Quizás habría que recordar ciertas cosas ahora que comienza la cuenta atrás para las elecciones legislativas. Y sobre todo el libro del estadounidense Robert Paxton, Anatomía del fascismo [Península, 2005]. Desde hace alrededor de medio siglo, el historiador estudia el fascismo, teniendo como referencia el régimen de Vichy en Francia. Yo mismo le entrevisté en 2010. Por entonces, el auge de los movimientos extremistas ya era importante en Grecia (y no sólo en este país) y era objeto de debate. “En periodo de crisis económica, la democracia corre peligro”, decía. Para Robert Paxton, “los nuevos grupos fascistas son violentos, pero al mismo tiempo, demasiado débiles para influir en la vida política”.

El ejemplo francés

Retomando este comentario, hoy podemos volver a plantearnos esta cuestión aplicada a Grecia. ¿Qué puede esperar la extrema derecha mejor que la entrada de un grupo violento en el Parlamento? Esta pregunta no se refiere a un debate sociopolítico coyuntural, sino a una realidad. Hay que recordar que hace unos dos años, Chryssi Avgi [Amanecer Dorado], del partido de extrema derecha extraparlementaria, acusaba al LAOS [Alerta Popular Ortodoxa], partido de derecha muy conservador (que entró en el Parlamento en 2007), de aceptar compromisos y de haber “vendido” los valores patrióticos. Ahora está a punto de acceder al Parlamento. “Cuando los partidos de extrema derecha logran reconocimiento, orientan el debate político en su dirección”, decía Robert Paxton. Y si tomamos de nuevo como ejemplo Francia, recordemos que Nicolas Sarkozy hizo suyas las ideas de extrema derecha y la emprendió con los gitanos durante el verano de 2010. Dos años más tarde, constatamos el regreso del Frente Nacional (FN) al primer plano de la política francesa, confirmado por su resultado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Y el FN hará que se siga hablando de él: las elecciones legislativas francesas se celebrarán inmediatamente después de las presidenciales.

En Atenas, la situación es también inquietante, pero por distintos motivos. El partido de centro derecha Nueva Democracia (ND) ya ha aceptado en sus filas a uno de los miembros más puros de la extrema derecha, Makis Voridis, ministro de Transporte, y cuenta con su precioso apoyo. Por supuesto, la popularidad de Makis Voridis no se debe únicamente a sus posiciones como ministro, sino a nuestra sensibilidad en cuanto a ciertas características de su personalidad: nos cautivó con su retórica, sus formas, su estilo y nos olvidamos de la noción de hombre público. Y hoy estamos hablando sobre la probable entrada de los neonazis en el Parlamento…

Para terminar, hay que decir algunas palabras sobre la izquierda griega, que también tiene parte de responsabilidad en el ascenso de los extremismos. La extrema izquierda ha realizado acciones violentas, es cierto, pero sobre todo hay que señalar esa tendencia a santificar a los inmigrantes, mientras que a los habitantes de los barrios o guetos abandonados por el Estado se les demoniza. Todo ello ha avivado las tendencias neonazis.