¿Tendrá algún efecto el mensaje atronador de las elecciones del domingo? El país no tiene ni mucho tiempo ni margen de maniobra. Algunos optan por pensar que el resultado asustará a Alemania y a Francia, que relajarán sus demandas fiscales en Grecia y que quizás envíen al país un generoso paquete de ayuda.

En otras palabras, esperan que nuestros prestamistas extranjeros se den cuenta de que la transformación de Grecia en una especie de República de Weimar es sencillamente un anticipo de lo que ocurrirá en breve en Italia, España o incluso en Francia.

Pero las cosas no son tan sencillas. Por supuesto que nuestros socios están más preparados para una “quiebra” griega o incluso para una salida de la eurozona. Una flexibilización de las demandas fiscales significaría más dinero para Grecia, algo que no aceptarían bien ninguno de los Parlamentos de Europa.

Pero hay otro problema más. El concepto que tienen nuestros socios de los políticos griegos no es muy distinto al nuestro, es decir, no confían en ellos. Creen que son poco fiables. Observan poca voluntad de cambio entre los partidos dominantes de Grecia y tampoco hay a la vista ningún nuevo partido reformista.

El preludio del dracma

Además, los griegos han desacreditado cualquier cosa que tenga que ver con el memorándum de la UE y el FMI. Y mientras no vean otro movimiento importante de renovación, apoyarán a partidos de protesta como el dirigido por Tsipras [líder de Syriza, izquierda radical].

Es obvio que si los alemanes no cambian sus posiciones y no se plantea ninguna solución convincente en nuestro país, las elecciones de ayer serán el preludio del dracma. Algunos afirman que si se recorta el dinero de los sueldos y las pensiones, la gente se dará cuenta de lo que sucede. Puede que sea así como funcionan las cosas, pero también puede ser un boomerang que enoje aún más a la gente.

No se puede imponer ninguna solución desde arriba. Deben plantearse los argumentos a favor de luchar por el euro. Ayer quedó claro que la élite política y económica ateniense habla un idioma distinto al resto del país.

Nos esperan unos días y unos meses complicados. Es lo que suele suceder cuando un sistema podrido se hunde sin que haya otro que lo sustituya. Es lo que suele pasar cuando un pueblo madura de repente tras décadas de vida fácil. Ayer, este pueblo puso todo patas arriba. Y ahora está esperando a ver si alguien puede restablecer algún orden.