El 3 de febrero, la Comisión Europea aprobó la medidas fiscales anunciadas por el gobierno griego para estabilizar la situación financiera del país. El programa presentado por el primer ministro Georges Papandreu incluye "medidas de incremento de la austeridad como una congelación de los salarios del sector público, una reducción del 10% de las primas de los funcionarios y un aumento del precio de la gasolina", explicaKathimerini.

Los Veintisiete piensan “seguir de cerca” la aplicación de este plan, prevé el periódico de Atenas. Sin embargo, el periódico Dilema Vecche de Bucarest estima que “es imposible obligar a un país soberano, respetable por ser miembro de la UE y de la zona euro, a reducir sus gastos.” El riesgo es que la UE siga siendo vista como “una entidad bobamente amable, la perfecta paloma en manos de los villanos”, pero tampoco se puede permitir que Grecia se hunda. Eso sería, [según Dilema Vecche](http:// http://www.dilemaveche.ro/index.php?nr=311&cmd=articol&id=12373), “como maniatar a dos prisioneros juntos, y luego convencerles por separado de que las leyes de la gravedad se aplicarán de forma distinta a cada uno”.

Una fuerte adhesión política a la zona euro

Al mismo tiempo, Costas Iordanidis se lamenta en las páginas de Kathimerinide que Georges Papandreu fue elegido por su capacidad de proyectar esperanza, a pesar de lo cual ha debido ceder “a las presiones de los mercados internacionales”. La derecha y la extrema derecha apoyan su plan de austeridad, pero “sigue abierta la cuestión de si habrá una fuerte reacción por parte de la opinión pública”. La situación actual del país supone sin duda un “inmenso fracaso” para los gobiernos de los últimos 30 años, pero los recortes en los gastos de los ministerios y la reducción del presupuesto del Parlamento amenazan con “debilitar un poco más el sistema político”.

Pero según escribenlos economistas Nouriel Roubini y Arnab Das en el Financial Times "Grecia es sólo la primera línea de fuego en una batalla más amplia para mantenerse en el camino marcado por la unión monetaria". El compromiso político con la zona euro de los países con problemas no se ha debilitado en absoluto, como lo demuestran los importantes recortes presupuestarios de Irlanda, la dolorosa deflación de Portugal, los severos ajustes de los países aspirantes como Letonia o Hungría. En una situación marcada por la falta de unidad política y fiscal, la movilidad limitada de los trabajadores y la libre circulación de los capitales, tales ajustes se antojan cruciales para asegurar la viabilidad de la zona euro a largo plazo.

España no quiere ser comparada con Grecia

En España, el plan de estabilidad presentado por el gobierno de José Rodríguez Zapatero en Bruselas no ha tenido una buena acogida. La política económica exige más “rigor político” y “mensajes de reforma verídicos y claros”, observa El País al comprobar que el cómputo de las pensiones seguirá realizándose sobre un plazo de 15 años en lugar de los 25 anunciados. En respuesta al comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, que ha señalado “la pérdida de competitividad” y los “déficit públicos elevados” de Grecia, Portugal y España, la ministra de Economía Elena Salgado insistióen que en Madrid “llevamos mucho tiempo haciendo nuestros deberes para salir de la crisis”. La deuda pública española debería situarse en el 74,2% del PIB en 2012, mientras que la griega superará el 120% en 2010.

En el lado portugués, los “peores temores del gobierno” se hicieron realidad “cuando Almunia hizo suya la similitud señalada por muchos analistas internacionales entre los problemas de Grecia y los de Portugal”, explica Público. Por si fuera poco, añade el periódico lisboeta, “Almunia ha dicho que si el plan griego es ‘difícil, pero factible’, Portugal en cambio deberá ‘intensificar’ el ritmo de consolidación de su presupuesto. Justamente lo que el gobierno portugués ha estado tratando de evitar hasta ahora: la identificación de la situación portuguesa con la griega”.

Una agencia encargada de sanear el sistema bancario irlandés

El último de los PIGS, Irlanda, ha escogido una vía distinta. Dublín se dispone a lanzar “la mayor apuesta de la historia del Estado”, en opinión del Irish Independent. A través de la NAMA (National Asset Management Agency, Agencia nacional de gestión de fondos), el gobierno de Brian Cowen pretende lanzar un plan de 90.000 millones de euros para salvar a los bancos y relanzar la economía, una de las más afectadas por la crisis mundial. Dotada de amplios poderes para hacerse cargo de terrenos y proyectos de construcción cuyos promotores no pueden devolver el dinero prestado por los bancos, la NAMA redimirá los préstamos a cambio de la emisión de obligaciones.

“Pero quienes pagarán la factura por las deudas impagadas de las que nadie quería hacerse cargo al principio serán los irlandeses”, observa el periódico dublinés. “Antes incluso de que la Comisión haya dado luz verde a este proyecto tan arriesgado, la NAMAha terminado las primeras evaluaciones de los préstamos inmobiliarios más importantes” y ha anunciado que “los activos serán adquiridos un 30% por debajo de su precio”. Lo cual no es tampoco una buena noticia para el contribuyente, pues “los bancos tendrán agujeros más grandes de lo previsto, los cuales deberán ser cubiertos por nuevas aportaciones de capital por parte de... el gobierno.”