Si con las futuras elecciones se frena el desmoronamiento político y el éxodo de los electores hacia los extremos, la crisis que atraviesa actualmente Países Bajos habría servido de algo provechoso a pesar de todo.

Pero hay que ser un optimista incorregible para contemplar una posibilidad así. Porque los indicios no dejan presagiar nada bueno. Nada parece indicar que la situación política tome el camino de una coalición sólida y coherente. En este sentido cabe esperar más bien una intensificación del desmoronamiento y de la inestabilidad.

Desde 2002, en diez años hemos conocido cinco Gobiernos. En este intervalo, el centro prácticamente ha sido erradicado de la escena política. Los tres grandes partidos tradicionales, el PvdA [social-demócrata], el CDA [demócrata-cristiano] y el VVD [liberal], no obtendrán la mayoría en el Parlamento, ni siquiera juntos, en las elecciones [que podrían celebrarse en septiembre].

Europa, tema central de la campaña

Mientras, hemos visto un inusual rayo de esperanza. En sus explicaciones sobre su singular comportamiento en Catshuis [residencia del primer ministro], Geert Wilders declaró el 21 de abril que Europa era el origen de todos los males. En su opinión, Bruselas obligó a la "coalición de la tolerancia" [CDA-VVD-PVV] a realizar nuevos e importantes recortes.

Si bien esta declaración es un disparate, no deja de tener interés. El PVV [populista] convierte a Europa en chivo expiatorio. En los próximos meses se espera una campaña de alta intensidad.

Si nos basamos en la ideología del partido nacionalista, esta estrategia tiene sentido. La peculiar mezcla de principios del PVV, de extrema derecha en las cuestiones sociales y de izquierda en la defensa de los vestigios decadentes del Estado del bienestar, tiene un adversario lógico: Bruselas. Bruselas quiere que respetemos los acuerdos sobre la libre circulación de trabajadores, algo que, según el PVV, constituye tanto una amenaza para el Estado del bienestar como para la pureza de la sociedad neerlandesa.

Geert Wilders llegó a la conclusión de que resultaba mucho más fácil movilizar a sus electores contra Europa que contra una islamización de Países Bajos.

¿Dónde está el centro?

Por todo tipo de razones (erróneas), nuestro futuro en Europa nunca ha estado en el núcleo de las campañas electorales desde el referéndum [el rechazo, en 2005, del tratado constitucional europeo]. Geert Wilders pretende remediarlo, y cabe esperar que lo conseguirá. Porque las fuerzas políticas se posicionan de modo distinto sobre Europa que sobre los asuntos clásicos como la economía (nacional). Hace tiempo que se superó la clásica división entre izquierda derecha.

Surgen otras polémicas cuando se plantea la cuestión de qué queremos hacer con Europa. Una pregunta que ya va siendo hora de que se trate con insistencia en el debate político. Porque este tema también plantea la posibilidad de un cambio radical de las relaciones de fuerza en el entorno político.

Geert Wilders ve en ello ante todo una posibilidad para sí mismo. Pero los demás partidos no tienen ningún motivo para no aceptar también el reto y demostrar que el futuro de Países Bajos reside en un refuerzo de la cooperación europea. También sería la ocasión de que el centro volviera a ser una parte importante de la escena política y contribuyera a que este país pueda gobernarse.