La cumbre de los jefes de Estado y de gobierno en Bruselas, convocada por la situación de crisis de Grecia, merece calificarse como histórica. Ha modificado los principios de funcionamiento de la Unión Monetaria Europea. A partir de hoy, el euro ha dejado de ser la moneda que era. Y es una oportunidad excelente. Los Estados de la UE han llegado a un acuerdo de principio para proporcionar a Grecia una ayuda financiera de emergencia, aunque el dinero no vaya a fluir de inmediato, ya que los griegos no podrán volver a acceder a los mercados de capitales hasta abril. El mensaje, dirigido también a los mercados financieros, es el siguiente: la comunidad no abandona a sus miembros más endeudados. Actúa con solidaridad y se mantiene al lado de los países cuando se trata de evitar la amenaza de quiebra del Estado. Aún no se sabe si la ayuda se realizará en forma de créditos, de garantías o de adquisiciones de los préstamos estatales. Lo demás es secundario.

Una excepción a la cláusula que impide la intervención

Lo que es decisivo es que hoy, en Bruselas, se ha dado por terminado uno de los fundamentos de la Unión Monetaria: el principio según el cual los Estados miembros no debían ayudarse entre sí. Este fundamento se había inscrito en los tratados europeos ante la insistencia de Alemania, para obligar a los países a que demostraran autodisciplina. A partir de ahora ya no tiene validez, ya que cada Estado miembro sabe que en el momento en el que se encuentre en un estado grave de necesidad, podrá contar con los demás. De hecho, acabamos de asistir a una ruptura del tratado. Y precisamente la artífice ha sido una canciller alemana conservadora. Si bien esta medida puede plantear problemas en el ámbito jurídico, en términos económicos era más que necesaria. La cláusula sobre la prohibición de intervención ni siquiera ha podido evitar los excesos, entre los que también cabe clasificar tanto el endeudamiento de Grecia como la excesiva dependencia de Alemania con respecto a las exportaciones.

Esto se debe también a que la situación hasta ahora se basaba en los mercados financieros como fuerza correctiva. Ahora bien, éstos no han sancionado a los países más endeudados fijando tipos de interés más elevados, lo que les habría obligado a consolidar las deudas, sino que les han prestado aún más dinero. Con esta acción, han dado vía libre a nuevas oleadas de especulación. No obstante, a consecuencia de la crisis financiera, los tipos de interés que el gobierno de Atenas debía pagar por sus préstamos subieron rápidamente. Entonces la especulación se volvió contra el euro.

Una Alemania solidaria pero, ante todo, prágmática

Básicamente, con la decisión de los dirigentes de la UE, un mecanismo de Estado va a sustituir a un mecanismo de mercado. La UE ayuda a los países que lo necesitan y, a cambio, supervisa su política económica. Por lo tanto, como último recurso debe sancionar a los griegos si no sanean su presupuesto y a los alemanes si privan a sus vecinos de partes del mercado mediante técnicas de "dumping" salarial. No había otra solución: la quiebra de Grecia podría haber acarreado problemas a otros Estados dentro de la UE. Se habrían hundido con ello algunos bancos alemanes, los que tienen en sus cuentas los miles de millones de euros de préstamos griegos, al igual que otros países. Los exportadores alemanes habrían perdido mercados. La ayuda a Grecia no es sólo un gesto de solidaridad, también es una acción que interesa a Alemania.

La decisión de la UE tendrá importantes repercusiones políticas. La Unión Monetaria podrá funcionar en el futuro únicamente si todos los Estados que forman parte de ella renuncian a su soberanía. El gobierno griego debe someterse a las reglas de austeridad impuestas por Bruselas, los contribuyentes alemanes y de los demás países deberán por su parte endosar el coste del rescate. Esto podría hacer estallar Europa, o todo lo contrario, y acabar en una auténtica unión política. El euro siempre ha sido un edificio inestable, una divisa sin Estado. Si todo va bien, ahora podrá apoyarse sobre la base política que le faltaba, algo que sólo puede reforzar la moneda, no debilitarla.