La guerra de Afganistán tiene una nueva víctima: el gobierno de coalición holandés dirigido por Jan Peter Balkenende. La noche del 19 al 20 de febrero el PvdA (Partido Laborista) exigió que su promesa electoral de retirar de Afganistán todas las tropas holandesas, 1.940 hombres en la actualidad, se cumpliera para agosto de 2010. Los democristianos del CDA y del CU consideran en cambio que Holanda debe responder a la demanda de la OTAN y dejar entre 500 y 600 hombres sobre el terreno para formar a policías afganos. Las elecciones legislativas anticipadas están previstas para mediados de mayo.El politólogo Rob de Wijk estima en las páginas de Trouw que una retirada holandesa "contribuirá a minar la estrategia de Obama y el futuro de los afganos". Holanda corre el riesgo de pagar "este amateurismo" quedándose "fuera de juego en la escena internacional". En este sentido, "las promesas electorales [del PvdA] no interesan en absoluto a los americanos, a sus aliados y a los afganos. Lo que éstos necesitan es solidaridad".

Un reparto injusto de los cargos en Europa

"Es el primer gobierno que cae por causa de Afganistán", observa Le Soir. "Por más lejos que esté Afganistán, cuando se lucha sobre el terreno, la política exterior pierde adeptos tanto en los hogares como en los bancos parlamentarios. (…) Habrá que esperar al resultado de las urnas para saber en que medida apoyan los electores a los democristianos, partidarios de una eventual prolongación de la misión militar holandesa en la provincia de Oruzgan, y a los laboristas, que defienden una salida rápida del país. Sólo entonces sabremos realmente el peso que tiene todavía la ‘causa’ afgana en un país preocupado por conservar vínculos estrechos con el otro lado del Atlántico." Tras más de ocho años de intervención, era de esperar que se produjeran crisis de esta clase, observa Der Standard: "no es posible ignorar indefinidamente la falta de solidaridad de algunos aliados de la OTAN y el injusto reparto de la cooperación en Europa, donde algunos —como Austria— no dan nada y otros lo dan todo en Afganistán", estima el periódico vienés. Durante años, los holandeses han arriesgado sus vidas en la controvertida provincia de Oruzgan. Muchos de ellos la han perdido mientras otros patrullaban por zonas menos peligrosas de país, estudiaban mapas en el cuartel general de Kabul o se retorcían las manos, en Europa, pasando revista a sus dudas sobre la guerra. "Ninguna alianza puede soportar una situación así durante mucho tiempo. Ningún gobierno puede justificar eternamente una injusticia así ante sus electores. "

En Berlín, el Tageszeitung se felicitapor el “No” de los socialdemócratas holandeses y espera que los diputados alemanes que han de votar esta semana sobre la intervención en Afganistán tomen ejemplo. Según el periódico berlinés, en Alemania "es impensable" que caiga un gobierno a causa de la guerra. "En los años 80, cuando el consenso de los partidos sobre la doctrina de la disuasión nuclear comenzaba a resquebrajarse, se hablaba de la ‘enfermedad holandesa’", recuerda TAZ. En aquel momento, los alemanes aprendieron de sus vecinos a poner en duda lo que hasta entonces era un dogma militar irrevocable. La polémica actual sobre Afganistán está lejos de tratarse con tanta libertad: todo el mundo se guarda de tocar el tabú. Sin embargo, el ejemplo holandés debería recordarnos lo que supone un desacuerdo de este tipo sobre decisiones militares: un caso de normalidad democrática. "Por su parte, el Times considera"lamentable que en el momento en que parece que las tropas de la OTAN desplegadas sobre el terreno persiguen objetivos dignos y alcanzables, la voluntad política comienza a vacilar". El periódico británico teme "un efecto dominó" sobre otros países europeos que participan en la intervención y donde "la opinión política se gire en contra de la campaña en Afganistán. "

Las elecciones en Holanda: el otro frente

En holanda el debate ya ha tomado otra dirección. El 3 de marzo deben celebrarse las elecciones municipales y la caída del gobierno podría venirle muy bien al partido populista de derechas, el PVV liderado por Geert Wilders. El periódico Trouw, tradicionalmente próximo al CDA, acusa a los dos principales partidos de "extender una alfombra roja para los populistas". "Se diría que el miedo a los sondeos empuja al partido [el PvdA] a dejarse influir por los populistas tanto de derecha como de izquierda, los cuales no van a gastarse un céntimo para la lucha contra el extremismo en el mundo."

El PVV se perfila como la gran amenaza de las elecciones generales. Nazmiye Oral elogia en el Volkskrant la firmeza del líder laborista Wouter Bos: "¡Por fin actos en lugar de palabras!" escribe la cronista, que espera que Bos sepa elaborar una "estrategia inteligente para hacer frente al PVV" en lugar de tratar de "marginalizar" a este partido que forma parte del paisaje político holandés. Una opinión que no comparte Trow, para el que "los líderes del CDA y del PvdA demuestran que no han sido lo suficientemente conscientes" de las consecuencias de sus actos.