evaluación realizada hace poco se desprende que sendos programas no han cumplido prácticamente ningún objetivo.

No tiene nada de asombroso. A la comisaria Wallström más le valdría dejarse aconsejar por los expertos europeos más destacados en comunicación y diseño, profesionales que saben llamar la atención del público y convencernos para que abracemos Europa. Porque siempre sobran los motivos para hacerlo. La paz, la prosperidad y la seguridad no hablan por sí mismas, pero, aunque parezca imposible, son obra y gracia de la UE.

Para que los grandes creativos del continente se comprometan con la causa, las instituciones europeas deberán modificar los procesos de selección de sus proyectos de comunicación. Con frecuencia, las excesivas restricciones y la descomunal complejidad de los procedimientos de licitación impiden que las empresas creativas de verdad se interesen en ellos. Sobre todo porque la UE, en calidad de proyecto eminentemente idealista, tiene razones de sobra para presentarse de un modo distinto a otros gobiernos y organizaciones supranacionales.

Una idea para el Parlamento Europeo

No cabe duda de que existen alternativas. ¿Por qué no se insta a un grupo de creativos europeos a proponer el rumbo que podrían adoptar las instituciones europeas en materia de comunicación? Todos somos europeos, nos congregamos en el seno de una colaboración europea de la que todos nos beneficiamos, pero de la que también hemos de responsabilizarnos por igual. Por esto, todos y cada uno de los europeos tienen el deber de proponer distintas ideas creativas en pro de una Europa mejor.

He aquí una sugerencia para el Parlamento Europeo: en lugar de invertir en regalos publicitarios de protocolo, más le valdría encargar a un escritor europeo distinto en cada ocasión una novelita sobre la idea de Europa. Existiría una edición especial dedicada a los dirigentes y los demás ciudadanos podrían hacerse con este prestigioso librito a un módico precio en su librería. Acompañada de una campaña publicitaria adecuada, la publicación de dicha novela podría convertirse, de este modo, en un evento anual que sirviera de auténtica fuente de inspiración a los europeos.