La crisis ha votado. Y lo ha hecho de forma masiva. Se podría decir que los franceses no han cedido al desencanto democrático. El domingo 22 abril el índice de participación ha sido alto [79,47%]. La débil movilización que se registró en los escrutinios intermedios de los últimos años (elecciones europeas o locales) no se ha producido en este caso.

Las elecciones presidenciales consolidan su posición de "elecciones reinas" en nuestro sistema institucional. En ellas sin duda hay que ver al mismo tiempo las consecuencias y la mejor expresión de la presidencialización de nuestro régimen político. Éste ya se había visto favorecido por la adopción del quinquenio y la simultaneidad de las elecciones presidenciales y legislativas. Se reforzó con la concentración del poder aplicado por el hiperactivo Nicolas Sarkozy durante su mandato.

Sin embargo, si los franceses se han movilizado tanto, es sobre todo para expresar un desconcierto que se transforma en exasperación ante la crisis y no por un entusiasmo por los proyectos propuestos. El inquilino del Elíseo y candidato a su propia sucesión, temía que la primera vuelta de este escrutinio pareciera un referéndum anti-Sarkozy. Y es precisamente lo que ha sucedido: el presidente saliente no ha logrado convencer a sus electores de 2007, ni salir en cabeza en la primera vuelta.

Responder a la cólera

Al igual que los pueblos del mundo árabe, los franceses pretenden despedir a su jefe de Estado, de forma educada, pero tajante. "Que salgan los salientes": la crisis ha legitimado la fórmula en la mayoría de los países europeos en los últimos años. En Francia, nuestros conciudadanos han enviado su mensaje primero mediante un voto que se impone a favor de Marine Le Pen. El resultado histórico de la directora del Frente Nacional (con más del 18 % de los votos) es sin duda el mayor acontecimiento de este domingo. El partido de extrema derecha da un paso más hacia delante.

Por su personalidad, su estilo y sus propuestas, la hija del fundador del FN ha logrado acabar con la demonización de su partido, una tarea a la que se consagró hace varios años. Ha sabido mejor que Jean-Luc Mélenchon [candidato de la izquierda radical] navegar por las inquietudes de los estratos populares más afectados por la crisis y beneficiarse de un voto de protesta en busca de una expresión fuerte. Sin duda no se detendrá aquí. Sea cual sea el vencedor final el 6 de mayo, tendrá que tener en cuenta al FN.

François Hollande, a la cabeza en la primera vuelta, ha sido el otro beneficiario del rechazo a Sarkozy. El reflejo del "voto útil" ha funcionado, a expensas del líder del Frente de Izquierda, pero también de François Bayrou [candidato de centro]. No obstante, no logra una auténtica oleada rosa. La izquierda sale reforzada, pero no como para tener la victoria asegurada.

El domingo por la noche, Nicolas Sarkozy afirmaba que este lunes comienza otra campaña. Para la segunda vuelta, los dos postulantes van a intentar convencer a esos franceses seducidos por los discursos de protesta, sobre todo el de Marine Le Pen. La mejor manera no es hacer suyos dichos discursos, sino responder realmente a las inquietudes, e incluso a la cólera, de sus electores.